Capitulo 4: Ojos grises

4119 Palabras
Eran cerca de las siete de la mañana y yo no podía dormir más. Me encontraba sumergida en esa enorme y cómoda cama incapaz de salir, el cielo estaba empezando a clarear a través de la inmensa ventana. Me incorporé un poco sin salir de debajo de aquella caliente y acogedora manta y me senté mirando hacia el mar. El sol comenzó a asomar por el horizonte sobre la superficie en calma del océano. El agua parecía terciopelo azul marino que se movía como si fuera seda, mientras que una inmensa llamarada de luz naranja y roja comenzaba a teñirlo todo desde la línea nítida del horizonte. Abrí mis ojos verdes de par en par, tremendamente conmovida por aquella imagen. Las nubes del cielo parecían huir del sol que poco a poco comenzaba a proyectarse a través del océano, surcando las suaves olas y haciendo brillar sus crestas, finalmente la oscuridad quedo completamente desterrada. Limpié en silencio una silenciosa lagrima de mis ojos. Nunca antes había podido ver un amanecer así, no podía imaginar que pudieran existir en el mundo aquellos colores, aquella imagen tan bella y era para mí, aquella mañana y todas las mañanas que quedaban en mucho tiempo. Sentí como mi corazón se llenaba, respiré hondo y miré a Lidia que estaba aun dormida. Su pelo n***o se esparcía por la almohada desordenado, tenia la boca ligeramente abierta y una suave respiración se escapaba de ella. Me levanté intentando no hacer ruido y me dirigí al cuarto de baño. El espejo era enorme, ocupaba gran parte de la pared de enfrente. Pude ver mi cara reflejada, estaba un poco ojerosa, pero me sentía tremendamente descansada. Las clases no empezaban hasta las nueve y media así que aún tenía tiempo de sobra para tomarme una ducha. Me desprendí de mi viejo pijama y entré en aquella ducha majestuosa. El agua salió a la temperatura perfecta y con un caudal grandísimo, me sentía como en una cascada. Al principio comencé a enjabonarme rápido hasta que recordé que allí no había restricción de agua. No quería abusar, pero nunca había podido disfrutar de una ducha así. Dejé que el agua relajara mis hombros y cubriera todo mi cuerpo, cerré los ojos y me perdí en el sonido que el agua creaba al cubrir mis orejas. Era una sensación maravillosa. Utilicé varios geles y un poco más de productos para el cabello de los que necesitaba, pero sentía que quería probarlos todos Cuando empecé a sentir que las yemas de mis dedos comenzaban a hincharse decidí salir. El baño estaba envuelto en una nube maravillosa de vapor, cogí una de esas toallas suaves y me sequé. Traté de adivinar como funcionaba aquel aparato para secar el pelo. Intentando no hacer mucho ruido peiné mi cabello y traté de secarlo. Aquello funcionaba muy rápido y dejo mi pelo con una sensación suave y sedosa que no había tenido antes. De repente pude ver mis reflejos rubios aflorar alrededor de mi cabeza y me sentí tremendamente guapa por un momento, pero enseguida sentí vergüenza y decidí agarrármelo hacia atrás con un recogido sencillo que despejara mi cara. Fui hacia el armario e inspeccioné el uniforme. Habíamos tenido que dar nuestra talla de ropa y calzado y ahora comprendía para qué. Me puse mi ropa interior y comencé a atarme la camisa, era suave y de calidad. Nunca había llevado algo tan bueno. Se ajustaba un poco alrededor de mi pecho, pero me venía suelta en el resto del torso. En el ultimo año mi pecho había crecido más de lo esperado y mi cintura se había afinado. Estaba muy delgada asique la falda me quedaba un poco suelta. Subí las calcetas que venían con el uniforme y me puse el chaleco sintiéndome más protegida así. Me miré en el espejo sintiéndome irreal. Aquella chica no podía ser yo. Parecía incluso una alumna más, sonreí para mí misma. -        ¡Te queda genial! - me di la vuelta para encontrarme a una Lidia medio dormida que se restregaba los ojos mientras bostezaba, su pelo parecía una maraña de nudos