Teniendo en cuenta las burlas y los traumas por los que tuvo que pasar la mujer durante su infancia, Issac pensaba que todo lo que estaba haciendo en el momento con los niños a los que mataba era un reflejo de su inconsciente lastimado. Le comentó que cuando empezó a tener el dinero suficiente para hacerse todos los arreglos necesarios se sintió realizada, como si su vida solo girara en torno a su parte estética. Muchos de los hombres que la rechazaron antes estaban totalmente arrepentidos, al verla quedaban totalmente deslumbrados, ahora era una mujer voluptuosa, de cabello hermoso, con una sonrisa de ensueño y todos los lujos que cualquiera quisiera tener. La mujer quería seguir hablando con él, de alguna manera sentía que le posibilitaba entender muchas cosas de su vida. No obstante, la misión de Isaac era intentar descubrir el porqué esa mujer hacía lo que hacía. Fue donde Antonio y le explicó la situación, a pesar de que este era un poco insensible con esos asuntos entendió todo lo que estaba pasando. Sin embargo, tenía mucha rabia con ella por lo que había hecho, así que, aunque su problema viniera desde la infancia, quería que pagara para que no lo volviera a hacer con nadie más. Le pidió a Isaac no intervenir en su forma de tortura, ya lo había decido y quería que se llevara a cabo. Con las demás personas podrían intentar hacer una especie de cambio en su modo de pensar, tal como Isaac quería, pero ella iba a ser su último y excepcional caso. A Jimena le da un poco de lástima la situación de ella, de alguna manera era mujer y comprendía que a veces se pasa por momentos difíciles, aunque lo que había cometido llegaba a los límites de la maldad, por eso no intervenía mucho en su caso. Carla se quedaba vigilando las cámaras para saber en qué momento la mujer iba a ceder por la comida. Al siguiente día lo hizo, ella estaba allí, casi quedándose dormida cuando vio que tomó el cortauñas muy decidida, en ese momento llamó a Antonio, Isaac y Jimena para que vieran lo que estaba pasando. Allí vieron una imagen un poco cruda, estaba gritando que la ayudaran, que prometía cambiar, lo único que no quería era tener que automutilarse, le parecía que eso era realmente perverso. A sus verdugos les daba un poco de risa, ya que le parecía que era muy malo automutilarse, pero matar a los niños no le parecía un acto vergonzoso.
Tomó el cortauñas grande que le había dejado Antonio a su disposición, tomó su uña, pero no se sentía capaz de jalarla, lloraba y la miraba una y otra vez, como si estuviera al borde de la desesperación. Hubo un momento en el que se decidió, la tomó casi desde la mitad para poder arrancarla por completo, la apretó y empezó a jalarla, parecía imposible continuar, era muy difícil ejercer una fuerza que iba a proporcionarle un dolor atroz. Así mismo, empezó a mirar a las cámaras que sabía que tenía enfrente y les decía que por favor alguien le ayudara, que estaba dispuesta a perder sus dos uñas pero si alguien lo hacía, ella misma no podía. Antonio bajó y le dijo que su petición no le sería cumplida, lo que quería precisamente era que ella superara sus propios umbrales del dolor y lo hiciera pensando en todo el daño que había causado, era la única forma en que, según su concepción, podría librarse de la culpa de sus crímenes. La mujer lo vio tan decidido que ni siquiera quiso seguir pidiéndole eso, le dijo que se fuera, ya sabía que la estaban vigilando por medio de cámaras, pero no quería que viera su sufrimiento de frente. Antonio no se fue, quería precisamente lo contrario, además, para cuándo lo hiciera estaría ahí para acercarle su plato de comida. La mujer con rabia, dolor e indignación apretó fuerte su uña, miró hacia arriba y la jaló en su totalidad, logró arrancarla completamente, su dedo quedó muy lastimado, le era imposible detener la sangre. El cortauñas con la uña allí lo tiró al piso, ya no quería saber nada más, el dolor era tan extremo que no sabía si iba a poder continuar con la otra. Le pedía a Antonio que tuviera piedad, que al menos ya lo había hecho con una uña, ahora quería un poco de comida, así fuera la mitad, pues a fin de cuentas, cumplió el pacto a medias. Antonio de nuevo se negó a su petición y le puso un nuevo requisito para acabar de empeorar todo. Le dijo que, si no se arrancaba la otra en menos de 5 minutos, contando desde ese preciso momento, tendría que mutilar otra parte de su cuerpo para poder acceder a la comida. Si lo hacía ya se la entregaría, pero si no, la próxima parte que tendría que cortar sería un cuarto de su oreja.
