9 | Traidor

2492 Palabras
BIANA TORRES La idea suicida de volver a China no ha calado para nada bien en ninguno de los agentes Salvadoreños que Margot y yo hemos tratado de convencer. Al ser una misión apoyada por Spence, pero sin ser propiamente del SIPM genera una profunda desconfianza que le hace creer a todos que en un caso de emergencia no obtendremos apoyo. Y es válido, porque así es. Básicamente estamos actuando a espaldas del organismo, pero con el apoyo ciego del jefe. Nadie va a ir en nuestra búsqueda inmediata de algo salir mal. El día tres en búsqueda de equipo llega y con él dos invitados especiales de Margot. Al principio me cuesta reconocerlos porque han cambiado físicamente, pero entre pupilentes y colores de cabellos diferentes logro ver el rostro de Candel y Valentín, los cuales pasaron de ser pelirroja y rubio propiamente para convertirse en personas de cabello oscuro al igual que sus ojos anteriormente claros. Hasta han subido un poco de peso. Sinceramente ya no se ven para nada atléticos y dudo mucho que puedan sostener un entrenamiento de combate y armamento. Pero es mejor esto que nada. Ellos no son mis amigos y tal como esperaba ambos guardan algún tipo de recelo hacia mí, incluso hacia Margot. Pero por lo que entiendo, el motivo por el que están aquí es porque aún cuando les dieron la oportunidad de comenzar sus vidas desde cero sus pasos encochinados torcieron el camino de nuevo, aunque ya no son delincuentes profesionales sino rateros de quinta. Que caída tan abrupta pasar de ser un criminal y perseguido mundial a un simple ladronzuelo, un carterista. Directo al orgullo que ya ni deben tener. Luego de seis meses de prisión en Uruguay, ambos, ahora están aquí, saldando la deuda con Margot que fue la única sobre la faz de la tierra que se dignó a pagar su fianza. Es triste cuando tienes cierta edad y te ves solo en el mundo. Y sí, yo no debería hablar mucho o regodearme en una familia que no tengo, pero al menos sé que la abuela sigue conmigo y que se preocupa por mi bienestar. —No sé si esto sea una buena idea —Cuestiono. —¡Vamos, Bi! —Margot se queja malhumorada, ha pasado toda la mañana despotricando el calor del Salvador—. No tenemos equipo aún, no aportas nada y todavía te atreves a criticar mi idea. —No creí que tú idea fuese traer a ex convictos fuera de entrenamiento. Me parece hasta una burla. Cimo si a ella no le importase realmente ejecutar lo que se conversó en un inicio. Hasta parece un saboteo, y no tengo idea de porqué quiera dañar el plan, si ella al igual que yo fue víctima de las triadas, D-Company y la Yakusa. —Lo bien aprendido nunca se olvida ¿eh? —Valentin recibe un codazo de Candel y capto la idea de Margot, o al menos quiero creer que ésta movida de traer a sus ex compañeros de vuelta al mundo real tiene de base usar mano de obra que no sienta miedo de perder algo valioso, personas con experiencia en casi morir. Ladrones, asesinos y delincuentes en general. Personas sin familia. —Tienes razón —Margot que ni tiempo tiene de amargarse para soltar algún insulto se me queda viendo con la ceja alzada—. Muy propio de tu parte las ideas extrañas pero funcionales ¿De dónde sacamos más delincuentes? —Hey, hey, hey —Candel por fin participa y que se cruce de brazos indica predisposición—. A mí no me estés llamando delincuente. —Es que eso somos, fíjate. Valentín se gana otro manotón. —He dicho que delincuente no soy, así que dirígete con más respeto. Ya no eres la amante de algún jefe y nada te salva de que te arranque la lengua por bocaza. La simple mención indirecta de Massimiliano me causa dolor de estómago y hasta ganas de vomitar. —Mira, Candel, tampoco soy la mujer temerosa que conociste, así que lánzate a ver si puedes siquiera dar dos pasos cerca de mí. —Bueno, ya está —Mi amiga interrumpe para cortar la tensión. Creo que todos estamos de mal humor y no es momento de lanzar más leña al fuego. Lo último que necesitamos es separar al pequeño grupo que a duras penas hemos conseguido. —Tengo un encuentro esta noche con Bukkele para negociar a algunos de sus prisioneros. El aviso de mi compañera me hace alzar las cejas, desahuciando cualquier resultado positivo de esa reunión. —Suerte con eso. La politica del Salvador es bastante justa, a nivel judicial el castigo es implacable. No creo que Margot pueda llegar a un acuerdo, aun cuando traer delincuentes con nosotros pueda representar otro castigo para los privados de libertad de acuerdo a los riesgos que tiene. El