Pov: "Edward"
— Tengo 19 años — sonríe de una forma tan natural mostrando sus dientes.
Me dan ganas de sonreír pero no lo hago.
— Y estoy apunto de dejar una súper fiesta en un club al cual ni en mi vida volveré a tener la oportunidad de venir, pero.... Muero por una hamburguesa realmente.
Toma todo lo que queda en su vaso de soda, lo deja en la mesa y se para a mi lado.
— Estoy lista — sonrío sin poder evitarlo.
Algo en ella, me tiene en un raro estado de diversión y no logro identificar qué.
— Un Mc donals nos espera.
Caminamos a la salida y es increíble como cambia la temperatura, el ruido, de un momento a otro se siente paz.
— Recupere mi odio, por dios, podríamos quedar sordos — aprieta sus oidos como si los destapara.
– Se supone que usan un volumen permitido a solo un nivel del que te generaría problemas irreversibles en el oído — me mira apretando los labios y frunciendo el ceño — Solo una información que sé, lo cual no es divertido, lo sé..
— No, al contrario no sabía que había un nivel permitido de volumen realmente.
Me encogo de hombros porque yo no debería saber eso, pero bueno mi familia se encarga de meterme todo lo relacionado con a cada maldito negocio familiar por los ojos.
— Si, hay demasiadas leyes para todo, pero casi nada se cumple.
Saca su telefono y la miro tratando de descubrir que hace.
— Esto es genial — me acerco y la veo buscar en el google Maps.— Solo está a 6 cuadras el Mcdonals — Comienza a caminar pero la detengo.
— ¿Qué haces? — me mira abriendo sus ojos, por cierto sos muy claros, grandes y redondos.
Tiene unos ojos hermosos.
Suspiro sacando esos pensamientos, no vine buscando eso, yo... solo quiero distraerme.
— ¿Caminar? No lo sé, la gente camina cuando quiere ir a un lugar, no me digas que sos de esos típicos niños ricos que no camina nunca — trago grueso porque no está para nada equivocada.
— Tenes tacon, ¿Vas a caminar con eso?— comienza a reírse.
— Ay, Edi sos algo extraño, obvio si, caminaré con tacón, la recompensa en mejor que el sufrimiento — vuelve a retomar el camino.
Debo apresurar el paso para alcanzarla, tengo una tonta sonrisa en el rostro, no puedo evitarlo ella me hace reír es que.. su forma de actuar es, demasiado natural, no piensa y eso... eso es algo que me encantaría hacer actuar sin pensar.
........
La miro pero no digo nada, yo tenía razón, normalmente la tengo, pero no lo diré.
— Ni me mires así, queda solo una cuadra, no es la muerte solo... — suspira y se agarra la pared — Unas ampollas nada más — me mira apoyada en la pared. — Si creías que tengo clase te equivocaste — se saca los zapatos y comienza a caminar descalza por la calle sin ningún problema.
— Yo no dije nada — la observo detenidamente, como el vestido se amolda a su cuerpo.
Tiene contextura pequeña, pero un cuerpo equilibrado perfectamente. Parece hecha a medida a su ropa, es como si se hubieran sacado medidas proporcionales para cada parte de ella y encajaran como una muñeca artesanal.
Eso fue demasiado.
Pero ella es una chica muy muy hermosa. Trago grueso ante la mirada tan detallada que le dí.
Eso no esta bien, sé muy bien que no es conveniente meterse con extrañas, no es que no lo haya hecho jamás, pero nunca es muy productivo lo que surge de ellas más que satisfacer necesidades corporales.
Entramos al restaurante de comida rápida y está vacío, hay solo algunas personas sentadas, pero está bastante desierto.
— Hola buenas noches — la cajera no saluda.
— Buenas noches, quiero una hamburguesa doble con queso, bacon, papás grandes y coca cola grande sin hielo por favor — acabo de percatarme de que nunca pedí en un restaurante de estos.
Me quedo viendo la cartelera sin saber que pedir, mayormente pido por delivery, o piden por mí mientras espero en el auto, eso me hace un poco idiota. Pero es la verdad.
— ¿Que vas a pedir? — miro a Siena que me observa divertida. — ¿Ya te decidiste?
— Emmm... yo quieroo — miro y no entiendo que puedo pedir — Lo mismo que ella — Siena mira divertoda.
— Por dios, pareciera que nunca pediste en un Mc donals — se ríe a carcajadas sin importarle que todos la miren.
— No, es solo que... soy indeciso — me mira divertida.
— Yo creo que estás mintiendo — niego muy seguro.
Pago el pedido y esperamos a que nos lo entreguen.
— Si que vine a un Mc donals solo que... no soy de acá y las hamburguesas son diferentes a las que vi donde vivo — nos traen el pedido y cada uno agarra su bandeja.
— Estás bien raro Edi — me siento con ella sintiéndome extraño por el diminutivo que usa de ese nombre.
Comenzamos a comer y la charla fluye, es lo más extraño que me paso en mi vida, esta chica tiene una facilidad para hablar increíble, es tan espontánea, cada cosa que dice es divertida, no parece que forzara siquiera ser así, a mis 23 años es la primera vez que me siento tan cómodo hablando con una total desconocida.
— Disfrutemos de esto antes que los Maxwell compren Mc donals — dice divertida mientras se llena la boca de papás fritas.
— Ellos....
