¡Diablos!

1331 Palabras
La pregunta me hace sentir que una copa no puede representar un problema, más sé que en mi estado eso es justo lo que estoy buscando... Miro a Max y tomo su hombro desde el asiento trasero mientras él me observa a través del espejo retrovisor. - ¿Que pensaría tu madre de esto? - Pregunto con una ligera sonrisa en el rostro, más el sólo agacha la cabeza sin decir nada. - Perdón... ¿Dije algo malo? - Pregunto acercándome aún más a él. - No. La verdad es que tú no dijiste nada malo. Es sólo que intenté convencerme por años que lo que sentía por mi mejor amiga era solo eso, una amistad. Eso porque mi madre siempre decía que las mujeres deben ser dulces, tiernas y con clase, además decía que Tori no era nada de eso. Así que opté por creer que no sentía nada por ella, me intenté alejar y también la alejé a ella. Ese fue mi peor error. Por querer seguir los consejos de mi madre es que terminé perdiendo a la mujer que significó el verdadero amor para mí. - Pero dijiste que había alguien más. - Si, Cassie, ella apareció en mi vida cuando sabía que Tori estaba enamorada de mi, así que busqué en Cassie a aquella mujer de la que mi madre tanto hablaba para alejar aquellos sentimientos tanto de ella como de mi. Sin querer me fui enamorando de Cassie hasta que descubrí el engaño que la hizo quedar embarazada, y aún sabiendo eso, me casé con Tori porque realmente esperaba tener una oportunidad con ella. Los sentimientos no se pueden manejar, niña. Ella dejó de amarme y en lugar de aceptarlo como un hombre, me convertí en un cobarde que le hizo la vida imposible. No cometas el error de negar tus sentimientos. Sólo intenta dejar de sentir antes de acercarte a alguien más. No es justo para nadie pasar por eso. - Su sonrisa triste en el espejo me habla de lo arrepentido que está por haber dejado ir al amor de su vida y cambiarla por una mujer que, al parecer, le fue infiel. - Lo siento, no me imaginé que el hombre frío podría haber amado y haber perdido su corazón por el daño que le hicieron y que hizo a su vez. - ¿Frío? ¿Te parece que lo soy? - Pregunta ahora mirándome fijamente. - Si, la verdad es que si me lo pareces. Además de ser arrogante y nada amable. Un completo idiota. - Si, no entiendo por qué me río de eso, pero él también comienza a reír, parecemos dos niños pequeños riendo de alguna travesura. - Entonces, vamos. - Dice estacionando el auto en el subterráneo del edificio y abriendo la puerta para que yo salga. - ¿Estás bien? - Me pregunta sorprendido al ver que me tambaleo un poco. - Si, vamos por esa copa. - Digo con mi mano en alto para brindar por los nuevos comienzos, pero él toma mi mano y me acerca a su costado tomando mi cintura para apoyarme en él. - Cuando estés completamente sobria me vas a invitar a una copa. - Dice - Y ahora... ¿Por qué no? - Pregunto dentro de mi embriaguez. - Ahora lo único que vas a hacer, será ir a tu departamento, acostarte y dormir hasta el medio día. Cuando despiertes, avísame. Quiero estar seguro de que estás bien. - Me toma por los hombros mientras esperamos que las puertas del ascensor se abran, pero la figura hermosa y fuerte de un hombre corpulento me obliga a mirar en su dirección. - ¿Estás bien? - Pregunta Max, pero mi mente está puesta en ese guapetón. - ¿Alma? - La voz del hombre suena extraña, si hasta parece que dijese mi nombre. - ¿Alma Garbados? - Nuevamente la voz del hombre me saca de mis casillas. - Si, esa soy yo... - Digo estirando mi mano para saludarlo, pero en ese preciso instante, Max toma mi mano jalándome hacia atrás. - ¿Y tú eres? - La pregunta del idiota a mi lado me molesta un poco. - Soy Sanders, el Sr. Garbados me envió por usted. ¿Qué? ¿Mi papá? ¡Diablos! - No, está equivocado. No soy esa Alma que está buscando. - Hablo nuevamente en mi tono más ebrio y el hombre me mira algo molesto. - Si, estoy en lo correcto, usted me lo acaba de confirmar y esta fotografía también. - Saca una foto de su chaqueta y yo tomo la mano de Max haciéndolo correr. - ¡Vamos! ¡Más vale aquí corrió que aquí murió! - Grito por sobre el sonido de mis zapatos pisteando el mármol del edificio. - ¡Hey, Alma! ¡No puedes huir para siempre! - Grita el tipo desde atrás y mi corazón estalla de ansiedad, ya que tiene toda la razón. - Alma, espera. - Dice Max a mi lado soltando mi mano. - Pero Max ¿Que haces? - Le pregunto parando mi carrera y él abre su chaqueta mientras camina hacia el hombre que viene detrás de nosotros. - Tengo medio millón que perfectamente perdería si alguien decidiera decirle al padre de Alma que ella ya no está aquí. - Las palabras de Max me asombran sobremanera, pues nunca creí que él podría ser la clase de persona que soborna a alguien más. Además, lo está haciendo por mi. Eso es aún más extraño. - No, señor, a mi me mandaron a buscar a la Srta. Garbados y yo debo llevarla para... - Ah, entonces estás reconociendo que te llevarás a una mujer en contra de su voluntad ¿Sabes que, según la ley, eso es catalogado como "secuestro"? Eso puede llegar a una pena de veinte años o presidió perpetuo, considerando que incluso traes un arma contigo bajo tu chaqueta. - ¿Qué? Yo... - Soy abogado, el mejor. Si se te ocurre colocar tus manos sobre ella, me encargaré directamente de fundirte en la cárcel. - Dice Max entre dientes, luego lo mira y baja un poco la voz - Te ofrezco un trato, te doy el dinero y tu haces como que no sabes nada o bien, avísale a los padres de Alma y yo te acusaré de secuestro. Tengo tus palabras grabadas. Lo mira con una expresión totalmente inteligente, como si ya hubiese ganado el juego mucho antes de que comenzara. El hombre lo mira algo extrañado y luego extiende la mano. Max toma su cartera y saca su chequera, escribe algo y luego le tiende el cheque al hombre junto a nosotros. - Ahora vete. - Dice mientras el tipo dobla el cheque y lo mete en su chaqueta. Max me toma nuevamente entre sus brazos y me lleva hasta mi cuarto. - Gracias, Max. Lo digo en serio. - Abro la puerta de mi departamento y él mira hacia otra parte. - Deja de hablar. Estabas muy dispuesta a darle la mano a ese imbécil sin siquiera saber quién era. Entiendo porqué tus padres te quieren cerca. - ¿Ah? Pero qué... - ¡¿Que estás tratando de decir?! - Pregunto enojada por su referencia. - Que eres demasiado básica. - Dice molesto, pero yo lo estoy aún más. Me muevo hacia él e intento abofetearlo, pero su cuerpo es más rápido y toma mi mano con la suya acorralándome contra la muralla de mi departamento. - Digo que debes dejar de ser tan coqueta. - Sus palabras y el modo sugerente en el que nos encontramos, me complica un poco. - Y yo digo que debes dejar de ser tan imbécil. - ¿Ah, si? - Mi corazón late a mil por hora, su mirada intensa me está escudriñando, me siento extraña, yo... Está tan cerca que podría... Me acerco y él hace lo propio al mismo tiempo. Lo estoy besando... Me está besando... ¡Diablos!
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR