Algo pasaba, ya no podía sentir a Humberto. Salí del altar de sacrificios y fui a buscar a Aisha, la vi platicando con algunos demonios y al juzgar por sus gestos no se veían nada felices. Me acerqué fingiendo ser uno de ellos y me uní a la conversación. -¿Qué onda?, ¿Por qué están todos tan alterados? Los demonios me miraban desconfiados, ella lo noto y trato de convencerlos que yo también era una de ellos. -El humano escapó. -¡¿El portador?! -Sí, encontramos a una de las humanas cerca del portal y creemos que un ángel lo ayudó a escapar. -¿Un ángel?, pero eso es imposible. Si un ángel hubiera entrado, lo hubieran detectado. -Eso es lo raro, porque nadie lo vio. -Aisha, ¿puedo hablarte en privado?-pregunté cambiando de tema. -Sí, claro. -No recuerdo haberte visto por aquí, ¿eres

