El campo estaba pintado de varias tonalidades de verde, los vaqueros lanzaban chiflidos para comunicarse entre ellos y poder guiar la caballada hacia el manantial, para que bebieran agua, las tierras de cultivo ya estaban dando su fruto, pronto llegaría la hora de la cosecha, Alina respiraba profundamente ese aire limpio que renovaba su decisión de mantener ese lugar como estaba.
Los trabajadores eran hombres fuertes que conocían de campo, ellos la recibieron amablemente, se extrañaron de que la dueña los quisiera conocer, pero les agrado que fueran tomados en cuenta.
El hombre a su lado no le quitaba la vista de encima, Alina prefería ignorarlo, concentrándose en su objetivo, su padre siempre decía que, si se trataba bien al trabajador ellos arán su trabajo de buena manera y de calidad, eso era lo que buscaba ella tener un lugar agradable para trabajar.
El último lugar por visitar eran las bodegas donde se preparaba el alimento balanceado para los animales, Alina recordaba que Don Lucio era el encargado del lugar, pero ya habían pasado muchos años, no creía que el continuara laborando en la hacienda.
Alina desmonto su caballo, de inmediato un joven apuesto se acercó a tomar las riendas de su caballo, para sujetarlo a un poste.
-Bienvenida señorita Alina.
Alina se dio media vuelta y se encontró con un hombre muy mayor, ella educadamente le tendió la mano.
-Supongo que no se acordara de este viejo ¿Cierto?
Alina observó con detenimiento al señor, tratando de ubicarlo, si le quitaba años de encima, bien podría ser Don Lucio.
-Discúlpeme si me equivoco, pero creo que usted es Don Lucio.
-Si el mismo, mas viejo, pero sigo dando guerra señorita Alina.
- ¿Está usted trabajando aquí solo?
-No como cree, su padre me permitió traer a mi hijo Gustavo, el hizo su carrera de veterinario, se encarga de la salud de los caballos y me ayuda a balancear el alimento.
-Pues me da mucho gusto, el que sigamos contando con usted Don Lucio, se que mi padre confiaba mucho en su criterio, me gustaría conocer a su hijo, si no está ocupado.
-Claro que no señorita.
Don Lucio se apresuro a llamar a su hijo, el cual se encontraba dentro de las bodegas, él no tardo en salir.
-Me da gusto conocerla señorita, estoy a sus órdenes.
Gustavo era un hombre apuesto, tenia el pelo obscuro ondulado, usaba lentes, sus ojos eran color miel, los cuales resaltaban aun mas, por su piel bronceada, tenía una sonrisa franca y una presencia agradable.
-Gracias Gustavo, también me da gusto el conocerte, si me permites me gustaría pasar mañana, deseo conocer el numero de caballos con los que contamos.
-Cuando guste, estoy para servirla señorita.
Alina se despidió de Don Lucio y su hijo, Gustavo se apresuro a darle su caballo, ese día había sido muy productivo, se sentía satisfecha, todos sus empleados eran eficientes y estaban satisfechos con sus empleos, eso era muy positivo para que la Monarca siguiera siendo una de las mejores de los alrededores.
-Señorita, si ya no me necesita, me gustaría retirarme, tengo mucho por hacer.
El hombre parecía molesto, mas de lo que ya estaba, Alina tendría que limar asperezas con él, ya que sería su mano derecha.
-Creo que no empezamos de la mejor manera, me gustaría que me dijera sus inquietudes, ya que tendremos una comunicación muy estrecha, estaré muy involucrada en el trabajo diario.
Fernando sabía que, si quería seguir trabajando en ese lugar, tenía que ser más paciente con esa mujer, ella, aunque no le gustara era la patrona, y era verdad que era el responsable de mostrarle los resultados.
-Tiene razón le pido una disculpa, yo no estoy acostumbrado a trabajar con una mujer, solo le pido que no pase por mi autoridad, cuando necesite algo primero coméntelo conmigo.
-Lo dice, por lo que le pedí al veterinario.
-Si, yo le puedo explicar ese tipo de detalles, él se encarga de la salud de los animales enfermos o de las yeguas que están por parir, pero yo tengo la cifra exacta de cuantos caballos entran y cuantos salen.
-Entiendo, entonces si le parece, lo podríamos ver otro día, hoy como usted dice tiene un día ocupado, ya le he quitado mucho tiempo.
Fernando seguía sin comprender a esa mujer, por un lado, era una mujer determinada y mandona, pero también era comprensiva, respetuosa con sus trabajadores, algo que pocas veces se podía experimentar en un patrón.
-Mañana temprano si le parece bien podríamos ver los libros y se daría cuenta de la cifra exacta de caballos que posee.
-Me parece bien entonces hasta mañana.
-Mi nombre es Fernando, como usted dice trabajaremos muy de cerca.
-Gracias Fernando, me puedes decir Alina, eso de señorita es algo muy formal.
-Muy bien Alina.
Fernando vio como Alina salía de las caballerizas, esa mujer estaba poniendo su mundo patas arriba, pero por el momento no podía conseguir otro trabajo, trataría de armarse de paciencia con ella, por el bien de Mateo, hacia mucho que no lo veía tan contento.
Alina regreso a la casa, esperaba que los niños ya hubieran regresado, sabia que el lugar era seguro, pero no quería tener problemas con su capataz, él parecía un poco amargado.
-Nana ¿No has visto a Yohana y Mateo?
-Si niña, ellos tomaron un emparedado y subieron a la habitación, no te preocupes por ellos, no son tan traviesos, Mateo es un niño muy cuidadoso.