negros. - ¡qué bien hueles! - se acercó a mí y me olio. -        He probado todos los geles del baño- le dije con una gran sonrisa, ella me la devolvió y bostezando fue hacia el cuarto de baño y se encerró en él. Yo ya estaba lista y muy nerviosa. La noche anterior había rellenado las clases a las que quería asistir. Había elegido matemáticas avanzadas ya que me gustaban mucho y en mi colegio era de las mejores, además elegí biología, ciencias e introducción a la medicina. Había muchísimas clases y nos daban unos días para probarlas y decidirnos, así que pensaba probar esas por hoy. Cogí mi ordenador particular y pasé mi identificador. -        Buenos días señorita Astrid, son las ocho menos cuarto, las clases comienzan en menos de dos horas. Y la sala de comedor no estará abierta hasta dentro de quince minutos. ¿En que pudo ayudarle? Lis habló con su característica voz algo metalizada, observé la pantalla maravillada por aquella tecnología. -        ¿Dónde se encuentra el pabellón del comedor para desayunar? La pantalla se ilumino y cambió, apareciendo en ella un mapa detallado del colegio, el asistente me indicó donde me encontraba y el camino para llegar el pabellón del comedor. Incluso tenía la opción de guía, donde indicaba paso a paso el camino hasta allí. Aquello era maravilloso. Esperé impaciente a que Lidia terminara. Me quede de nuevo mirando hacia el océano, el sol ya estaba alto y se disimulaba entre las nubes. Por alguna razón la cara de aquel chico, Victor, vino a mi mente, sus ojos y como me había quedado hipnotizada en ellos la noche anterior. Pensé en lo arrogante que era, como andaba por ahí como si todo le perteneciera, como Daniel había dicho, creyéndose el dueño de todo. Pero seguramente así era, al fin y al cabo, era Victor Strauss, el heredero del mundo que conocemos, en su futuro estaba tomar las decisiones sobre todos los demás como ahora lo era de su padre. Suspire sintiéndome un poco perdida. -        ¿Cómo me veo? - una espléndida y sonriente Lidia había salido por fin totalmente arreglada y con su uniforme listo. Se vea imponente -        Creo que deberías quemar tu ropa y llevar eso siempre- se rio como una tonta y volvió a mirarse en el espejo haciendo poses. Su tez morena resaltaba con el blanco de la camisa haciendo que sus ojos marrones se vieran tremendamente profundos. -        Deberíamos ir a desayunar estoy hambrienta. -        He mirado donde es en el aparato- de repente el aparato emitió un pitido corto, nos miramos las dos sin comprender. -        Tienes un mensaje nuevo- la voz de Lis nos informó. Cliqueé en un icono pequeño parpadeante que aparecía arriba, al pulsarlo una conversación se abrió, en ella salía la foto de Patricia. -        Estamos Daniel y yo esperándoos en la sala común, ¿estáis aun en la habitación? Las dos nos quedamos asombradas mirando aquello. Podíamos comunicarnos entre nosotros a través de aquel aparato, tecleé un poco torpe que enseguida bajábamos y le di a un botón que ponía enviar, recibí un ok a cambio. Coloqué el aparato, que era el nombre cariñoso que le había puesto a mi ordenador personal, en una funda que venía con él, a modo de bandolera y me la colgué. Bajamos hacia la sala común. Estaba muy nerviosa y hambrienta. La sala común estaba tranquila a aquella hora, eran las ocho y cinco de la mañana. Daniel y Patricia estaban geniales con sus uniformes, ella había peinado su pelo hacia atrás en una coleta alta y parecía muy segura de si misma aquella mañana, creo que a todos nos había dado un empujón de ánimo llevar aquellos uniformes nuevos. -        Nunca había dormido tan profundamente- Daniel estaba sonriente y sus ojos azules brillaban mientras hablaba. - por cierto, creo que Aaron no quiere saber nada de nosotros, no me ha dicho una palabra desde anoche. Daniel se encogió de hombros y nosotras hicimos lo mismo, si él no quería saber nada de nosotros no íbamos a preocuparnos más. Seguramente