Fernando caminaba hacia su camioneta, no era tan nueva como la de Alina, pero el motor funcionaba muy bien, sabía que se había comportado como un tonto al mencionar al veterinario, pero se había fijado en como él la observaba, cuando ella pasaba por las caballerizas, tenia que alejarse de ella, Alina comenzaba a hacerle sentir cosas que él no estaba preparado para sentir.
Ellos no eran del mismo circulo social, el veterinario tenía más oportunidad que él, no deseaba complicarse la vida, el amor lo echaba todo a perder, le gustaba su trabajo y el dinero que ganaba gracias a su esfuerzo.
Alina estaba dando vueltas en la cama, parecía que el sueño no llegaría pronto, se levantó y fue al remolque por sus cosas para trabajar, estaba algo atrasada con su trabajo.
Coloco su caballete en la ventana, abrió esta de par en par, la luna iluminaba la noche de una manera impresionante, decidió trabajar con la luz apagada, permitiendo que la luz de la luna la inspirara, se sentía un tanto melancólica y solitaria.
Comenzó con los primeros trazos, sin saber en que se convertiría al final.
La noche se fue volando sin Alina darse cuenta, los primeros rayos de sol se posaban en su cuadro, unos ojos color verde la observaban ceñudos, Alina se dio cuenta que era Fernando, siempre le pasaba, cuando estaba en ese estado, su inconsciente trabajaba solo, mostrándole lo que la perturbaba en ese momento.
Alina se dio cuenta que alguien llamaba a la puerta.
-Si, ¿Quién es?
-Soy yo niña, Fernando quiere saber, donde quiere que le ponga sus cosas.
Alina abrió mucho los ojos, tomo el cuadro y lo coloco de espaldas, dirigiéndose a la puerta, la abrió y se topo de frente con los mismos ojos verdes.
-Buen día Fernando, discúlpame estuve trabajando hasta tarde, puedes poner todo recargado en esta pared, yo lo acomodare después, gracias.
Fernando se había quedó paralizado, no podía apartar la vista, Alina estaba muy hermosa, tenía el pelo suelto, revuelto, llevaba solo una playera, sus pechos se notaban a través de la tela, tenía pintura en la mejilla, su entre pierna amenazaba con provocarle un problema muy serio, daba gracias a que llevaba un cuadro cubriéndole la mayor parte del cuerpo.
Alina se dio media vuelta, Fernando pudo admirar su trasero redondo cubierto apenas por la playera, ella cerró la puerta dejándolo sin saber que lo había golpeado.
Respiro a profundidad, tratando de calmarse, le tomo tiempo el convencer a su amigo de que todo había pasado, cuando estuvo seguro de que su cuerpo había vuelto a la normalidad, puso el cuadro sobre la pared y bajo las escaleras, subiría todo lo más rápido posible, necesitaba descargar toda la adrenalina.
Alina estaba muy cansada, se dejo caer en la cama y no supo más de ella.
A lo lejos escuchaba unas vocecitas muy insistentes, abrió un ojo y pudo ver a Mateo y Yohana al pie de su cama.
- ¿Pasa algo chicos?
-Nana quiere saber si no bajaras a comer.
-A comer, ¿Qué ora es?
-Las tres de la tarde.
Alina se asombró, había dormido mucho, tenia cosas por hacer ese día.
-Díganle que me baño y bajo.
Los chicos salieron corriendo, Alina se levantó y se dirigió al baño, se vio al espejo, no podía creerlo, casi iba desnuda, Fernando la había visto así, ella estaba tan cansada que no recordaba que llevaba puesto en el momento que abrió la puerta, no podría verlo a la cara nunca mas.
Decidido meterse a bañar, nada remediaba con quedarse escondida en su cuarto para siempre, no creía que fuera nada nuevo para Fernando el ver semidesnuda a una mujer, además ella podía andar como le diera la gana a esa ora de la mañana, tenia que superarlo, con suerte él no lo había notado.
Fernando trataba de hacer su trabajo, ya eran tres veces que revisaba la misma factura, Alina ya debería de estar ahí, para revisar los libros de la contabilidad, él no sabía cómo la recibiría sin acordarse de su hermoso cuerpo semidesnudo, solo de pensarlo su entrepierna le comenzaba a palpitar, llevaba mucho tiempo sin tener una mujer en su cama, pero Alina no solo le despertaba el deseo, ella le hacía desear algo más.
Fernando se sobresalto por los golpes en la puerta, su corazón se aceleró al instante, abrió, pero no era ella.
-Como estas Fernando, quisiera hablarte de algo importante.
-Dime German, en que puedo ayudarte.
Alina se dirigía a la oficina de su capataz, sabia que era muy tarde, pero tenia que dejar eso arreglado cuanto antes, revisar los libros e ir a conocer los caballos con los que contaba, después revisaría los pastizales, esperaba que Fernando estuviera de buen humor, y cooperara con ella, de pronto se topo de frente con Gustavo el veterinario.
-Hola, como esta señorita Alina.
-Muy bien Gustavo ¿hay algún problema?
-Solo voy a checar a Mona, es una yegua primeriza, no creo que pueda sola con el parto.
-Te puedo acompañar, quiero comenzar a conocer a todos los caballos.
-Claro, está en la siguiente caballeriza.
Alina estaba fascinada con la yegua, era una hermosura, hacia tanto que no veía un ejemplar como ella.
-Me gustaría estar en su parto, podrías avisarme cuando sea el momento.
-Por supuesto, señorita Alina.
