Alina seguía viendo al visitante con extrañeza, no entendía que, hacia ese hombre en su casa, menos en su mesa. Él se dio cuenta de que Alina lo veía con asombro, se levantó y tomo una caja que había dejado sobre una cómoda, y se la entrego. -Solo quería disculparme, por lo de tus galletas, Marina me invito a comer, espero que no te importe. -Nana, conoces a Alejandro. -Conozco a la mayoría de las personas que viven en este lugar niña, Alejandro y Renata eran unos pequeños muy traviesos, algunas veces cuide de ellos cuando sus padres salían de paseo. -Entonces comamos, Alejandro conoces a Fernando Treviño. -Si nos conocemos, Alina, la fruta que vendía su padre no tenía igual, estábamos en el mismo curso en la escuela. - ¿Tu lo recuerdas? Fernando. Fernando se sentía fuera de luga