-Me e dado cuenta Nana, pero prefiero asegurarme, su papa es un tanto enojón, no quiero tener problemas con él.
-Fernando no ha tenido una vida fácil niña, cuando era pequeño era muy dulce.
- ¿Tu lo conociste Nana?
-Si niña su padre era Don Ángel Treviño.
-Lo se Nana ¿Pero porque yo nunca vi a Fernando?
-El se fue con su madre, cuando sus padres se divorciaron, Don Ángel le dejo su propiedad al morir, y Fernando volvió, pero no solo.
-Debe de ser muy difícil, el criar a un niño, el siendo hombre.
-Tu padre te crio, fue más difícil para él, tú eras una niña.
-Lo se Nana, pero mi padre era un hombre dulce y me tenía mucha paciencia, Fernando parece que siempre está enojado, su ceño siempre esta, fruncido pareciera que cargara el mundo él solo.
-Talvez paso por una experiencia muy desagradable niña, pero no te dejes intimidar por su mal genio, sé que puedes confiar en él, en el fondo es bueno, apoyo mucho a tu padre, se podría decir que tu padre le dejo toda la responsabilidad a él, lo hizo muy bien, también se encargo de llamarte, se que le costo el hacerlo, pero sentía que era su responsabilidad, y se llevo a Yohana a su casa.
-Lose nana, supongo que no me cuesta tenerle un poco de paciencia, sabes conocí al veterinario, no creía que Don Lucio siguiera trabajando en la Hacienda.
-Él ya está pensionado, pero le gusta estar con los caballos, esa a sido su vida, le pidió a tu padre que le permitiera seguir aquí, tu padre se lo permitió siempre y cuando alguien le ayudara y así llego su hijo Gustavo, es muy bueno en su trabajo, además de ser muy guapo ¿No te parece niña?
-Si, es atractivo.
El celular de Alina comenzó a sonar, era Fátima, Alina se había olvidado de ella total mente, la pobrecilla estaría preocupada por ella.
-Hola.
-Solo un hola, que ha pasado contigo Alina, como estas, estoy preocupada por ti, mi madre quiere saber si podrás acabar los cuadros para la exposición, sabes que si por el momento no puedes ella comprenderá.
-Tati, puedes dejarme hablar por favor.
-Claro dime.
-Dile a Sonia que cumpliré, me quedare en la Monarca Fátima.
-De verdad, estas, segura, no te están obligando ¿verdad?
-Nada de eso Fátima, quiero quedarme aquí, este es mi hogar, además tengo una hermana que debo de cuidar, por cierto ¿Tú tienes una amiga que es psicóloga?
-Te sientes tan mal Ali, dime la verdad, sabes que puedes confiar en mí.
-Amiga escúchame.
-Dime Ali.
-No es para mí, es para mi hermana Yohana, crees que me puedas dar el teléfono de tu amiga, me gustaría hacer la cita cuanto antes.
-Yo misma sacare la cita lo antes posible con Renata, te avisare.
-Gracias Fátima de verdad no te preocupes por mi estaré bien.
-Ali te conozco, se que necesitas tiempo, pero no me dejes tanto tiempo fuera de tu vida.
-No lo are amiga nos vemos.
-Adiós Ali.
Alina se fue a buscar a los niños ya era hora de comer y ellos ni sus luces, subió al cuarto de Yohana, pero no se escuchaba nada, toco, pero nadie le abrió, decidió entrar, ella se topo con una escena muy dulce, Yohana estaba dormida en su cama, Mateo en la otra cama, pero le tomaba la mano, como tratando de cuidarla, Alina no desidia si despertarlos, cuando Mateo sintió su presencia.
-Yohana estaba cansada, se quedó dormida, pero tenía una pesadilla.
-No te preocupes Mateo, gracias por cuidarla, eres un niño muy dulce ¿No tienes hambre?
- ¿Puedo esperar, a que Yohana despierte?
-Si tú quieres, está bien.
Alina salió dejando a los niños, dejaría que descansaran un rato más, después volvería por ellos.
Necesitaba hablar con Fernando, tenia que traer sus cosas de la ciudad, no podía retrasarse más con los cuadros.
Llego a las caballerizas, pero no encontró a nadie, él había dicho que estaba muy ocupado, debería pedirle ayuda a alguien más, Alina se dio media vuelta y comenzaba a retirarse cuando Fernando entro.
- ¿Puedo ayudarle en algo?
-Siento molestarte de nuevo, quería ver si podrías decirle a algún vaquero que pudiera ir conmigo a la ciudad, necesito recoger algunas cosas de mi departamento, le pagaría por supuesto, es solo que mi portero es un hombre mayor y no podría ayudarme.
-Y porque no solicita una mudanza, ellos son muy eficientes.
Alina no quería perder la paciencia con ese hombre, pero era muy difícil no hacerlo, era un descortés de primera, ella no debería de estar pidiendo favor era la dueña.
-Lo que tengo que traer es muy importante, si no tienes tiempo yo puedo ir a buscar a alguien que me ayude, solo no quería pasar por tu autoridad.
Alina se dirigió hacia la salida, pero él, la detuvo, tomándola de la mano, al momento ella se quedó inmóvil sintiendo una sensación extraña, pero muy agradable, su mano era muy grande y cálida, ella se quedó viendo su mano tomando la de ella, el reacciono, soltándola.
-Discúlpeme, yo puedo ir a ayudarla ¿Dígame cuando desea salir?