- ¿Crees que será pronto?
-Si, el potro ya está, acomodado, lo más probable es que no pase de esta noche, estaré al pendiente.
Fernando termino de atender a German, este, tenia un problema familiar algo fuerte, tendría que comentárselo a Alina, pero ella no aparecía, decidió no esperarla más, él tenía cosas pendientes en el campo, salió de su oficina iría a ensillar a su caballo.
Al pasar por las caballerizas escucho voces, una de ellas era la de Alina, decidió ir a ver que estaba haciendo.
Alina se estaba despidiendo de Gustavo, al girarse para salir de la caballeriza se topo de frente con Fernando, provocando que ambos colisionaran, Fernando tomo a Alina por la cintura para evitar que ella callera, sus cuerpos quedaron muy pegados, Fernando podía sentir cada curva del tibio cuerpo de ella, esto lo puso duro de inmediato.
Alina se sintió perdida en los ojos verdes de Fernando, su pulso estaba acelerado, suponía que estaría muy roja, recordó que Gustavo estaba cerca y reacciono alejándose de Fernando.
-Lo siento mucho Fernando ¿Estás bien?
-Fernando tubo que hacer acopio de su fuerza de voluntad para recuperarse.
-Todo bien, no te preocupes.
-De hecho, iba a tu oficina, supongo que ibas ya de salida.
-Si necesito revisar unas vallas, que al parecer necesitan arreglo.
-Puedo ir contigo, quiero dar una vuelta por los pastizales, de camino podrías mostrarme algunos caballos para irme familiarizando con ellos.
-Está bien como quiera, ¿Qué estaba haciendo aquí?
-Estaba conociendo a Mona, ella esta pronta a parir.
Fernando se quedó viendo a Gustavo, con cara de pocos amigos, Alina decidió intervenir, sabia lo grosero que Fernando podía llegar a ser.
-Sera mejor que nos vallamos, si queremos aprovechar las oras que quedan antes de que acabe el día.
Alina se despidió de Gustavo, agradeciendo su tiempo.
-Yo le avisare, si esta noche llega el momento.
-Gracias Gustavo, nos vemos entonces.
Fernando parecía malhumorado, ensillo ambos caballos, le dio las riendas a Alina de su caballo sin siquiera voltear a verla, ella trato de ser paciente, el día transcurrió con la misma actitud por parte de él, Alina tenia que preguntar por el nombre de cada animal, Fernando le contestaba, pero parecía distante, llegaron al manantial a dar de beber a sus animales.
Alina se sentía muy acalorada, decidió desmontar y refrescarse un poco, se mojó el rostro.
Fernando no podía apartar la mirada de ella, el agua caía por su cuello y se perdía entre sus pechos, mojando su camisa, la cual dejaba ver sus pezones hinchados por el agua fría.
Alina sintió la mirada penetrante de Fernando, levanto la mirada y se topo con sus ojos verdes que la observaban con intensidad, a ella jamás la habían visto de esa manera, sabia que entre ellos había una química innegable, todas esas sensaciones eran nuevas para ella, Fernando despertaba un instinto muy primitivo en su cuerpo, que ella deseaba experimentar, pero le parecía que él no estaba preparado para darle algo más que no fuera sexo, no deseaba poner en riesgo su corazón.
Alina volvió a montar, Fernando la imito, ella pensó que sería mejor volver, Fernando no estaba de humor para atenderla y ella no había descansado bien, el calor comenzaba a hacer estragos en ella.
-Sera mejor que te deje hacer tu trabajo, nos vemos mañana.
Alina no dejo que Fernando respondiera, espoleo su caballo y este salió al galope.
Fernando se quedo sin saber que hacer, sabía que se había comportado como un cretino, pero Alina lo estaba volviendo loco, tenía que admitirlo también estaba celoso, tendría que disculparse con ella, y comenzar a comportarse como lo que era, su empleado.
El día comenzó a cambiar, el aire soplaba con intensidad, Alina conocía muy bien ese clima, pronto comenzaría una tormenta, las nubes negras, que se comenzaban a agrupar, se lo confirmaban.
Alina se reprochaba el no haberse ido directo a casa, al despedirse de Fernando, le había parecido buena idea el recorrer los limites de la hacienda, para verificar que todo estuviera en orden.
Ahora tenía que buscar un lugar para guarecerse de la lluvia, esta no tardaría en caer, si todo seguía igual como lo recordaba, estas tormentas eran acompañadas de fuertes relámpagos los cuales eran peligrosos en campo abierto, y podían durar horas.
Su única opción era llegar a la cabaña de cacería, esperaba que siguiera igual, tenia poco tiempo antes de que la tempestad comenzara.
Alina espoleo con fuerza su caballo, este era muy ligero, pero no lo suficiente, en poco tiempo ella estaba empapada, el aire le golpeaba el rostro, los estruendos en el cielo eran tan potentes que Alina sentía que retumbaba la tierra.
A lo lejos ya lograba ver la cabaña, Alina se sentía mas confiada, sus dientes castañeaban sin cesar, tenia que quitarse la ropa mojada cuanto antes.
Bajo de su caballo, en un lado de la cabaña había unos establos, decidió primero ocuparse del pobre animal, él también estaba empapado, le quito la montura y las alforjas, trato de secarlo con frazadas que encontró en el lugar, para después cubrirlo con una frazada seca, le lleno su comedero y viendo que sus necesidades estaban cubiertas decidió cuidar de ella, que en ese momento ya comenzaba a estornudar.