— ¿Los conoces? Decime que si, porque son literal los dueños de casi todo lo que hay por acá, inclusive el club en el que estábamos es de ellos.
Si supieras Siena. Suspiro y asiento.
— Quien no los conoce, son los casi dueños de medio país en cuanto a industria comercial se trata.— Agrego muy casual.
Tomo un poco de soda tratando de que este tema pase a segundo plano.
— A veces me pregunto ¿Qué sentirá esa gente al tener todo al alcance de su mano?
— Supongo que es lo que todos desean, ¿no?.
— Habla por vos, yo soy muy feliz viajando en bus y teniendo una vida simple sin problemas grandes, con que me alcancé para comer una o dos veces al mes en el mc donals soy feliz — Se encoje de hombros y muerde un bocado de su hamburguesa— Ojo no es conformismo, me gusta trabajar para conseguir lo que quiero, no sé cuan feliz sería si tuviera todo sin tener que preocuparme — No digo nada.
Es la primera mujer joven que escucho decir una cosa así, es que ella no deja de sorprenderme a cada segundo. ¿De dónde salió?
Y así seguimos comiendo, ella hablando de trivialidades, como su clima favorito, el otoño por el naranja de las hojas; su flor favorita, cerezos arboles de cerezos que al sacudirlos caigan y se metan en tu cabello. Musica favorita, cualquiera que te haga sentir identificado según el momento de tu vida que atravesas.
Ella es muy interesante, creo que no me había sentido como con ella nunca antes.
Terminamos caminando de vuelta al club, ella descalza sin ninguna vergüenza, solo disfrutamos de la brisa y diría con seguridad que nunca había estado tan tranquilo antes.
— La verdad Edward fue... fue muy bueno el tiempo con vos, nunca había hecho esto — me sonríe y puedo notar como le agarra escalofríos ante la brisa fría.
Me saco la chaqueta y la cubro.
— Déjame que te lleve a tu casa — sugiero porque no quiero dejarla sola. No estaría bien.
— Tengo que volver con mi compañera de vivienda — menciona sacando su teléfono. — Gracias por ofrecerte — se saca la chaqueta y me la devuelve.
Camina hacia un costado dejándome solo y la veo llamar por teléfono. La observo un momento pero mejor debería irme.
Voy a buscar mi auto sin poder quitar su imagen de mi cabeza.
¡Ya, solo es una mujer!
Salgo del estacionamiento y la veo ahí parada tiritando mirando su teléfono con el ceño fruncido y podría irme pero no puedo me freno en la acera a su lado.
— ¿Sigues acá? — me mira y suspira
— Si, no pude comunicarme con mi amiga y no puedo ir sin ella, no tengo llave — Sigue llamando con su teléfono y resonga.
Una idea surge y juro que no es con esa intención
— Si querés podes quedarte conmigo mientras la esperas — me mira dudosa y niega — Para que no estes acá pasando frio— vuelve a negar.
— No te preocupes la espero acá.
— Podemos quedarnos solo en el auto en el estacionamiento de mi hotel — mira su teléfono mientras sigue marcandole a su amiga.
— Solo para que no pase frio y me enferme ¿Verdad? — asiento sinceramente.
No la dejaría sola, seria muy poco amable.
— De acuerdo, gracias. — Sube al auto y al instante me siento extraño.
El viaje fue extremadamente corto, lo sentí muy corto, su perfume invadió mi auto y todo el viaje me sentí como embriagado por él, un olor dulce, floral muy atrayente.
¡Yo no vine para esto!
Llegamos al estacionamiento del hotel y solo nos quedamos ahí en el auto.
Siena me observa y yo a ella, muerde su labio inferior de forma suave y lenta.
Los observo y son llenitos, proporcionados, unos labios perfectos que solo pienso como se sentirían sobre los míos. ¡No, no vine a esto! Pero tenerla en el mismo espacio tanto tiempo es.... me hace sentir...
¡Ring! Su teléfono suena con lo que parece ser un mensaje. Lo observa y me mira.
— Emm mi amiga ya llego a la casa se había quedado sin batería — sonríe de lado apenada, pareciera.
– Oh, bueno te llevo a tu casa — vuelve a morder su labio inferior y puedo notar como traga saliva y me mira fijamente.
— Siena... — me mira y pestañea varias veces.
Sus ojos se ven brillantes, sus pecho sube y baja con su respiración mientras sus labios se abren gritandome que los bese.
— Dime.... — Susurra y me acerco solo un poco a ella.
— No está bien... yo me prometí que no, te lo juro... Siena yo no...
Me besa, pega sus labios a los míos y siento como todo mi cuerpo reclama su cercanía. ¡Maldición!
Paso mi mano por su nuca profundizando el beso, sus labios son suaves, dulces, calientes. ¡No es posible!
— Yo tampoco tenía esto en mente pero.... — su respiración agitada chocando con la mía se siente tan bien.
Vuelvo a besarla, porque si no lo hago siento que dejaría de respirar, es muy ilógico, pero es lo que siento y no puedo explicarlo.
— Hay cambio de planes creo — susurra en mis labios y asiento.
Quizás esto no está bien, pero ahora solo puedo sentir que necesito hacer esto, necesito seguir besándola, necesito más.
Ya escucho a mi madre diciendo "Liam Maxwell no deberías tener sexo con desconocidas"
Pero un detalle, Siena no es una desconocida, ella parece más cercana a mí que cualquiera que haya conocido.