Fernando regresaba del campo, la tormenta se había desatado con una furia impresionante, él era muy prevenido así que había llevado su impermeable, gracias a eso no estaba empapado, desensillo y dio de comer a su caballo, ya era tarde se iría a casa, ya mañana se llevaría a Mateo con él, las clases ya comenzaban.
Habría querido hablar con Alina, pero lo dejaría para después, ella tendría que estar descansando ya.
Fernando se dirigía a su camioneta, cuando Nana Marina le comienza a gritar.
-Fernando ¿No esta la señorita Alina contigo?
-Se supone que ella estaría aquí, desde hace horas Marina.
-No ha llegado Fernando, debió de haberse topado con la tormenta, espero que se haya acordado de la cabaña.
-No te preocupes iré a buscarla.
-Ten mucho cuidado Fernando, esta tormenta no acabara pronto.
Fernando sentía su corazón retumbar en su pecho, si no se hubiera comportado tan grosero, Alina hubiera vuelto con él, subió a su camioneta y se dirigió hacia la cabaña, ella había crecido en ese lugar, esperaba que supiera cuidarse en momentos así.
El camino estaba muy encharcado, Fernando iba lo más cuidadoso que podía, seguía lloviendo, tenia poca visibilidad, en barias ocasiones decidido bajar para echar el reflector, esperando encontrarse con Alina, la cabaña ya estaba cerca, el problema era cruzar el rio, que crecía cuando caían ese tipo de tormentas.
Fernando decidido dejar su camioneta ahí y seguir andando, había un puente no muy lejos que le permitiría cruzar el rio, sin peligrar su vida.
Alina se sentía mejor, había prendido la chimenea, se había puesto una camisa que encontró en los armarios, tendió su ropa cerca del calor para que se secara, se sentía agradecida de que su padre no se hubiera desecho de ese lugar.
Le preocupaba el no poderse comunicas con su Nana, su celular no tenia señal, era de esperarse con esos rayos tan potentes.
La cabaña estaba bien equipada, tenia una recamara, comedor, una pequeña cocina, y una sala que estaba cerca de la chimenea, ella había podido entrar gracias a que su padre no había cambiado de lugar las llaves, comenzaba a tener sueño, decidió descansar no ganaba nada preocupándose por no poderse comunicar, esperaba que su Nana confiara lo suficiente en ella, para no preocuparse demasiado.
Fernando noto que de la chimenea de la cabaña salía humo, tenia que ser Alina, respiro con tranquilidad, el caballo relincho al sentir que se acercaba, lo cual confirmo que ella estaba ahí, toco la puerta, pero nadie le habría, trato de asomarse por las ventanas, pero no lograba ver nada, solo la chimenea prendida, por lo demás todo estaba a obscuras.
Fernando tenia llaves de toda la Hacienda, desde luego que también de la cabaña, esperaba que Alina no se asustara, pero ella no habría, solo quería saber que estuviera bien, aprovecharía para disculparse.
Metió la llave en la cerradura, trato de prender la luz, pero algo lo golpeo sin medir palabra, se recupero al instante, dejándose ir sobre el golpeador, lo sometió, pero su cuerpo era de mujer.
- ¿Alina, eres tú?
- ¿Fernando? que haces aquí.
Alina se lo quito de encima, levantándose del piso y prendiendo la luz.
Fernando se tocaba la frente, Alina se sentía culpable, había tratado de desmayar al supuesto ladrón.
-Lo siento mucho Fernando, pero no escuche que llegaras en algún auto o caballo, me asuste, además con ese impermeable te vez un poco aterrador, además debiste de hablar. Que tal, Alina soy Fernando estas aquí.
-Lo are para la siguiente ocasión, no tengas pendiente, no deseo ser golpeado de nuevo por un ninja karateca.
-No seas exagerado, solo fue una patadita.
-Eso díselo a mi cabeza, creo que me descalabraste, mira tengo sangre.
Alina dejo de reír, él de verdad estaba herido, lo ayudo a levantarse, lo sentó cerca de la chimenea, le ordeno que se quitara la ropa mojada y fue al baño por el botiquín.
Fernando observaba la ropa interior de Alina, que estaba colgada cerca de donde ella lo había sentado, era ropa muy sexi de encaje rojo, él de pronto se dio cuenta que ella estaba desnuda debajo de la sencilla camisa que llevaba, comenzó a tener calor.
Alina regreso con un botiquín, Fernando se había quitado él impermeable y la camisa, los estaba colgando, Alina respiro con dificultad, Fernando tenía un cuerpo de infarto, decidió concentrarse, él estaba herido, le limpio la herida con algodón y antiséptico. Fernando no podía pensar teniendo a Alina tan cerca, de ella emanaba un olor a fresa combinado con lluvia, ella tenía unas piernas muy bonitas.
-Te duele mucho, Fernando.
