Cuando estamos en el aeropuerto, Max toma su boleto y mira los datos para comenzar a caminar hacia el mostrador. Yo lo sigo, y no como perrito faldero, más bien, lo hago porque esa cara es de un hombre que sabe a dónde va. Por algo es abogado.
- Señorita, buen día, tenemos pasajes en el avión NY-349 ¿En dónde están embarcando? - Ella le responde sin levantar la cabeza de su computadora.
- Por la puerta de embarque 19. Siga esa línea, por favor.
- Muchas gracias. - Dice Max mientras ella levanta la mirada para responder, pero parece que lo que ve, la deja sin palabras. Se detiene un segundo en sus ojos y luego observa a Max de pies a cabeza.
¡Ay, por favor!
- Cualquier cosa que se le ofrezca, me avisa. - Diablos, pareces tonta, chica.
- ¿Cualquier cosa? - Pregunta el imbécil colocando el codo en el mostrador y ella se le acerca aún más.
- Si, lo que quiera. - ¡Por favor!
Tomo al idiota del brazo y lo saco de allí jalándolo sin siquiera prestar atención a sus protestas.
Que quede claro, no lo hago porque me interese lo que está haciendo con esa, es sólo porque no voy a perder mi avión por culpa de ese absurdo coqueteo salamero y asqueroso que tienen ambos.
- ¿Qué diablos haces, Alma? - Me pregunta cuando estamos lo suficientemente lejos de la loca esa, es ahí que lo suelto y camino con mi maleta lejos de él.
- Alma, te estoy hablando.
- No me interesa. Puedes ir a hablar con la babosa esa.
- Si, aún puedo ir. - Dice con un estúpido tono alegre que me fastidia.
- ¡Y vete! `Pero antes guíame a la puerta de embarque. Si quieres, después te la llevas a un hotel para que destilen miel a solas, pero ahora llévame al embarque.
- Alma... - Dice en un tono serio esta vez, así que me volteo y lo miro.
- El embarque está ahí. - Señala hacia el lado derecho y es recién que entiendo que estaba haciendo una tonta escena por culpa de dos imbéciles.
¡Carajos, Alma! Contrólate.
- Bien, ahora puedes irte. - Restándole importancia.
- Ah, diablos... - Lo escucho decir justo antes de que tome mi mano y me jale hacia el embarque.
- Suéltame... - Pido molesta.
- ¿Por qué te enojas? ¡Carajo! ¡Eres desesperante! - Me dice mientras llegamos a la línea de las maletas y luego se dirige aún con mi mano tomada hacia la puerta de embarque.
- Porque odio a los hombres coquetos, eso es algo asqueroso.
- ¿Ah, si? ¿Y Frost no era así? - Auch... Eso dolió.
- No tienes derecho... - Digo parándome mientras él se voltea tomando mi brazo más fuerte y me jala cerca de él.
- ¿Por qué diablos cambias cada cinco segundos? Primero estás bien, luego te molesta algo y me juzgas, yo no estaba coqueteando con ella, pero soy sincero al decir que me encantó verte celosa. Además... ¿Tanto te duele que lo mencione?
- Que me sueltes, Max... - Digo entre dientes, mientras él me abraza fuerte contra su pecho.
- No lo puedes olvidar, y está bien, pero no me jodas a mí, que yo no soy él. - Su abrazo es fuerte y me enfurece, así que me aferro a él y pellizco su espalda, pero en lugar de soltarme, me aprieta aún más contra su pecho.
Ambos respiramos duro y pesado, pero mi cuerpo se siente cada segundo más tentado de tenerlo aún más cerca.
- Alma...
- Max...
Decimos al unísono, sin embargo, sé que estamos en un periodo crítico, si llegamos a pasar la línea, todo se complicará para ambos, así que nos soltamos rápidamente y caminamos lejos el uno del otro.
Si seguimos así, este viaje va a empeorar a cada segundo, pero ¿Por qué? Si él no me gusta, no me parece atractivo, no me...
