Triste infancia

2109 Palabras
Estando Isaac en casa de Antonio se percató de que su misión iba muy en serio, tenía todo un equipo especializado para dar con todas sus víctimas, según eso, todas las casas que tenía en diferentes ciudades ya las estaba mandando a adecuar para seguir con sus planes desde donde estuviera, con la policía encima era mejor tener todo listo. Antes de interferir con sus consejos para torturar a las personas de manera psicológica quería saber cómo era la manera en que él trataba a sus víctimas. Se quedó viendo las cámaras del sótano para analizarla psicológicamente sin que ella se diera cuenta, lo que veía era una mujer desesperada, la cual tenía un plato de comida justo enfrente suyo, pero no podía hacer nada para obtenerlo. Como ya habían pasado varias horas lo más probable es que tuviera mucha hambre, así que su cuerpo ya estaba empezando a pedirle algún alimento. En ocasiones tomaba los implementos que Antonio le había dejado para cortarse las dos uñas y así acceder a la comida, pero no se sentía capaz de hacerlo, tomaba y soltaba una y otra vez el cortauñas, miraba sus manos, era evidente que se trataba de una mujer muy vanidosa, que se sentiría fea al no tener dos de sus uñas, además de eso el dolor sería muy fuerte. Isaac no comprendía por qué ese interés en hacer que se mutilara hasta que Antonio le contó todo lo que había hecho con los niños, a quienes había matado para traficar sus órganos. Ahí entendió que cada venganza tenía relación con la forma en que las personas iban a ser torturadas para que entendieran el dolor que los otros estaban sufriendo por culpa suya. El plan que Antonio, al lado de sus secuaces, había ingeniado era muy brillante, en algún momento tendría que hacer lo que fuera por comer y justo ahí entendería la situación por la que estaban pasando las otras personas a causa de sus deseos de dinero y poder. Isaac bajó un rato para hablar con ella, a pesar de que no era psicólogo tenía la capacidad de hacer que muchas personas le contaran cosas de su vida. Le hizo saber que ya sabía a qué se dedicaba y todas las atrocidades que había hecho con los niños, creía que todo eso tenía una razón, no solamente se trataba de dinero, sino que inconscientemente las personas actúan según unos traumas que pueden venir desde la infancia. Le dijo que no podía intervenir en el tipo de castigo que Antonio le había puesto, pero si charlaban un rato y le resolvía varias de sus dudas le daría, aunque fuera, un poco de agua. La mujer aceptó de inmediato, tenía muchísima hambre y pensó que tal vez el líquido podía engañar a su estómago. Isaac empezó por preguntarle sobre su infancia, quería saber cómo habían sido sus padres, de qué modo se dio su relación con los compañeros de escuela, si había una persona que la maltrataba o le hacía algo que en ese entonces le disgustará, si todos sus familiares habían sido buenos con ella o si había tenido experiencias que, a su parecer, fueran motivo de disgusto. La mujer se quedó pensando un rato, quería responderle con la verdad, sabía que podía ayudarla, se veía que era un hombre pacífico y que además de eso estaba interesado en hacer con ella algo diferente a lo que estaba haciendo Antonio. Le dijo que desde muy pequeña perdió a su padre, así que se crió sola con su madre en una pequeña casa cerca de una escuela donde pasó 11 años de su vida. De pequeña no era muy bonita, uno de sus ojos se desviaba un poco, así que los niños le hacían bullying por eso. Adicional a eso tenía un poco de sobrepeso y era muy tímida, tal vez debido a sus inseguridades. Se percataba de que sus otras compañeras eran atractivas y los niños siempre querían hacerse en grupos con ella o jugar. Incluso en este último aspecto que es tan relevante para la vida de un niño, a saber, la relación con el juego, se notaba el desprecio que le tenían. Si había que capturar, por ejemplo, a los ladrones para llevarlos a la cárcel, que en ese entonces era uno de los baños de la escuela, ella siempre era la última en ser atrapada. Todos siempre se dirigían hacia las mujeres que veían más atractivas, luego se disputaban quién sería el que la iba atrapar y se peleaban por no hacerlo. Toda esa situación le causaba mucha risa las otras niñas, quienes se sentían halagadas por ser las primeras en entrar a la cárcel de la escuela, ya que eso significaba que todos querían atraparlas porque representaban algo bello, ella, por el contrario, corría mientras nadie la perseguía. La madre trabajaba muy duro, pero siempre estaba cuando ella llegaba a casa, a la hora del almuerzo tenía preparado lo que podía, le preguntaba siempre cómo le había ido, a lo que ella respondía que muy bien con una sonrisa, no quería que ella se tortura pensando en que no estaba siendo feliz a causa de sus compañeros, así que la engañaba en esa medida. Muchas veces se hacía la enferma para no ir, decía que tenía gripe, fiebre, malestar, cólicos, en fin, buscando quedarse en casa. Sin embargo, para la madre era muy complicado dejarla allí, las personas no acostumbraban dejar a los niños solos y ella no podía quedarse para acompañarla, tenía que trabajar porque vivían de lo que conseguía diariamente. Con el dinero que hacía en la mañana compraba las cosas que cocinaba para el almuerzo, así que no se podía dar el lujo de quedarse en casa, ya bastante tenía con tener que dejar de trabajar los fines de semana que la niña no tenía escuela. Así que cuando sacaba sus excusas de enfermedad le preparaba alguna bebida o conseguía alguna pasta con un vecino con tal de mandarla. Lo que no sabía es que todo era una excusa para evitar ser el conejillo de indias de sus compañeros. Era bastante desgastante para ella cuando la profesora decía que tenía que hacerse en grupos de trabajo, siempre estaban las típicas amigas que se escogían la una a la otra, que eran inseparables. Ella no tenía una amiga así, adicional a eso, siempre los niños se formaban