El Juicio del Silencio

2797 Palabras
La madrugada en la fortaleza de la Garra de Bronce no trajo descanso, sino el amargo sabor de una confrontación entre hermanas. El aire en los aposentos reales estaba viciado, cargado con el rastro del bosque que Kaia traía en su piel tras su noche con Jaxon y el aroma a indignación de los libros de magia que Lyra no había dejado de consultar. El Choque de las Reinas de Invierno Eran las cuatro de la mañana cuando Kaia entró en su habitación, encontrándose con la mirada acusadora de sus hermanas. Lyra y Selene la esperaban como jueces en las sombras. Era la primera vez después de varios eventos en la fortaleza que las hermanas se podían reunir a solas sin la presencia de ninguno de los hombres de la fortaleza. —¿Sabes siquiera quién es el hombre al que te has entregado? —escupió Lyra, su voz temblando por la falta de sueño y la indignación—. He leído los registros, Kaia. Jaxon no es solo un ejecutor. Su linaje es el de los Centinelas del Sacrificio. Sus antepasados fueron los verdugos de nuestra manada, los que usaron su fuerza bruta y su frialdad para encerrar a nuestra gente por orden de Anuk. ¡Estás durmiendo con el carcelero de tu propia sangre! Kaia se detuvo en seco. La revelación fue como un latigazo, pero no por la culpa, sino por la intrusión. La imagen de Jaxon protegiéndola de Malphas y su paciencia durante su transformación cruzaron su mente. Ella no veía a un verdugo; veía al único hombre que no la había tratado como un trofeo místico. —Basta —dijo Kaia, su voz peligrosamente baja. —¡No basta! —intervino Selene, dando un paso al frente—. Estás deshonrando a Elena. Mientras ella sufre en esa cueva, tú te revuelcas con el descendiente de quienes la sellaron. Es una traición, Kaia. El silencio que siguió fue roto por el sonido seco de un golpe. ¡Plas!... Kaia, con la velocidad de la loba guerrera que Jaxon estaba forjando, abofeteó a Selene. El impacto hizo que la cabeza de su hermana se girara bruscamente, dejando una marca roja en su mejilla pálida. Lyra se alejó un poco de la escena, ya había recibido un golpe de esa magnitud cuando interceptó a Kaia junto a Jaxon. —¡Estoy harta!...Vuelven a atacar a mi hombre y será lo último que hagan con esa lengua las dos—sentenció Kaia, sus ojos grises brillaban con una furia letal—. Yo hice un Pacto de Protección. Jaxon me ha dado un lugar cuando ustedes estaban siendo protegidas por su mate, por destino, por ley de nuestra Luna. Los ojos de sus parejas estaban en ustedes, mientras yo sufría para proteger a mi hermana. Mientras ustedes se transformaban bajo la protección de la fortaleza y su mate; yo estaba siendo humillada por uno de los Ébano que me despojo de mi ropa para abusar de mí. Esa bestia con el linaje inferior, descendientes de traidores a nuestra manada, como se refieren a Jaxon, fue a mi rescate. Se aseguró que su Alfa estuviera bien, regresó y se convirtió en mi escudo cuando estaba retorciéndome de dolor en medio del bosque. Las palabras de Malphas resuenan en mi mente una y otra vez. “Loba sin manada, sin alfa y sin mate” ¿Qué somos, queridas hermanas?... Una vieja leyenda para este territorio que fue conquistado por los Bronce y los Ébanos mientras el cobarde del chamán de nuestra manada hacía conjuros para que sobreviviera el linaje. A qué costo tan grande. No tenemos territorio, nuestra gente está dispersa, asustada y sin entender qué rayos nos hicieron. Ocultar a una manada completa… Crecimos creyendo que éramos humanas. Sufrimos las mismas penurias de un mortal común, teniendo una bestia que podía defendernos. Soñábamos con casarnos con un buen hombre, tener hijos y emprender en nuestros negocios o proyectos personales. ¡Yo me creí eso!...