La mujer solo se quejaba, no podía creer que hubiera una persona que disfrutara tanto viendo sufrir a otros, aunque si se ponía a pensar, caía en cuenta de que era lo mismo que ella hacía, solo que por dinero. Sin embargo, a los niños no los torturaban para morir, siempre se aseguraban de que fuera algo rápido y lo menos doloroso posible, contrario a lo que él estaba haciendo. Puso el cortauñas en su otro dedo mientras temblaba, no podía casi ni asegurarlo bien porque sus manos ya no le estaban respondiendo, el dolor se había adueñado de cada parte de su cuerpo, su boca temblaba y estaba incluso saliéndole algo de babaza. Antonio seguía haciendo presión, le dijo que ya habían pasado 2 minutos, si antes de que se acabaran no lo lograba su comida dependería de lo que hiciera con su oreja. La mujer desesperada y con miedo de que Antonio cumpliera con su promesa arrancó la otra rápidamente, sus gritos se escuchaban muy fuerte, las personas que estaban en la sala de la cámara de seguridad estaban realmente aterradas con lo que Antonio era capaz de hacer. Incluso Jimena se cuestionaba si en algún momento ella lo traicionaba sería capaz de hacerle una cosa así. En su mirada se veía que no tenía ningún tipo de remordimiento, como si estuviera disfrutando el sentir que estaba haciendo justicia de esa manera, pero, ¿hasta qué punto las personas podían aprender a las malas? Esa es la pregunta que los qué se hacían, Antonio en una persona que no se dejaba cuestionar fácilmente, cuando se le metía una idea en la cabeza continuaba con ella hasta que ya no le funcionara más. La mujer lloraba mientras manchaba todo su regazo de sangre, Antonio en ese momento cogió el plato de comida y se lo puso justo encima de sus piernas, la felicitó con un tono de ironía y le dijo que ya podía empezar a comer. A pesar del dolor que tenía el hambre era muy fuerte, la mujer tomó la cuchara con la otra mano que no tenía aun lastimada y empezó a comer, tragaba la comida casi que entera, ni siquiera tenía fuerzas para masticar, toda su quijada estaba temblando y sus manos le ardían terriblemente.
Antonio la dejó sola para que comiera más tranquila, le dijo que se preparara porque su próxima misión iba a ser mucho más dolorosa, si ella no había pensado en el dolor de las madres que habían perdido a sus hijos, de los hermanos y familiares que hasta el día actual seguían sufriendo sus pérdidas, él se lo recordaría de la peor manera. Tiró la puerta con un poco de mal genio y la dejó allí, la mujer realmente estaba arrepentida por todo lo que había hecho, nunca pensó que hubiera una persona que se dedicara en su vida solamente a hacer que los demás pagaran de la peor manera. Por más que sus hombres de seguridad la buscaban no la encontraban, era como si se la hubiera tragado la tierra, toda su organización se estaba desmoronando, las personas a las que ella les vendía los órganos de los niños estaban alteradas porque no habían vuelto a recibir nada de mercancía. Del mismo modo, sus hombres estaban siendo sacrificados por otros cárteles, quienes se aprovecharon de la ausencia de la mujer para tomar posición en el país y manejar todo el mercado n***o. Todo se estaba yendo al piso, incluso cuando saliera de allí tendría que volver a construir su imperio, si es que le quedaban ganas de volver a hacer ese tipo de negocios. Cuando Antonio se reencontró con sus colaboradores ninguno podía decir nada, solo le miraban con mucha inquietud, ni siquiera su amigo Isaac se imaginó que tuviera el corazón tan frío, aunque ella hubiera hecho muchas cosas malas, para Isaac parte de su inconsciente psicológico tenía la culpa, así que de alguna manera eso condiciona a los seres humanos. Sabía que no podía cuestionarlo mucho, menos en ese tema, sí Antonio no soportaba algo era el maltrato a los niños y a los animales, pensaba que ambos merecían una oportunidad innegable porque son seres irracionales. Aunque muchas personas digan que los niños poseen razón, no es así, hasta que no adquieren el lenguaje no pueden discernir sobre las cosas que ocurren, son como los animales. En ese sentido aún le quedaba una tarea pendiente, a saber. capturar al jefe Marcos, quien había matado a su gato y que además se había encargado de hacerlo un fugitivo al haberlo entregado a las autoridades.
Lo que Antonio no sabía era que Marcos ya se le estaba adelantando, tenía todo un equipo de búsqueda para atraparlo, o al menos hacerlo pagar con alguien de sus personas queridas por haberse fugado de la cárcel. Marcos reconocía que estaba un poco asustado, sabía que Antonio era una gran piedra en el zapato, era un hombre muy frío, a quién no le importaba hacer lo que fuera con tal de cumplir su cometido. Había reforzado mucho su seguridad y ya no salía casi, no se pensaba balconear hasta que Antonio estuviera de nuevo tras las rejas o muerto, mientras eso no pasaba no tendría paz de nuevo. Ambos se estaban dedicando a lo mismo, a dar con su enemigo para poder matarlo o ajusticiarlo. Antonio tenía una ventaja y era que sus amigos de la DEA no lo defraudaban, aunque fuera ilegal le daban información sobre las cosas que sabían respecto a los temas que le interesaban. Lo último que le dijeron fue que el jefe Marcos se fue para un hotel en Sinaloa, allí era posible que recibiera mucha mercancía de Colombia para llevar hacia los Estados Unidos así que tenía que hacer unas entregas, estaban armando un operativo, pero aún no estaba del todo coordinado. Aunque Marcos no salía mucho para no ponerse en riesgo le gustaba estar pendiente para que ninguno de sus trabajadores lo fuera a robar o a equivocarse con las entregas, si su organización tenía éxito era porque él mismo manejaba cada negocio.
Antonio dejó programado todo para continuar con la tortura a la mujer ella, en los días que llevaba ahí no había podido ir a un baño, se había orinado varias veces en el mismo sitio. Se sentía realmente asqueada, pronto tendría necesidad de defecar y Antonio se iba aprovechar de eso. Para poder que la llevaran a un baño tendría que abrirse con una cuchilla que dejaría justo a su lado, al igual que el cortauñas, al menos 10 cm de una pierna, formando una cruz en cada lado. Eso les parecía totalmente una locura a todos los que estaban en casa, pero no intervenían por el hecho de ser su víctima y su dolor. Si no lo hacía tendría que hacerse encima, además de eso, no la bañaría ni impediría que dejara de oler mal, cuando necesitaran entrar lo harían simplemente con un tapabocas o un traje que les permitiera no ensuciarse. La mujer cada vez vislumbraba más la perversión de ese hombre, que, a su parecer, se está volviendo completamente loco. Trataba de pedir que la dejaran hablar con Isaac, él parecía ser más inteligente y menos voluntarioso, sentía que esa podía ser su única salvación. Antonio les prohibió a todos que hicieran algo contrario a lo que él estaba pidiendo, se iría unos días a Sinaloa con Jimena para ver si podían encontrar al jefe Marcos antes de que él diera con ellos. Le parecía más conveniente irse con ella para que lo dejaran entrar a diferentes partes sin tener problemas con las autoridades, como ella no estaba reseñada podía hacer las reservaciones necesarias demás cosas que a él le quedaban imposibles debido a su condición de fugitivo.