- Max... - Digo tomando su brazo y mirándolo a los ojos.
- No, Alma - Suspira y toma mi mano que sostenía su brazo - Es mejor que nos alejemos un poco, ambos somos demasiado iracundos, sería perjudicial si acabáramos cometiendo un error por estar tan cerca.
- Tienes razón. Es lo mismo que te iba a pedir. Gracias por entenderlo por los dos.
Camino delante de él y la azafata me indica mi asiento, lo tomo sin decir una sola palabra. No es momento de volver a lo mismo.
Debo centrar mi atención en no volver a sentir nada por Nate, es hora de hacerme a la idea de que se va a casar y que yo debo estar feliz por mi amiga y por él. Eso es todo.
El avión comienza a moverse, las azafatas se encargan de revisar los cinturones y el vuelo inicia dándole a mi corazón una extraña sensación.
Quiero no sentir, juro que deseo no sentir, pero... Ahí está la sensación de que soy la peor amiga del mundo, me siento adolorida por estar pensando en esto aún, ni siquiera debería ser un tema, pero no ha pasado tanto tiempo como para haberme olvidado de todo... ¿Qué hago?
Sé que él no quería lastimarme, pero debió pensarlo antes de ser tan dulce conmigo, debió alejarse cuando me dormía en su hombro, Dios... Me enamoré de la parte hermosa de ese hombre, más no pude detenerme antes de acabar entregándole mi corazón pese a saber quién era.
Fui una estúpida... Fui una...
Las lágrimas comienzan a recorrer mis mejillas mientras miro por la ventana, el dolor en mi pecho se hace tan grande que no lo puedo soportar. Me duele... Me duele mucho.
La música en mis oídos no ayuda mucho... Obie Bermudez con Antes sólo logra torturarme aún más.
Recojo mis piernas y abrazo mis rodillas mientras entierro mi cabeza entre ellas para liberar la pena y el dolor que mi alma lleva cargando, sólo necesito librarme de este peso, pero no puedo botarlo, algo me lo impide. De pronto, unas manos me sorprenden, abro los ojos rápidamente y Max se encuentra a mi lado tomando mi cabeza y colocándola en su pecho sin decir una sola palabra. Eso es justo lo que necesitaba para soltar todo lo que llevo dentro.
No sé en qué momento me dormí, pero Max fue justo el refugio que necesitaba para entender que no puedo seguir así.
Me despierto con el sonido de la lluvia mientras aún continúo en los brazos de Max. No puedo negar que este acto desinteresado acaba de abrirme o partirme el corazón, no lo sé, pero si me hace entender algo... Debo olvidar. Necesito hacerlo o me volveré loca.
- Max...
- No digas nada. Sólo intenta descansar. Aún nos queda un tiempo para llegar.
- No puedo seguir así ¿Cierto? - Digo y él me mira por primera vez desde que se sentó a mi lado.
- Cierto. - Sus ojos puros y sus labios rojos me obligan a hacer algo, pero él logra detenerme antes de que, con mi boca, toque sus labios.
- No, Alma, así no. - Se para sorpresivamente y me deja con el corazón en la mano. Él no me quiere, eso es claro, yo no debería estar pensando en eso tampoco, no puedo, mi mente aún está con ese hombre y estoy arrastrando a Max conmigo en esto. No es justo.
Me paso el resto del vuelo arrepintiéndome de mi estupidez. Está demás decir que Max volvió a su asiento, lejos de mí. Lo entiendo, cualquiera habría huido de una loca como yo.
Cuando estamos en el mostrador del aeropuerto de Nueva York para viajar a España, la noticia nos cae como balde de agua fría.
- No hay vuelos.
- ¡¿QUÉ?! - Gritamos ambos mientras la recepcionista nos observa.
- Tendrán que esperar hasta que pase la tormenta.
¡NO! ¡Esto no puede ser!