Cuando llegó a la casa vio que Jimena y Carla estaban a la expectativa de saber quién era la extraña mujer que podía ser tan fría, ninguna de las dos tenía hijos, pero sentían un amor por los niños que era natural a cada una, como si el mismo universo se encargara de hacerlas sentir una empatía por niños que pudieran ser o no suyos. Antonio la bajó cargada del carro, estaba totalmente desmadejada, la llevó hasta el sótano y la puso en la silla que ya habían organizado dejándola totalmente amarrada y a la espera de que despertara. Carla no quiso esperar, fue a la cocina por un vaso de agua helada para tirársela en la cara, quería confrontarla rápidamente. Antonio puedo notar que era una mujer un poco impaciente, le dijo que tenía que tener un poco más de calma, las mejores venganzas se daban por medio de la tranquilidad, no del odio y el rencor sino con miras a buscar que la otra persona cambiara la forma de ver el mundo. Carla se sintió un poco disgustada por la reacción de Antonio, le parecía que quería que todo se hiciera a su manera, como si él fuera el único que tenía la razón. Ella también tenía motivos para vengarse de la gente mala del mundo, de hecho, creía que había sufrido más de lo que había sufrido el mismo Antonio, le dijo que si no la necesitaba se quedaría en la parte de arriba. Esa mujer se la dejaría para que él y Jimena la torturaran solos, quedaba todo solo a su imaginación, no quería ser una piedra en el zapato, con los pensamientos que tenía que se veía que eran evidentemente muy diferentes a los de ellos. Tal vez sí estaba actuando con rabia, pero era porque el mundo se había encargado de que así fuera, cuando trataba de hacer las cosas bien siempre alguien la pisoteaba y se encargaba de dejar su moral por el piso, ahora había llegado la hora de que otros estuvieran en ese lugar. Si bien era bueno que las personas sufrieran, en sí de eso no se trataba, Antonio lo que quería era que cada persona entendiera que los actos y las decisiones tienen una consecuencia, que no se puede andar por la vida actuando libremente sin pensar en los derechos que los otros tienen, los cuales hay que respetar y hacer cumplir. No era un asunto de hacer daño porque sí, sino de enseñar y aprender.
Debido al agua que Carla le echó la mujer en la cara se empezó a despertar, lo primero que vio fue a Carla yéndose de lugar como enojada, aunque todavía veía un poco borroso y no la conocía. Quería saber en dónde estaba, en ese preciso momento no recordaba que Antonio la había drogado con algo, luego lo vio frente, al lado de Jimena, supuso que tenían algo porque lo estaba abrazando mientras la miraba. La mujer empezó a reprocharle lo que había hecho, aunque era una mala persona no merecía que jugara con su amor y menos después de que tardó tanto tiempo en volver a confiar en un hombre. Pensó que la vida le había regalado de nuevo la oportunidad de sentir, de amar y estar bien, al menos por unos instantes, realmente se había ilusionado. Jimena se puso un poco de enojada cuando vio que la mujer había desarrollado ciertos sentimientos por él, porque eso significa que el encuentro había sido muy especial, no le quedaba claro hasta qué punto había sido todo fingido o si Antonio realmente había llegado a sentir algo. La misma Jimena le empezó a explicar que estaría allí hasta que vieran un cambio real en ella, ambos eran muy inteligentes, habían conocido muchas situaciones en el mundo como para que ella no los engañara. Antonio con tantos años en la DEA sabía analizar a las personas, leer los crímenes de manera crítica y analizar a las personas. Jimena reconocía en los cuerpos cuando había gestos naturales y fingidos, había estudiado mucho para poder ser médico forense, eso le proporcionaba ciertas experiencias que solo se gana en la práctica, no con la teoría. Ahora a falta de una persona que quería vengarse tenía dos, ni siquiera sabía por qué ella la odiaba, pensaba que era solo el hombre quien quería hacer justicia, pero era un grupo de personas que se creían dioses.
Lo que ella hacía con los niños era quitarles partes de su cuerpo, así que Antonio pensó en una venganza que podría ser similar, aunque un poco más complicada. Su fin era que ella terminara por mutilarse a sí misma, le pusieron enfrente un plato de comida, por el momento no tenía hambre, pero luego sería lo que más desearía en la vida. La condición era que tenía que ganárselo, ese primer plato le iba a costar dos de sus uñas, tenía que arrancarlas ella misma para poder que se lo entregarán, aunque lo podía ver no estaba lo suficientemente cerca. La mujer se negó, dijo que ni por mucha hambre que tuviera se quitaría sus hermosas uñas, que además le habían costado muchísimo gracias a las extensiones que tenía. Sus manos se las ataron de tal forma que pudiera moverlas un poco y juntarlas, justo enfrente dejaron un cortauñas para que se las arrancara en su totalidad. El material con que estaban amarradas sus manos y piernas era de hierro para que no pudiera librarse de él ni siquiera con un arma. Así la dejaron, estarían a la expectativa de que empezara a hacerse daño a sí misma, con eso podría pagar el daño que le había hecho a otros e iba a ser un poco más complicado, porque una cosa es que otro haga cosas malas sobre el cuerpo a la fuerza, pero cuando es la misma persona la que tiene el poder es dueña de su dolor y de la forma en que se lo va a propiciar, entonces se convierte en una especie de verdugo de sí mismo. La dejaron allí sola, pero tenían arriba de la casa un cuarto de vigilancia, tenía cámaras y micrófonos, así podían escuchar todo lo que estuviera pasando allí. Las cámaras dejaban todo grabado en caso de perderse la escena, querían ver en sus gestos, la forma en que sufría la mujer. Mientras ellos se alejaban ella gritaba desesperada que se iban a arrepentir de todo lo que estaban haciendo, era una persona muy poderosa y sus hombres no tardarían en dar con ella. Allá en el hotel donde la mujer estaba todos estaban demasiado preocupados, había pasado mucho tiempo, su celular estaba apagado y parecía haber desaparecido. Le siguieron el rastro, pero fue imposible dar con ella, ellos sabían desde un principio que el hombre no parecía tener buenas intenciones por la manera en que llegó a su vida, engañándola, aunque probablemente ella no sabía eso hasta ese momento. Encerrada y atada pensaba en que cuando se liberara de eso, sí es que lo lograba, pensaba matar al hombre que contrataba su personal, ella exigía un filtro muy fuerte, no sabía cómo se había podido colar. