La luz del nuevo día se filtraba por la ventana dándole de lleno en el rostro a Alina, el día anterior se había acostado demasiado tarde, pero tenia nuevas responsabilidades, el tener una hermana, por ejemplo.
Se levanto de la cama observando todo a su alrededor, su recamara estaba igual no habían movido nada, abrió su armario, ahí estaba su ropa, pero ya no era una adolescente, en teoría pareciera que nunca se había marchado, ese lugar necesitaba una remodelación.
Abrió de par en par las ventanas, dejando entrar el aire fresco, este le alboroto de inmediato el cabello, Alina respiro esa fragancia tan familiar, estaba de nuevo en casa, la sensación era muy agradable, desde ahí se podía admirar la mayor parte de la hacienda, los vaqueros ya trabajaban en la caballada, parecía que tendrían mucho trabajo ere año.
Era hora de darle la cara a su nueva vida, lo primero que tenia que hacer es revisar como habían dormido los chicos, darles desayuno ya que no había visto a nadie encargado de la cocina, y después ya vería, todo paso a paso.
No parecía escucharse ningún ruido, abrió la puerta del cuarto de Yohana, pero no estaban ahí, se dirigió a la planta de abajo un poco preocupada, era responsable por esos dos chiquillos, escucho voces provenientes de la cocina, se acerco tratando de no hacer ruido, parecía que había un adulto con ellos, abrió la puerta muy quedamente, pero al entrar tres pares de ojos la veían interrogantes.
-Niña Alina, que bonita se ha puesto.
-Nana Marina, como te he echado de menos.
Ambas se abrazaron, había pasado mucho tiempo, Alina se alegró mucho al ver a su Nana Marina, ella había sido muy importante en su niñez y adolescencia, siempre comprensiva al pendiente de sus necesidades, su fiel confidente, al irse le dolió mucho dejarla, pero parecía que Yohana había tomado su lugar, ella parecía tenerle confianza, eso le alegraba mucho a Alina, tendría otra aliada para ganarse la confianza de esa pequeña.
-Viene para quedarse ¿verdad Niña?
-Eso quiero Nana ¿Dónde estaban todos ayer?
Su Nana Marina bajo la vista, Alina se dio cuenta de que algo le estaba ocultando, ella la conocía demasiado bien, pero que seria tan importante para no haberse despedido de su patrón, al que apreciaba tanto.
- ¡Sabes que puedes confiar en mi Nana!
-Lo se niña, pero será mejor que platiquemos después.
Nana Marina le hizo señas son los ojos, dándole a entender que no era una plática que debieran escuchas los niños, Alina solo asintió con la cabeza en señal de aprobación.
-Se levantaron muy temprano chicos ¿Qué aran después de desayunar?
Yohana solo la veía tímidamente, Mateo salvo el momento.
-La Ruana acaba de tener a su potro, iremos a verlo, si nos da permiso.
-Claro que pueden ir, solo deben de tener cuidado.
-No se preocupe señorita, yo cuidare de Yohana.
-Gracias Mateo confió en ti.
Yohana no dejaba de observarla mientras desayunaba, Alina seguía sin entender por que ella era tan tímida y desconfiada, normalmente los niños eran toda risa y alboroto, tendría que conocerla, para saber que escondían detrás de esa mirada triste.
- ¿Quiere algo de desayunar niña?
- ¡Solo un jugo Nana!
-Esta segura, tengo panqueques recién hechos.
Alina le sonrió pícaramente, haciendo sonreír a los niños.
-Supongo que no puedo rechazar algo tan rico verdad Nana, además tengo muchas cosas por hacer hoy, necesitare muchas calorías.
Nana Marina le sirvió, tenía una expresión de satisfacción en el rostro, ella siempre había sido así, sabia lo que le gustaba y la consentía, nunca había aceptado que no se alimentara adecuadamente.
Mateo y Yohana terminaron de desayunar, nana Marina los mando a lavarse los dientes, después ellos irían a conocer al nuevo crio.
Alina terminaba su desayuno, cuando los chicos regresaban de lavarse los dientes, Yohana se despidió de Nana Marina abrazándose a su cintura, ya se alejaba cuando Alina decidió probar suerte.
- ¿Demi, no te despides Yohana?
Yohana solo la volteo a ver tímidamente, levanto su mano y le dijo adiós.
-Bueno algo es algo ¿No Nana?
-No lo tome personal niña Alina, esa niña ha pasado por mucho a su corta edad.
-Todos dicen lo mismo, pero no me cuentan realmente por lo que ha pasado Yohana.
-La señora Sabine estaba embarazada, cuando su padre la corrió de la hacienda.
-Mi padre la corrió, Pero, ¿cómo? si el solo hacia lo que ella pedía, no puedo creerte Nana.
-Tu padre se dio cuenta tarde de su gran error, nunca pensó que tomarías la decisión de marcharte.