recuerdo de mi madre invade mis pensamientos y lo único que quiero hacer es salir corriendo para encontrarla. —Debo hacer algunas cosas antes, nos vemos en la noche. Mi abandono del lugar no afecta en absoluto, aun no hay equipo y mucho menos una estrategia de penetración en Asia. Nader que está afuera bebiendo ron seco se me queda viendo al salir, se pone de pie y su cara de tristeza es suficiente señal como para invitarlo a venir conmigo, con la pérdida de sus niños debe distraerse o terminará con depresión. No pregunta a donde vamos, simplemente me da las llaves del vehículo y se sube del lado del copiloto con la mirada perdida y el vaso medio vacío. —¿Quieres drenar lo que sientes? —pregunto con cuidado—. Hablar y soltar es una cura divina para todo lo que nos tiene al borde del colapso. Niega, sorbiendo lo ultimo que queda de ron. —Nada me atormenta, cariño. Es simple tristeza, ya se me pasará. Verlo tan apagado me genera un calor interno en el vientre que no logro explicar. Cuestiono mis impulsos y en segundos concluyo que debo tener algún tipo de problema hormonal. Basta, Bi. Voltea a verme, lamiendose los labios melancólico, y ese pequeño gesto, aunque es taciturno, termina de encender la llama que tenía palpitando en lo mas recóndito de mi pecho. Ni se te ocurra, perra. No sobrepienso más y me lanzo hacia él, buscando un beso que no me corresponde. La cara se me va a caer de la verguenza y el calor en las mejillas me dice que debo estar roja como un puto tomate. Me aparto más por verguenza de ser rechazada que por verguenza de mi arrebato en sí, pero sus ojos vacíos se iluminan con un atisbo de lujuria y así de rapido como me aparté vuelve a regresarme contra él para introducir su lengua en mi boca. El sabor alicorado es agradable y succiono el músculo, tragándome su saliva enseguida. —Quiero que me folles —le pido mas en una orden que en súplica—. Que me cojas como si fuera tu maldita puta. Ya no hay tabúes entre nosotros porque no somos pareja ni debo fingir inocencia frente a él, tampoco somos musulmanes que deban cohibirse y mucho menos esperamos decencia el uno del otro. Solo somos dos animales primitivos buscando placer en el lugar más cercano. Nos despegamos algunos minutos para que él pueda reclinar el asiento y yo quitarme los pantalones que se traban un poco pero que ceden al final. Las manos me palpitan y la lejania me pone a sudar frío porque ya no soporto tenerlo mas tiempo fuera de mi cuerpo. Regreso hasta él en un beso desesperado. Quiero más y él tambien; me ayuda a pasarme a su asiento rápido, su boca es caliente y humeda y me encanta la sensación que ofrece mientras mis dedos temblorosos acompañados de los suyos abren el broche del pantalón que cubre la deliciosa erección que voy a meter dentro de mí en segundos. Estoy desesperada, caliente y preocupada a la vez. La ansiedad va a matarme. Y es que apenas se saca el pene me lleno con él, resoplando por el alivio. Nader echa la cabeza hacia atras con el ataque tan bestial, sus gemidos empapan mi canal inflamado y arrastro las caderas en un vaiven tosco sobre él, mordiéndome los labios para evitar liberar sonidos. Por alguna extraña razon siento que esto está mal, y que debe ser un secreto. Como cuando eres puberta y te masturbas con la esquina de la almohada, guardando total silencio para que nadie escuche algo que pueda delatarte al rato. Un poco contradictorio teniendo en cuenta que estamos follando dentro de un carro estacionado en una calle a plena luz del día. —Gime, perra —Me clava las manos en la nuca, halándome el pelo y haciendo que mi cuello se exponga más, su boca me chupa y es inevitable no expulsar el jadeo que traía atorado desde hace pocos segundos. Su respiración agitada me enloquece y acelero el ritmo, avasallando mis carnes y llevándolas al limite con la enorme virilidad que me sostiene. —Bi, Bi, espera... La adrenalina me tiene al borde, estoy tan cerca de llegar al orgasmo que no lo escucho del todo. Estoy cegada y me meneo como una maldita loca, buscando la cuspide que cada vez está mas cerca. —No traigo cond... —Cállate —lo beso desenfrenadamente—, y córrete dentro. Mi voz quebrada le quiebra a él la fuerza de voluntad y nuestras frentes sudorosas se unen mientras que lo monto sin detenerme a pensar en las consecuencias de nuestros actos. El vapor dentro del carro es intenso, grito y me dejo ir cuando mi orgasmo llega acompañado del suyo. Me dejo caer en su hombro y así nos quedamos hasta que alguien toca la