se creía superior. Pasamos un poco desapercibidos entre los pocos alumnos que nos encontramos, con los uniformes ya no llamábamos tanto la atención y eso hizo que me sintiera aliviada. La mañana había empezado estupendamente y esperaba que aquello durara un poco más. Salimos fuera del edificio y me sentí reconformada al notar el frio aire del exterior en mi piel de nuevo. Por ahora era mi sensación favorita del mundo. Caminamos hasta el pabellón H donde estaba el comedor. Era un edificio grande un poco mas cuadrado que el resto. Entramos y había un pequeño hall que desembocaba en un largo pasillo. Hacia la derecha se abría una puerta ancha y dentro pudimos ver un mar de mesas colocadas de forma ordenada. Entramos quedándonos quietos cerca de la entrada. Había algunos alumnos desayunando, pero no había mucho bullicio. En el centro se alzaban varios expositores redondos que rebosaban comida de todo tipo. Nos miramos emocionados y fuimos hacia allí obviando las miradas curiosas del resto. Cogí una bandeja y comencé a llenarla con varias frutas, algunas piezas de bollería, leche, zumo, unos trozos de bacon tostado a cuyo olor no pude resistirme. Me hubiera gustando lanzarme contra todas aquellas cosas y comerlas todas, pero me contuve pensando en que mañana tendría todos aquellos manjares también para mí. Cuando todos llevábamos las bandejas llenas hasta arriba, nos sentamos en una de las mesas. Poco a poco el lugar se había llenado de alumnos, las mesas que nos rodeaban se habían ido quedando vacías como si no quisieran acercarse a nosotros. De repente una aguda y chillona risa atravesó mi cerebro. A unos cinco metros de nosotros estaban las chicas que se habían metido con nosotros el día anterior. Eran tremendamente creídas y ruidosas, actuaban como si todo el colegio estuviera mirándolas constantemente. Tres chicos más se unieron a ellas. Uno de ellos era Victor. Comencé a mirarlo sin poder evitarlo. Actuaba como si nada de lo que le rodeara le importara, comía en silencio ajeno al cacareo de sus compañeras y al ruido que hacían sus dos acompañantes, un chico alto de pelo castaño y complexión fuerte y otro un poco mas bajo pero muy robusto cuya mirada me aterraba un poco. Victor, era guapo, claro que lo era. Tenía unas facciones perfectas, una mandíbula cuadrada y unos labios carnosos que siempre tenían una mueca burlona. Me quede absorta mirándolo sin darme cuenta de que alguien me estaba asesinando con la mirada. La chica rubia de pelo corto se había levantado y lo abrazó por detrás mientras besaba su cuello y me miraba fijamente como retándome a seguir mirando a su chico. Aparté la mirada avergonzada cuando esta le dijo algo al oído y Victor me miro divertido. Quería sumergirme en mi comida y desaparecer -        ¿Qué te pasa Astrid? - La dulce voz de Patricia me saco de mi ensimismamiento. -        Nada, solo estaba pensando…- trate de calmarme y no mirar hacia la mesa de Victor. -        ¿Estabas mirando a esos? - Daniel me espeto un poco brusco, pero enseguida se relajó. - Son unos creídos, míralos actúan como si el mundo les debiera algo. Terminamos de desayunar y cada uno fue a su clase correspondiente. Ninguno había elegido matemáticas avanzadas asique me tocaba sola aquellas dos primeras horas. El aula era grande espaciosa y luminosa. Cada alumno tenia una silla espaciosa con una mesa que parecía tener un panel en ella. En el frente de la clase en vez de una pizarra había una fina y enorme pantalla de un material transparente que yo no había visto antes. Me quedé quieta sin saber muy bien donde sentarme. Decidí hacerlo en un sitio que había un poco apartado cerca de una de las ventanas. El resto de alumnos se quedó mirándome a mi paso. Me sentí tremendamente cohibida, me senté y me centré en mi aparato intentando no prestarles atención. -        Oye, chica nueva- la voz de una chica llamo mi atención, levanté la cabeza para ver como una chica rubia con