-Al irte el cambio mucho, se volvió intolerante, se le acabo el encanto que tenia por la señora Sabine, yo diría que no soportaba ni verla, al poco tiempo ella trato de que él la volviera a tratar igual, diciéndole que estaba embarazada, pero resulto lo contrario, él la corrió echándole en cara que el bebe no era de él. Le dijo que ella lo había engañado, que tenía las pruebas.
-Entonces Yohana ¿No es su hija?
-Todos creíamos que no, pero después de unos años sin saber de ellas, llamaron a tu padre, al parecer habían encontrado a una niña muy descuidada y con abusos físicos encerrada en el cuarto de un hotel de mala muerte.
- ¿Cómo supieron de mi padre?
-Al parecer una persona anónima había avisado a las autoridades y había dado el nombre de tu padre, él recogió a la niña y la trajo a la hacienda, daba pena esa pequeña, en ese entonces ella tenía cuatro añitos.
- ¿Y qué paso con Sabine?
-Ella trato de buscar a tu padre, pero él le puso una orden de alejamiento.
-Mi padre no le hizo una prueba de ADN a Yohana, al menos para saber si era realmente su hija.
-No lo se niña, él no dijo nada y yo no pregunte, tu padre se volvió muy retraído, no se involucró mucho con Yohana, y ella parecía siempre asustada, trataba de alejarse de él.
-Y quien cuidaba de ella ¿de sus necesidades?
-Yo lo he hecho niña, ella es buena, nunca me ha platicado que le paso, talvez no se acuerda era muy pequeña, lo que si se, es que paso hambre, estaba en los huesos cuando la encontraron, parecía un ratoncito asustado.
Alina tomo la mano de su Nana, ella parecía conmovida al recordar esos momentos.
-No la eches niña, ella no tiene a nadie que la cuide, y yo, ya soy vieja para hacerme cargo de ella.
-Pero como podría hacer una cosa así Nana ¿De verdad me crees capas?
-Yo se que tiene un buen corazón niña, pero es la hija de esa mujer que la hizo sufrir tanto, dejo su casa y a su padre, por la culpa de ella.
-Yohana no tiene la culpa Nana, mi padre debió haberla tratado mejor, ella necesitaba ayuda emocional, un psicólogo.
-No le importaría, que ella no fuera su hermana.
-Es extraño Nana, pero esa niña mueve emociones en mi interior, esos ojos tan tristes me conmueven, espero poder llegar a ganarme su confianza.
-No sabe el peso que me quita niña, y el saber que se quedara dará paz a mas de uno, no estuvimos en el sepelio del patrón porque pensábamos que usted no vendría y que vendería todo de inmediato.
Alina no sabia que decir, talvez ellos dieron por echo que ella odiaba ese lugar, ella se había ido para que su padre fuera feliz, pero ese era su verdadero hogar y se los demostraría.
Alina dejo a su Nana, para dirigirse a buscar al capataz, quería conocer a los trabajadores, y asegurarles que todo seguiría igual.
Encontró al hombre en las caballerizas, estaba ensillando un hermoso tordillo.
- ¡Buen día!
-Buen día señorita.
-Disculpe que lo interrumpa, me gustaría conocer a las personas que trabajan en la hacienda.
El hombre la observaba con extrañeza, pareciera que le había pedido algo fuera de este mundo.
-Yo creo que eso no es necesario señorita yo le puedo decir cuantos trabajadores tiene, sus sueldos, nombres, edades, todo lo que necesite saber.
-Quiero conocerlos en persona, y si es ahora mejor.
El hombre respingo por la forma en que le hablo, pero él parecía estar acostumbrado a decidir que hacer, y a ella le gustaba hacer lo que ella pensaba que era lo mejor, además era la dueña del lugar, él tenía que obedecer.
-Está bien señorita ¿quiere que le ensille un caballo?
-Si, por favor.
Fernando estaba a disgusto, no le gustaba perder el tiempo, y esa muchachita quería salir a hacer vida social con sus trabajadores, no sabía que ganaría con eso, pero presentía que cosas como esas se repetirían, no creía que ella supiera lo que era trabajar en el campo, era bonita no lo podía negar, pero sabía lo problemáticas que eran las chicas mimadas como ella.
Alina veía como él hombre ensillaba su caballo, él parecía enfadado, Alina comenzó a observarlo mientras él no la veía, tenía un cuerpo musculoso, la camisa se tensaba sobre sus bíceps, ella no podía retirar la vista de su cuerpo, tenia unas piernas fuertes, se podría decir que sus vaqueros le quedaban muy bien, sobre todo viéndolo por detrás.
-Su caballo está listo.
- ¿Perdón?
El hombre la había tomado por sorpresa, sentía el rostro caliente, estaba segura que estaría muy sonrojada.
-Su caballo, está listo.
-Gracias.
Alina tomo las riendas que le ofrecía y salió de los establos llevando al caballo que montaría.