ventana. Carajo. Los vidrios están empañados y pego un brinco de regreso a mi asiento, tratando de alcanzar el pantalón para ponérmelo. —Shu, calma —Vuelven a tocar y mi ex marido limpia la ventana con la mano para visualizar a quien sea que está afuera—. Hay toallas húmedas en la guantera, límpiate un poco. Nonte desesperes. La calma con la que maneja esto es algo extraña, me parece que no es primera vez que lo pillan. El vapor que empaña su ventana se quita y lo que veo me pone más nerviosa, habría preferido lidiar con la poli y no con Doña Juzgona. Margot tiene cara de culo, los brazos cruzados y repiquetea el pie contra el suelo esperando que baje los vidrios o abra la puerta. Sin embargo, con la adrenalina, los nervios y la inevitable sensación de que la he vuelto a cagar lo único que hago es encender el auto y arrancar, huyendo de cualquier situación incómoda que pueda presentarse. ●●● MASSIMILIANO BENEDETTI Elizabeth niega con la cabeza, Spence ni se mueve y el resto del grupo permanece callado. —No es una opción negociar con el enemigo, para algo estás aquí ¡Haz tu trabajo! —Grita Bruzual enojado y me choca un poco su falsa creencia de que soy empleado de ellos—. Te dimos lo que querías, ahora cumple con tu maldita palabra. —Pensé por un momento en negociar, ceder, pero para algo te llamé. Esa es la presidenta. Elizabeth es una mujer valiente, debe serlo para llegar hasta donde lo hizo. —Han habido veinte ataques alternos en toda Italia en menos de 48 horas, tenemos patrullas policiales, militares en la calle y hasta a la fuerza aérea—Señalo a Spence—. Hay agentes del SIPM en cubierto como peatones comunes ¿se ha logrado algo? Nadie dice nada. —No, no se ha logrado nada. Ya van cinco mil heridos y tres mil muertos. Estamos en el ojo del huracán, el gobierno de Italia no puede controlar lo que sucede. Conozco a estos tipos, no van a dejar de atacar hasta que aceptemos negociar. —¡Quieres darle poder a unos delincuentes! —Grani me grita y llego al limite de mi poca paciencia. —CIERRA LA PUTA BOCA, MUJER DEL DIABLO —Pongo fin al pequeño saboteo suyo, respirando profundo para tratar de hallar mi calma. Bruzual se sobresalta—. Negociemos con ellos, no hablo de darles el poder, hablo de detener los ataques haciéndoles creer que cedemos. Tenemos terroristas extranjeros en el país patrocinados por Rinaldi y no tenemos forma de cortar con los ataques. Si dejamos que sigan, el pueblo se pondrá en tu contra, Elizabeth. Estamos cerca de las elecciones, no quieres que la gente vote en tu contra ¿o sí? Me pongo de pie, cogiendo la caja de cigarros de la mesa. —Estoy aquí como estratega, como asesor, no como un maldito gallo de pelea, así que no saldré a la calle para balearme como un soldado ciego si eso es lo que esperan. Hay formas de mediar y dando pie a continuar una guerra no es una de ellas. —Lo apoyo —Me sorprende un poco que Spence esté de mi lado—. Es totalmente lógico lo que dice, Santino Rinaldi respalda los ataques de Faricci. Elizabeth sigue negada y les doy la espalda a todos para salir de allí. Me sabe a mierda lo que todos tengan para opinar, con su apoyo o no, igual negociaré el futuro de este país, así me tachen de traidor. —Mañana volaré a Inglaterra, Grani debe venir. La orden es clara y me exaspera que Bruzual se oponga. Es por eso que giro sobre mi eje, enfoco al gordo hijo de puta y saco el arma que me facilitó la SIPM con mi regreso, el primer tiro da de lleno en su hombro. —¿Quieres ayudar realmente o eres alguna clase de rata infiltrada? Grani no se mueve y tengo a varios sujetos apuntándome, incluyendo mi hermano. —¡Les dije que era mala idea traerlo! —no reconozco la voz de quien lo dice. Bruzual se sujeta la herida, tiene cara de marica asustada y sonrío. —No actúes como un traidor, gordito —Guardo el arma, tranquilo—. Puedes confundirme y no tolero a los alacranes del todo. —Basta, Massimiliano —La orden de la jefa de estado hace que voltee a verla. —Seis en punto, pista de la base central del SIPM. Tenemos una alianza por cerrar con los ingleses, y no puedo viajar sin la principal interesada. La mujer no responde y salgo de allí. En cuanto cierro la puerta escucho el desmadre que se arma adentro. Deben estarse arrepintiendo de haberme pedido ayuda. Lo peor es que tienen dos opciones, o lo hacemos a mi manera o se joden y Faricci acaba con el país. Ya decidirán. ●●● Disculpen el abandono, ya he vuelto. Espero que les haya gustado. Nos leemos.
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