una larga trenza y pecas en la cara estaba intentando decirme algo. -        ¿Es a mí? - respondí sin comprender. -        Si, escucha ese sitio esta ocupado, no te recomiendo que te sientes ahí- no parecía querer meterse conmigo solo ayudarme. -        ¿Por qué…- comencé a hablar, pero entonces un chico alto e imponente de ojos grises apareció detrás de la chica y la interrumpió. -        No te molestes Diana, esta gente parece no haber aprendido modales en su pueblo- la chica se quedo congelada en su asiento y me miró abriendo mucho los ojos -        Tampoco hace falta que me insultes, es mi primer día aquí- haciendo acopio de todo mi valor me levante alzando la voz un poco mas de lo que quería. El resto de la clase se nos quedo mirando. Victor arqueó sorprendido una de sus cejas y sonrió burlonamente, parecía muy sorprendido de que alguien le contestara. -        Para la próxima vez, ese es mi sitio. - pasó a mi lado apartándome con cuidado con una de sus grandes manos y acabando drásticamente con aquella conversación. Yo me quedé bloqueada cuando noté su cercanía y su perfume, ese perfume tenia algo que me dejaba petrificada. Mire hacia la chica a la que Victor había llamado Diana que me estaba señalando un asiento a lado de ella. Fui allí rápidamente mientras una mujer con un gran moño que parecía ser la profesora, entraba por la puerta haciendo que todos se callaran. -        ¿Como se te ocurre contestarle? - Diana me habló en un susurro. Me encogí de hombros sin saber que decir. Parece ser que allí todos tenían a Victor como un intocable. Lo miré disimuladamente, pero él miraba aburrido hacia adelante mientras sacaba un aparato parecido al que yo llevaba, pero mucho más fino y de líneas más elegantes. La profesora, que se llamaba Kate, me presentó escuetamente ante los demás alumnos. Escuché algunas risas cuando lo hizo, pero agradecí que no hiciera levantarme para presentarme. La clase comenzó y me di cuenta de que allí tenían mucho nivel. Aquello me encantó, era buena en esa materia y estaba encantada de poder mejorar. Además, los apuntes iban apareciendo en aquella pantalla, pero al mismo tiempo en mi aparato, donde podía modificarlos guardar las partes que quería, resolver allí mismo los ejercicios.., aquello hacia las cosas mucho mas dinámicas. -        ¿Alguien puede resolver este problema? - la profesora miró a la clase viendo que nadie levantaba la mano, no era un problema difícil pero tampoco quería llamar mucho la atención en mi primer día- ¿nadie? ¿Victor nos harías el favor? La profesora le pidió a Victor que lo resolviera, en lo que parecía decir que el era el chico mas avanzado en la clase. Este asintió y comenzó a escribir sobre la pantalla una solución que fue reflejándose en el problema de la pizarra virtual que teníamos enfrente. Comenzó a hacerlo bien, pero fallo en el ultimo tramo de la ecuación y vi que el resultado era incorrecto. -        Lo siento Victor, pero casi, no es correcto, lo cierto es que es un problema un poco difícil y nos ayuda a entender el tema que vamos a empezar hoy, si me permitís lo resolveré y así…- se interrumpió al ver mi mano levantada. Lo había hecho sin pensar, sabia la solución y tal vez era una buena oportunidad para ganar algún punto- ¿si señorita Logan? -        ¿Po…podría resolverlo? - mi voz salió un poco entrecortada y vi como la profesora me miraba sorprendida. -        Adelante- no pareció muy convencida, pero me dejo intentarlo, pude notar los ojos de los demás alumnos en mí. Comencé a escribir sobre mi pantalla, me temblaba un poco el pulso, pero pude hacerlo y terminé, ahora solo recé internamente porque no hubiera metido la pata. -        ¡Vaya! Es correcto, esta perfecto señorita Logan, veo que en su colegio le enseñaron los logaritmos neperianos, me alegra saber que podrá alcanzar rápidamente el nivel de la clase. – la profesora parecía muy satisfecha y escuché un pequeño rumor de sorpresa