con las personas que más les gustaban, ella quedaba sola, a la espera de que la profesora escogiera una persona para que se hiciera con ella a la fuerza en su grupo. Recordaba con tristeza que alguna vez el niño que la profesora seleccionó para que trabajaran juntos se negó a hacerlo argumentando que era rara, debido a que su cara no se le hacía bonita. Eso la lastimó mucho, la profesora, al ver lo que había pasado, optó por regañarlo y darles a todos una charla sobre ética y buen comportamiento. Dejando como punto claro que no importaba el físico de las personas, sino más bien lo que tenían por dentro, sus sentimientos, la forma de ser y la inteligencia. Las cosas físicas se deterioran con el tiempo, lo único que permanecía por siempre intacto era lo que cada uno poseía en su interior. Lastimosamente, teniendo en cuenta la edad de los niños, esas palabras entraban por un oído y salían por el otro, lo único que les importaba era lo inmediato. En ese entonces la mujer pensaba en cómo sería su vida futura, esperaba que con los lentes que le habían dado para corregir su problema con el tiempo se normalizara. Quería tener mucho dinero para hacerse todos los cambios que veía en las mujeres de las telenovelas que ponían en su barrio, siempre le preguntaba a su madre cómo esas mujeres que estaban en la televisión hacían para ser tan bonitas, a lo que ella respondía que no había persona fea sino pobre, eso significaba que si tenía el dinero necesario para arreglarse podía verse incluso mejor que todas sus compañeras del colegio. Se soñaba pasando algún día por el frente de todos y presumir la nueva mujer en la que se había convertido. Ese siempre fue su ideal desde pequeña, no sabía cómo lo iba a conseguir, pero indirectamente se lo pedí al universo en cada pensamiento antes de dormir. Incluso a veces se le hacía difícil conciliar el sueño pensando en la mujer que quería ser, se veía en una gran casa, con un carro, escoltas, muchos hombres detrás suyos, ropa cara, zapatos, maquillaje, viajes, todo lo que la mayoría de las personas sueñan. Se volvió un poco agresiva con sus compañeros, pero más como una medida para defenderse frente a todas las cosas malas que le decían. Antes se dejaba, simplemente se quedaba callada, pero después de un tiempo a todos los insultaba, incluso a veces los agredía. Su madre se enojaba porque no tenía mucho tiempo para ir a la escuela y cada rato los directivos la llamaban porque su hija estaba metida en problemas. Como nunca le contaba la verdad sobre lo que le estaba pasando ella no tenía conocimiento de todas las cosas tristes por las que pasaba día a día. En el colegio las cosas no mejoraron mucho, el primer día que entró pensó que podía ser una persona normal, hacer una nueva vida con nuevos amigos, nuevos compañeros todo sería mejor. Quiso cambiar de actitud, llegó con una sonrisa, siendo amable con todos, al menos ya no estarían las personas que por tantos años hicieron que sus mañanas fueran terribles. Había un niño en el salón que en cuanto la vio encontró un motivo para burlarse de ella, a saber, lo delgada que era en comparación con las demás, haciendo comentarios acerca de que cuando hiciera mucho viento tendrían que ayudarla para que no volara por los aires. Todos empezaron a reír, desde eso empezaron a ponerle apodos con respecto a su cuerpo, ya que su cara no tenía muchos problemas, al menos con los lentes había corregido en esos años su problema ocular. Desde ese día supo que iban a ser otros años de tortura, aunque había llegado con la mejor actitud, los demás encargaron de hacer que las cosas no fueran tal y como ella quería. Cuando estaban en el tercer año de la segunda etapa de sus estudios ya casi todas sus compañeras tenían novio, o al menos tenían encuentros amorosos frecuentes con algunos de los integrantes de la escuela, ella no. A pesar de que había niños de otros grupos que no la conocían se hacían comentarios sobre su aspecto, había algunos que la cortejaban, pero lastimosamente esos no eran de su preferencia. Definitivamente la vida siempre ponía intervalos en medio de las decisiones, eso hacía que tuviera que pensar mucho en cómo hacer las cosas. A veces pensaba en darle una oportunidad a uno de esos tantos que la pretendían para darle una lección a los demás, pero sabía que no eran en el tipo de personas que ella quería. Además, la seguirían molestando porque tampoco eran muy atractivos, ella quería estar con una persona que fuera la envidia de los demás para que la dejarán de molestar, pero todos los que estaban detrás suyo eran igual o más feos que ella. Cuando entró al cuarto año empezó a hacer mucho ejercicio, estudiaba en la mañana y todas las tardes se mataba haciendo pesas con las cosas que encontraba en casa, ya que no tenía cómo pagar un gimnasio. Usaba los tarros aceite que su mamá tenía o las pacas de arroz, con eso hacía sentadillas y otros ejercicios. A lo largo de 2 años, casi para su graduación, su cuerpo había mejorado notablemente, también se hacía muchas mascarillas caseras en casa con miel, azúcar, limón y otros productos para lucir siempre radiante. Con todo eso logró estar un poco más bella en su último año, aunque descuidó completamente todos sus estudios por estar pendiente de su parte física. Pensó que no tenía ningún tipo de traumas, pero después de contarle a Isaac por todo lo que había pasado se dio cuenta que eso podía tener relación con lo que les hacía a los niños. Tal vez, de alguna manera en su representación inconsciente ellos le podían hacer daño, aunque fuera una adulta totalmente distinta en su aspecto físico. Ella en la actualidad se sentía muy bien con la mujer que había logrado construir, no había lugar por el que pasara sin que alguien admirara su belleza, por eso descuidaba sus asuntos psicológicos, pues aún con todo lo que tenía que hacer para lograrlo se sentía radiante.
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