Lars —¿Cuál es tu palabra? —Rojo, señor. La facilidad con la que su sumisión aflora me hace sonreír. No necesita máscaras conmigo. Me da todo sin pedir garantías. Su entrega es total, y eso me excita más de lo que debería. Paso mi mano por la piel suave de su espalda, sintiendo el leve temblor que delata su anticipación. Mis dedos bajan lentamente por su columna, delineando cada vértebra, marcando territorio. Stella tiembla bajo mi toque, expectante. Hoy quiero castigarla. No con la dosis exacta que desea, sino con una suficiente para que no lo olvide en un buen tiempo. Para que cada movimiento mañana le recuerde a quién pertenece. Camino hasta el escritorio sin decir una palabra. El silencio pesa. Quiero que lo sienta. Que lo respire. Que lo tema un poco. Tomo una vara delgada de