—Kaia subiendo un poco la voz… Aquí estamos dándonos de frente a una realidad, que somos licántropos, obedecemos las leyes de una manada. Algo que confieso les envidio a los Bronce y Ébano. Kaia respiraba profundamente mientras escupía toda la rabia que llevaba por dentro, ante las miradas de sorpresa de sus hermanas. Quieren más: Mientras ustedes se unían místicamente a sus hombres, yo era el sujeto de lujuria de toda esta manada. Si quieren algo de mí, si quieren que colabore para salvar a Elena, él estará a mi lado. Me siento culpable de encerrar a mis hermanas en esa cueva, pero sé que la única forma de ayudarlas es volver como una loba guerrera a lado de un hombre como Jaxon. Creen que sus mates las dejarán regresar allá, con suerte tú, Lyra, por tener el conocimiento para deshacer la estupidez de Anuk, tal vez Silas te permita estar a su lado. Acepten mi decisión o considérenme una extraña, pero que sea la última vez que le faltan el respeto a mi hombre. Ahora lárguense, tengo que prepararme para entrenar. Selene se llevó la mano a la cara, las lágrimas de rabia cubrieron sus ojos. No comprendía que Kaia ya no era la hermana que necesitaba ser salvada; era una mujer que había encontrado su propio tipo de poder en las sombras. La Convocatoria del Alfa Lo que las hermanas no sabían era que sus gritos y el enfrentamiento físico no habían pasado desapercibidos. En una manada de lobos, las paredes tienen oídos y los instintos están alerta. Varios hombres de la guardia habían escuchado la disputa, y el rumor de la insubordinación de las "invitadas reales" llegó rápidamente a oídos del Consejo. Al amanecer, mientras Jaxon y Kaia intentaban retomar su rutina de entrenamiento en el patio, fueron convocados de urgencia al Gran Salón. Caleb presidía la mesa, cerca de él, Hakon y los ancianos. Su rostro estaba demacrado; la falta de Elena lo estaba consumiendo, y cualquier distracción interna estaba atentando con la poca paciencia que tenía. Lyra y Selene ya estaban allí, escoltadas por sus respectivos mates, Silas y Bastien, quienes lucían visiblemente incómodos por la conducta de sus mujeres. —Jaxon —dijo Caleb, su voz resonando con la autoridad de un Alfa herido—. Se reporta una alteración del orden en los aposentos. Se dice que hubo agresiones físicas y acusaciones contra tu linaje. Como guerrero de esta manada, debes hablar. ¿Hubo un enfrentamiento? Jaxon, cuya lealtad a la jerarquía era inquebrantable, se mantuvo firme, con Kaia un paso detrás de él en un silencio absoluto. —Hubo una conversación, Alfa —respondió Jaxon con frialdad—. Las leyes de la manada prohíben atacar el honor de un guerrero que ha sellado un Pacto de Protección. Lyra faltó a esa ley. Kaia respondió como mi mujer. En la madrugada de hoy, tanto Lyra y Selene, interceptaron a mi mujer en su aposento para nuevamente cuestionar su unión a mí. Mi mujer me confesó lo ocurrido entre ellas. Hakon golpeó su bastón. —Lyra es la mujer de Silas, pero no está por encima de nuestras leyes. Su rebelión y sus constantes ataques a la estructura de la Garra de Bronce están retrasando el rescate de nuestra Luna. El egoísmo de estas lobas blancas está poniendo en riesgo a toda la montaña. Es inaceptable que las hermanas no se comporten a la altura de sus parejas que además de ser miembros élite de esta manada son grandes guerreros—sentenció Hakon Selene miró a Kaia, no podía creer que le había dicho la conversación que tuvieron a solas a Jaxon. El Castigo: Las Celdas del Aislamiento Caleb miró a Lyra y Selene. Veía en ellas el reflejo de lo que le faltaba, y su paciencia se quebró. —Me molesta la falta de reconocimiento a la ley que nos protege —sentenció Caleb, levantándose de su trono—. Creen que su sangre real puede sembrar el caos en mi manada. Su egoísmo y desobediencia solo empeoran la situación de Elena. Si ella estuviera aquí, se avergonzaría de ustedes. Lyra intentó protestar, pero Caleb levantó la mano, aquel gesto fue una presión del Alfa que inundó la sala, obligándola a agachar la cabeza. —Selene, has apoyado la insurrección de tu hermana en lugar de moderarla —continuó Caleb—. Por la deshonra causada a