La pesadillas se había vuelto realidad, la oscuridad cada vez estaba más cerca de mi, un segundo más y me tendría cubierta y quizás nunca me dejaría ir. No se siquiera cuanto tiempo había pasado pero la oscuridad literalmente había llegado, la noche estaba presente. Tome mi cabeza un momento cerrando los ojos tratando de alejar cada palabra dicha por mi padre, aquel que creí era el único que me amaba y entendería mis razones para estar con alguien como Max. -¡Max!- abrí los ojos mirando a mi alrededor, debía llamarlo o ir de inmediato a su departamento. Busque mi teléfono por toda la habitación hasta que finalmente cai en la realidad de dos cosas, mi teléfono no estaba en ninguna parte y esta no era mi habitación. -¿Donde demonios estoy?- me levanté aún con la habitación a oscuras sol