detrás mía. Miré sin poder evitarlo hacia Victor, sus ojos grises me escrutaban de una forma intensa que hizo que me ruborizara. El resto de clases transcurrieron tranquilamente. Me sentía siempre rodeada de miradas incomodas y cuchicheos, en algún cambio de clases había escuchado algún insulto, pero decidí ignorarlos y centrarme en prestar atención que es a lo que había venido. Quedé con el resto en el comedor a la hora de la comida. Todos habían tenido experiencias parecidas a las mías en sus clases. Daniel y Lidia coincidieron en la mayoría de asignaturas y estaban más contentos que Patricia y yo. Patricia tenia un semblante de derrota en la cara cuando nos reunimos. Se veía una chica sensible y seguramente los insultos la habían afectado mucho. Comimos demasiado, igual que desayunamos, para nosotros aquella cantidad de comida era demasiado tentadora. Patricia nos habló de su casa, que tenia dos hermanos gemelos, ella también vivía en una granja como yo, pero la suya era de animales. Ella tenia un novio en su ciudad y tubo que dejarlo con él al venir, parecía muy entristecida por ello. Yo nunca había tenido pareja. Di mi primer beso con trece años con un chico llamado Jacob en la escuela, pero no me gustaba mucho solo lo hice por curiosidad, pero nunca había conocido a ningún chico que llamara mi atención lo suficiente. -        Hemos visto a Aaron, coincidimos con él en una de las clases- Daniel dijo esto mientras mordía con emoción un gran trozo de pollo- parece que ya ha hecho amigos -        ¿Tan pronto? - les pregunté sorprendida. -        Lo vimos en el cambio de clase con otros tres chicos, nos insultó al pasar como si él no hubiera venido con nosotros ayer, de verdad que no puedo entender a la gente- Lidia hablaba tremendamente airada. Me dio pena escuchar eso. Y me sentí mal por ver como todos nos veían en aquella escuela. No entendía por qué. Nosotros vivíamos en terribles condiciones para que ellos pudieran vivir así y aun de esta manera no parecía suficiente castigo, como si nosotros fuéramos alguna clase de animales. La alarma sonó indicando que quedaban diez minutos para el inicio de las clases. Me quedaban dos horas mas de introducción a la medicina. Cuando terminaron tenia la cabeza sumida en el caos, en esa asignatura debía de estudiar siete temas antes de poder comenzar a ponerme al día, ya que iban muy avanzados y había muchos conceptos. Nos reunimos en la sala común al terminar. Me dolía la cabeza de mirar tanto a la pantalla de clase, no estaba acostumbrada a ese brillo. Daniel propuso probar las maquinas de videojuegos que habían allí, pero les dije que fueran ellos yo prefería ir al apartado de biblioteca en el que nos habíamos refugiado el primer día. Aquel sitio era tranquilo y no había visto a nadie allí aun, además amaba leer historias sobre cualquier cosa, me sentía como en casa entre aquellas paginas de papel. Entré en el lugar observando aquella inmensidad de libros y el olor característico de las paginas y las cubiertas de cuero. Me sorprendió mucho que conservaran aquello, me pareció incluso un gesto algo nostálgico que no pegaba con el resto del colegio. No sabía por dónde empezar, la biblioteca de mi antiguo colegio era tremendamente escasa y la mayoría de libros eran enciclopedias anticuadas y manuales varios, pero allí todo lo que había era novela de misterio de terror, de amor de aventuras… todo lo que una devoradora de libros como yo podía desear. Me fijé en un libro rojo en concreto, que estaba en lo alto de una de las estanterías, la cubierta era de cuero con relieve y el color rojo intenso de esta, se veía contrastado con unas letras doradas. Llamaba mucho la atención, pero estaba demasiado alto para mí. Miré a mi alrededor en busca de una escalera, pero como no la encontré decidí intentar trepar por la estantería de madera. Puse mi pie con cuidado en la estantería de abajo intentando coger altura cuando alguien me interrumpió