vuestros mates, el irrespeto a un “pacto de protección” entre guerreros y la violación de la paz de la fortaleza, sentencio a ambas a 48 horas en las Cabañas de Aislamiento. Un jadeo colectivo recorrió la sala. Las Cabañas de Aislamiento eran jaulas de castigo situadas en el perímetro exterior. Eran estructuras de piedra y madera sin ventanas, aisladas del sol, del aire fresco y de cualquier contacto visual con el bosque. Eran "cajas de silencio" donde los lobos perdían la noción del tiempo. —Silas, Bastien —ordenó Caleb—. Deben llevarlas allí. Despójenlas de sus ropas y de cualquier objeto o cosa que quieran llevar. Solo tendrán una colcha y el alimento básico. Hakon sellará las puertas con el conjuro de supresión; sus lobas no podrán emerger mientras estén dentro. Tendremos que prescindir de ustedes, mientras custodian el perímetro de las cabañas en forma de lobo para asegurar que nadie, ni un humano ni una bestia, viole su encierro. Lamento que tengan que pasar por esto, pero sus mujeres aprenderán más de la lealtad y las normas de una manada pasando por este castigo y sentir a su compañero aullando de pena. Silas y Bastien, con el corazón apretado por el dolor de ver a sus parejas destinadas en tal estado, no tuvieron más remedio que obedecer. La ley del Alfa era absoluta. La Agonía del Silencio El proceso fue degradante. Lyra y Selene fueron conducidas a las afueras de la fortaleza. En las pequeñas cabañas, que olían a humedad y tierra vieja, fueron despojadas de sus vestiduras de seda y piel. Se quedaron solo con su piel desnuda ante el frío cortante, cubiertas por una manta áspera que picaba contra su carne delicada. Hakon realizó el ritual, trazando runas de plata sobre los pesados cerrojos de hierro. Ambas hermanas sintieron un vacío repentino en su interior: la conexión con sus lobas blancas fue cortada abruptamente. Estaban solas, atrapadas en un hueco en la tierra, con el silencio como única compañía. Afuera, Silas y Bastien se transformaron. Sus lobos bronceados, masivos y tristes, empezaron a patrullar a una distancia respetuosa. Podían sentir el pánico y el frío de sus mates a través del vínculo, pero no podían hacer nada para aliviarlo. Era un recordatorio brutal de que en la Garra de Bronce, la lealtad a la manada estaba por encima de caprichos y consideraciones personales. Los aullidos de sus mates atormentaban a las hermanas, no tenerlos a su lado, su calor, su protección su apoyo era un filo en sus corazones. La Verdad del Verdugo Una vez que las hermanas fueron llevadas, el silencio en el salón se volvió sepulcral. Caleb se sentó de nuevo, mirando a Jaxon. —Ahora que estamos solos, Jaxon... habla sobre lo que Lyra descubrió. Jaxon dio un paso adelante. Kaia, firme a su lado, le apretó la mano, dándole la fuerza que el guerrero nunca supo que necesitaba. —Es verdad, Caleb —dijo Jaxon, su voz resonando con el peso de los siglos—. Mi linaje, la línea de los Centinelas, fue contactada por Anuk para hacer el trabajo sucio. Mis antepasados no eran solo guerreros; eran los que tenían la fuerza física para mover las piedras de cuarzo y la frialdad mental para no escuchar los lamentos de quienes quedaban dentro. Llevo la marca del carcelero en mi sangre. Todo a cambio de tener una fuerza superior al resto de los lobos de la manada. Fue el pacto de ese chamán con los centinelas. El Alfa de ese momento quería lobos leales, grandes perros de combate que despedazaran a cualquier enemigo. Por eso a los Ébanos les ha costado controlar nuestra manada. Caleb cerró los ojos, asimilando la información. —Si tu sangre selló la puerta, Jaxon... tu sangre es la única que puede garantizar que el ritual de Lyra funcione sin que la cueva colapse. Eres la llave, no por elección, sino por herencia. —Así parece, Alfa… El problema es que las hermanas odian la idea de que Kaia sea mi mujer, siendo el descendiente de los guerreros que contribuyeron a ese sacrificio. —Es