CAPÍTULO VEINTITRÉS Los gritos aumentaron su volumen mientras Cassie corría por las baldosas. Escuchó otra bofetada y otro alarido. —¡Entra en la habitación! La voz de la señora Rossi estaba cargada de furia. —¡Por favor, no! ¡No me obligues! —Nina parecía desesperada y el terror era perceptible en su voz—. ¡No puedo! —Vas a ayudar a tu abuela a que tome una ducha ahora y la vestirás para ir a la cama. Esa será tu tarea diaria, así que debes acostumbrarte a hacerlo. —No sé cómo hacerlo. Le tengo miedo. Mientras Cassie doblaba la esquina, vio que la señora Rossi se erguía por encima de la pequeña niña, que estaba acurrucada de rodillas. Inclinándose hacia adelante, la empresaria la abofeteó con fuerza. Nina gritó, escondiendo la cabeza entre los brazos, pero la señora Rossi la sigui