haciendo que casi perdiera el equilibro. -        Lleva cuidado o vas a estropear los libros- la voz cabreada de Victor hizo que diera un respingo cayendo hacia atrás- ¿es que no sabes usar la escalera? Lo miré sobresaltada. Su imponente cuerpo estaba muy cerca de mí con posición amenazante. Una de sus fuertes manos se apoyaba en las estanterías. Se separó de ella y fue hacia una de las esquinas de la estancia y sacó de detrás de una cortina una pequeña escalera de tres peldaños y la trajo hacia donde estaba. -        La mayoría de estos libros son únicos e imposibles de conseguir ahora, deberías de tener más cuidado- me miraba furiosos, sus ojos grises me estaban fulminando. Lo miré asustada otra vez sintiéndome como una niña pequeña a la que están regañando.   -        Lo… lo siento solo quería aquel libro, no podía alcanzarlo- señale nerviosa hacia el libro rojo que había iniciado todo aquel lio.     -        ¿Es que te gusta leer? - su tono se suavizó un poco y ahora me miraba con incredulidad.   -        Si, en la ciudad nos enseñan a leer si es lo que vas a decir, se que solo soy una rural apestosa, pero me gusta leer y mucho- le conteste cabreada, comenzaba a estar un poco harta de aquella actitud condescendiente. Se rio sorprendido, su fuerte mandíbula se movió de una manera hipnotizante y me quede mirando sus labios carnosos, puso las manos delante de él como pidiendo que me relajara. -        Tranquila, solo era una pregunta, pareces un poco alterada. Su ceja se arqueó y me sonreía burlonamente, yo notaba un calor interno de rabia. Se acercó hacia mi y de nuevo pude notar su perfume inundarlo todo, me quedé quieta observando como su enorme torso se acercaba a mí, otra vez me sentí desarmada incapaz de moverme, pero él me ignoro de nuevo y estirándose un poco señalo al libro rojo. -        ¿Este es el libro de querías? - me preguntó mientras lo alcanzaba, yo asentí sin comprender. Lo bajó para mi y lo sostuvo entre sus manos, sus dedos largos lo abrieron y recorrieron con un cuidado exquisito las páginas, luego lo cerró y me lo entrego. -        Toma, aunque no es un buen libro, la narración es un poco lenta y tiene muchos errores. - me habló ahora seriamente mirándome muy fijamente a los ojos. Me perdí en esa mirada penetrante suya- no deberías juzgar un libro por su portada. Este libro es mucho más entretenido, si te gustan las historias de misterio y aventura. Se separó de mí y con unos movimientos rápidos fue hacia otra de las estanterías, se concentró en encontrar un libro en particular hasta dar con él. Se agachó un poco para cogerlo y pude ver como su camisa se apretaba contra una espalda musculosa y ancha. Aparté la mirada rápidamente mientras venia de nuevo hacia mí, con un movimiento rápido tiro su pelo n***o hacia atrás y me entrego un libro gris cuya portada estaba tremendamente desgastada, apenas se podía leer el titulo “El hombre del árbol” nunca lo había leído, lo observe con curiosidad. -        Ese si que es un gran libro, aunque no llame tanto la atención. - me miraba esperando alguna reacción por mi parte. Yo asentí y le devolví el libro rojo, el lo cogió y volvió a colocarlo en su sitio. Me sonrió de una manera divertida- espero que te guste Astrid. Dijo mi nombre lentamente y me quedé paralizada, se acordaba de mi nombre, pero no pude decirle nada más, él se marchó de la misma manera que había entrado y me dejo allí plantada aun rodeada de su olor. Se acordaba de mi nombre cuando lo dijo la profesora, aquello me sorprendió, sujeté el libo entre mis brazos con fuerza, sintiéndome tremendamente confundida. Incluso aun teniendo un detalle parecía hacerlo con desdén como si no fuera la gran cosa. Me ponía de los nervios aquel chico, no sabía que pensar. Pero al menos había sido algo parecido a amable y teniendo en cuenta como se comportaban los demás aquello era algo a agradecer.
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