absurdo, todo empezó con el Chamán y prácticamente el ejecutor de esa manada, ese Anuk, no midió las consecuencias de su plan. Veo que Kaia está a gusto con su unión y ha respetado las leyes de la manada. Caleb le pidió a Kaia que se acercara. La chica volvió a ver a la cara a su marido para su aprobación. Los susurros del consejo ante la total entrega de aquella loba blanca, sorprendía. ¡Increíble!... Ella no hace nada sin la aprobación de su protector… Está muy bien entrenada por ese perro de guerra…—susurraban los ancianos del Consejo. Caleb observó aquella escena sin emitir ningún gesto o mirar a los ancianos susurrar. Estaba impresionado por el grado de sumisión y entrega de los guerreros. —Admiro tu grado de obediencia y sumisión guerrera Kaia. Dudaba que pudieses cumplirla porque te debes completamente a Jaxon, ante la vista de muchos parece humillante. Has estado bajo la mirada curiosa de la manada de ver una sumisa a su amo, porque es la regla de una unión de protección. Es la parte más salvaje de una manada, contrario a la unión mística bajo la Luna. Te acepto como parte del equipo de guerreros de la manada, pero la decisión final será de Jaxon. Jaxon es una facción de guerreros muy importante de esta manada y ellos participarán en la campaña para rescatar a tu hermana Elena. Aunque estés entrenada, quiero dejarte claro que para salir de la fortaleza solo Jaxon puede autorizar tu participación. Hakon en nombre del Consejo pidió la palabra. —Alfa Caleb, aunque soy un creyente de las tradiciones, tampoco nos oponemos a la decisión de Jaxon de tener a su mujer en la campaña de rescate de nuestra Luna. Este consejo ha estado atento a la postura de la loba blanca Kaia y evidentemente es respetuosa de nuestras leyes. Caleb puso su mano sobre los hombros de Kaia. Era la forma de un Alfa reconocer y aceptar a un guerrero leal a la manada. Sobre todo leal a una de las leyes más primitivas como la “unión a un protector”. —Jaxon, les ordenó que suspendan su entrenamiento por hoy. Kaia no ha tenido un momento de descanso y diversión. Sé lo brutal que es esa unión tanto física como mental y emocional. Jaxon afirmó con su cabeza, obedeciendo el mandato de su Alfa. Tomó a su mujer y se retiraron del recinto La Sombra de los Colmillos de Ébano Mientras la Garra de Bronce se consumía en sus conflictos internos y castigos, a muchos kilómetros de allí, la atmósfera era muy diferente. En el territorio de los Colmillos de Ébano, el Gran Alfa Nor observaba un mapa de los Montes de Hierro. Su manada no conocía la piedad ni las leyes del honor; solo conocían la conquista. —Los Bronce están divididos —siseó Nor, sus ojos amarillos brillando con una ambición insaciable—. Se pelean por las hembras blancas como si fueran cachorros por un hueso. No saben que los Lobos Blancos no son un premio, son una plaga que debemos exterminar antes de que reclamen sus tierras ancestrales. Esas tierras ahora son mías. Nor golpeó el mapa justo donde se ubicaba la fortaleza de Caleb. —Si las hermanas blancas logran agruparse, el equilibrio de poder cambiará. Debemos atacar mientras el Alfa de Bronce está debilitándose por la falta de su Luna encerrada. Borraremos a los Bronce y usaremos la sangre de las lobas blancas para fertilizar nuestro nuevo imperio. Que se preparen, porque la oscuridad del Ébano no dejará ni un rastro de nieve tras de sí. Jaxon y Kaia deciden relajarse siguiendo el mandato de Caleb. El hombre fuerte hizo una mochila con comida y bebida, se acercó al aposento de Kaia que estaba lista con su uniforme de combate. Para ella las túnicas y trajes elegantes femeninos estaban prohibidos. —Iremos a un lugar especial—le dijo Jaxon a su mujer. Salieron de los portones de la fortaleza sin dejar claro el destino. Mientras tanto, Lyra y Selene comenzaban su primera noche de aislamiento, y en las sombras del bosque, sus mates en guardia.
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