Capítulo 2

1581 Palabras
Alina respiro con tranquilidad, su padre había sido cremado, eso agilizo mucho las cosas, las personas más allegadas le habían dado el pésame, y se habían marchado, ella solo quería meterse a la bañera, para poder relajar su cuerpo, sentía que estaba toda ella entumecida, decidió que ya no había nada más que hacer por ese día. - ¡Señorita Alina! Alina se giró, para ver a la persona que la llamaba, ella pensaba que ya había despedido a todos, parecía que no era así, Alina bajo de nuevo las escaleras, para ver de cerca al hombre que deseaba hablar con ella. - ¿En qué le puedo, ayudar? -Mi nombre es Fernando, soy la persona que hablo con usted, para avisarle de la muerte de su padre, no quiero molestarla, sé que no es un buen momento para lo que le tengo que decir. Alina observaba con impaciencia, al hombre que tenía enfrente, en esos momentos no tenía ganas de dialogar, le llamo la atención, la actitud del hombre, debido a que él parecía igual de fastidiado que ella, pareciera que el tampoco deseaba estar ahí en esos momentos.  Alina se preguntaba porque, decidió observarlo más a detalle, el hombre era atractivo, alto, fornido, tenía cejas pobladas, ojos verdes, adornados con unas pestañas risadas, su cabello era castaño claro, igual de rizado que sus pestañas, tenía unos labios que en otro momento diría que eran sexis. -Dígame Fernando, que se le ofrece. -Me parece, que ya se lo había dicho por teléfono, se trata de su hermana Yohana, ella se encuentra en mi casa. -Y porque se encuentra, ella en su casa. El hombre la veía como enfadado, se puso una mano en la cadera y otra en la barbilla, como pensando si ella no tendría alguna deficiencia mental. -Ella se quedó sin padre, no podía dejarla aquí sola, quiere ir por ella, por favor. -Y porque no la pudo traer, con usted. -Ella es un tanto especial, mi hijo y ella son muy amigos, se siente mejor cuando esta rodeada por conocidos, usted debería de ir, dejar que la conozca y traerla con usted.      -Si, supongo que debería ¿usted era amigo de mi padre? -Trabajaba para él, era su capataz y vecino. - ¿Usted vive por aquí? No lo recuerdo. -Mi padre era Don Ángel Treviño. -Si creo recordarlo, cultivaba las más ricas uvas y fresas de la región ¿no es así? -Si ha si era. - ¿Quieres decir, que ya no lo hace? -El murió, hace algunos años. -Lo siento de verdad, su padre era un hombre muy agradable. -Gracias, pero yo tengo cosas que hacer, cree que pueda ir por Yohana. -Es verdad, mi hermana ¿cierto? Que le parece, si en un momento lo alcanzó. -Se lo agradecería mucho. El hombre se alejó a toda prisa, Alina no sabía como cuidar de una niña, menos a una que no conocía, él le había dicho que era muy especial, no sabía cómo definir especial, tal vez tenía algún problema psicológico, Alina pensó que era inútil el seguir pensando tonterías, era algo que tenía que hacer de todos modos, respiro con resignación, se dirigió a la salida de la casa, se subió a su camioneta y se fue hacia el lugar. La casa del señor Ángel, se había deteriorado con el tiempo, ya no era aquel lugar lleno de animales, los corrales estaban destruidos, el invernadero que era su adoración, era una tristeza verlo, parecía que a ese lugar verdaderamente le había ocurrido algo muy serio, lo único que parecía poderse sostener era la casa, le faltaba pintura, algunas tejas, pegar algunos ladrillos de la chimenea, pero parecía sólida.   Alina se estaba preguntando, si era bueno o no bajar de su camioneta, cuando de la casa salió un niño, este era su padre en miniatura, él, se dirigió por el lado del copiloto, subiéndose al escaloncillo de esta y asomándose por la ventanilla, quedándole de frente a Alina. -Hola ¿Quién eres? -Vengo por Yohana ¿sabes dónde, esta? El niño le hizo una señal con la mano, dándole a entender, que ella se estaba asomando por la ventana. - ¿La llevaras contigo? -Si ella quiere ¿Cómo te llamas? -Mateo ¿Y tú? -Mi nombre es Alina ¿Tú eres amigo de Yohana? -Si, soy su amigo, vamos juntos a la escuela. - ¿Crees que Yohana, se quiera ir conmigo? - ¿Serás buena con ella? - ¿Qué crees, que podría hacer, para ser buena con ella? -No le debes de gritar, puedes darle helado de pistache, que es su favorito, debes de abrazarla cuando llueva y estén cayendo relámpagos, puedes acompañarla a montar a goloso su caballo, creo que nada más me acuerdo de eso ¿me permitirás ir a visitarla? -Claro que sí, puedes hablarle para irnos. Mateo se dirigió a su casa, sacando de la mano, a una niña de pelo obscuro, y mirada triste, Alina al instante sintió simpatía por esa pequeña, se bajo de la camioneta para ayudarla a subirse, le abrió la puerta, tomándola de la mano.  