El hijo del patrón cambia Perspectiva: Mariana El Mercedes-Benz n***o regresó con la puntualidad de una sentencia judicial. Cuando cruzó el arco de entrada el primero de septiembre, la niebla de Montana ya no era una sugerencia otoñal; era una helada madrugadora que congelaba los charcos de agua del patio de la administración, convirtiéndolos en espejos de vidrio quebradizo que estallaban bajo las llantas del auto de lujo. Ver marcharse a Alessio aquel día fue como ver una película a la que le hubieran quitado el color. Subió al asiento trasero con sus vaqueros de trabajo guardados en una caja de cartón y la pequeña yegua de madera que yo le había tallado escondida en el bolsillo de su abrigo de paño fino. No me miró a los ojos cuando se despidió; mantuvo la vista fija en las montaña