A él le estaba doliendo otra cosa, intentaba serenarse, pensando en algo más.
-No me duele, puedes limpiar sin miedo, Marina estaba muy preocupada por ti, pensé que habías vuelto a casa.
-Decidí no perder el día, no me esperaba que fuera a llover, el día estaba muy soleado.
-Eso pasa muy seguido en este tiempo.
-Pero como llegaste hasta aquí, sigue lloviendo mucho, no debió de ser fácil.
-Vine en mi camioneta, pero el rio creció y no pude seguir en ella.
-No debiste de arriesgarte tanto.
-Me sentía culpable, me comporte muy desagradable, lo siento de verdad, si no hubiera sido por eso, hubiéramos regresado juntos.
-Pero no paso nada, Fernando, estoy bien, eres tu el que resulto herido, por venir.
Ambos se quedaron viendo, primero con seriedad, pero Alina no pudo contenerse más y comenzaron a carcajearse, después de un rato Fernando se quedó serio, observando con intensidad a Alina, ella no sabía qué hacer, la atracción entre ellos era latente.
Fernando deseaba a Alina, como jamás pensó que se podría desear a una mujer, decidió mandar de paseo sus miedos, sabía que ella también lo deseaba, su rostro estaba muy encendido, sus labios rosados entre abiertos, era una tentación echa mujer.
Alina por más inexperta, sabía lo que estaba pasando, Fernando recorría con la mirada su cuerpo, eso lejos de enfadarla la estaba excitando demasiado, sentía muy húmeda su feminidad, en ese momento tenia que decidir si disfrutaba el momento o lo dejaba pasar, pero la tentación era demasiada, quería tocar el torso desnudo de Fernando.
Alina decidió ser atrevida por una vez en su vida, se acerco a Fernando sin dejar de verlo a los ojos, el seguía sentado en la silla, ella se monto en sus piernas y se sentó, comenzando a acariciarle el pecho.
Fernando se sentía extasiado, tenia sentada a Alina en sus piernas, ella tocaba y besaba su pecho, él ya no podía resistirse más, deseaba tocarla también y así lo hizo.
Comenzó por meter las manos debajo de la camisa, tocando sus hermosas piernas, hasta llegar a sus nalgas, ella era muy suave, subió las manos hasta su cintura, después a sus senos, ella lanzaba pequeños suspiros, Fernando se apodero de sus labios, saboreándolos, mordisqueándolos.
Quería verla desnuda por completo, le desabrocho la camisa y se la quito.
-Eres tan hermosa Alina, te deseo tanto que duele.
-Yo también te deseo Fernando.
Fernando tomo en brazos a Alina, llevándola a la cama, la dejo delicadamente, para él acabar de desvestirse, se acostó a un lado de ella para seguir besándola, ella le acariciaba el rostro, cabello, deteniéndose en su pecho. El no se cansaba de recorrer su cuerpo, palmo a palmo.
Alina estaba nerviosa, sentía muchas sensaciones, eran muy agradables, pero ella nunca había estado con un hombre, temía no saber que hacer o no ser suficiente para él.
Fernando sintió su titubeo, le levanto el rostro.
-Si no estas, segura, podemos parar.
-Estoy segura de lo que siento Fernando, lo que pasa es que, soy virgen.
Fernando, sintió como si le hubieran echado un balde de agua helada, comenzó a levantarse muy molesto.
-Que pasa Fernando ¿Hice algo malo?
-No Alina, pero no soy el hombre que te conviene, tu virginidad debes de entregársela a alguien que te quiera para quedarse a tu lado, lo mío solo es atracción s****l.
Alina se cubrió con el edredón, se sentía muy humillada, pero le agradecía a Fernando su sinceridad, hubiera sido peor que le dijera esas palabras después de tener sexo, le dio la espalda esperando que se marchara cuanto antes.
-Lo siento Alina.
Ella quería golpearlo, tomo aire y saco toda su humillación, de la única manera que podía, se giró hacia él, fingiendo su mejor cara.
-No debes de preocuparte Fernando, que mas querías que hubiera pasado entre nosotros, creías que yo podría sentir algo por ti, no, como crees, me gusta tu cuerpo eso es todo, supongo que te hubiera disfrutado, pero solo por poco tiempo, de hecho te agradezco el consejo, creo que debería practicar con alguien que estuviera a mi nivel, no me había puesto a pensar en lo mal que me vería el revolcarme con el capataz de mi hacienda, te agradezco por detenerte a tiempo, ahora te agradecería que te marcharas, a sido un día muy largo.
Fernando se puso furioso, recogió su ropa y salió de la cabaña lo más rápido que pudo.
Alina se cubrió el rostro con la almohada, gritando de impotencia, se sentía muy tonta por permitir que ese hombre la humillara, ella ya sabia que él era muy duro y cruel, pero se dejó llevar por lo que despertaba en ella, jamás le volvería a pasar.