Yohana la veía con sus tiernos ojos azules, Alina le sonrió, tratando de darle confianza, la ayudo a subirse, Yohana se sentó entrelazando sus manos, parecía nerviosa, Alina no sabía que hacer para transmitirle confianza, esa pequeña parecía tan desvalida, no entendía que vida había tenido, su padre no podía haber sido tan malo, él, la había criado a ella cuando falto su madre, que habría pasado en esos años, que ella no estuvo.  Le puso el cinturón a la pequeña, serró la puerta y dio la vuelta a la camioneta para subirse a esta, se encontró con Mateo que no dejaba de buscar con la mirada a Yohana. -No te preocupes por ella, la cuidare bien. Mateo solo asintió, sus ojos verdes parecían tristes, bajo la mirada y comenzó a hacer cirulos en el piso con su pie, Alina no lo podía creer, esos niños le removían sentimientos que ella nunca pensó que tendría, suspiro dándose por vencida, si no hacia lo que su corazón le estaba dictando, esa noche no podría dormir. -Sabes Mateo, te quiero proponer algo. Mateo levanto la vista, observándola con atención. -Yohana ha pasado días aquí en tu casa, que te parecería pasar unos días en casa con Yohana, ella se sentiría más segura, si tu estas con nosotras ¿Qué dices? -A Mateo se le ilumino el rostro, Alina supo que había hecho lo correcto, esos niños se necesitaban mutuamente, -Señorita, me gustaría mucho ir con ustedes, pero tengo que pedirle permiso a mi papa. - ¿Y dónde se encuentra, él? -Está dándole de comer, a los caballos, detrás de la casa, hay unas caballerizas, el, está ahí. -Puedes ir a pedirle permiso, nosotras te esperaremos aquí. Mateo pareció dudar, tal parecía que él quería que ella fuera a pedirle permiso, a su padre, Alina suspiro, ese día parecía que no acabaría nunca. -Está bien, sube a la camioneta, cuida a Yohana mientras yo regreso, no le muevan nada, a la camioneta ¿está bien? Mateo se apresuró a subirse, Alina se dirigió a la parte trasera de la casa, esas caballerizas si se encontraban en buen estado, parecían recién construidas.  Alina entro en el lugar, siendo asaltada por un intenso olor a madera, que hizo que mil recuerdos acudieran a su memoria, ella ayudaba a su padre a dar de comer a los caballos, las caballerizas de su casa, tenían ese mismo olor, era impresionante como un simple olor te transportaba a momentos tan lejanos, el padre de Mateo salía en ese momento, él se quedó inmóvil observándola. -A pasado algo con Yohana, pensé que ya se habrían marchado. -Eso estamos a punto de hacer, pero me gustaría pedirle un gran favor. -Lo siento señorita, pero creo que yo, ya he hecho suficiente, no creo poder quedarme con Yohana más días. -Se que se ha tomado muchas molestias y lo siento, pero eso no era lo que yo deseaba pedirle. El hombre pareció avergonzado, su rostro se había sonrojado hasta las orejas. -Discúlpeme, no he tenido buenos días, últimamente, dígame en que le puedo ayudar. -Quiero pedirle permiso, para que su hijo, pase unos días en mi casa, Yohana y el son muy unidos, ella aun no me conoce, el que este su hijo con nosotras, ayudara a que sea más fácil, que nosotras nos relacionemos. El hombre pareció pensárselo, después de un rato, levanto la mirada y solo movió la cabeza afirmativamente. -Se lo agradezco, mucho. Alina comenzó a marcharse, pero el hombre la detuvo. -Señorita, sé que aún no se pone al día, con la situación de la hacienda, yo era el capataz, cree que yo pueda seguir con mi empleo, mientras decide que va a pasar con ella. -La hacienda seguirá como siempre, claro que usted, puede seguir trabajando. Alina observó, como al hombre le cambiaba el semblante, tal parecía que él, se había sentido muy preocupado, por poder perder su empleo.       - ¡Gracias! -Lo veré mañana. Alina se dirigió a la camioneta, los niños parecían estar preocupados, la veían con los ojos muy abiertos, ella guardo silencio un momento, después volteo la mirada hacia ellos y les sonrió, sus caritas se iluminaron. -Nos han dado permiso, podemos irnos. Mateo y Yohana aplaudieron de emoción, Alina los observaba, sintiéndose igual de contenta, esos niños la contagiaban, eran como lluvia fresca en un día soleado.       
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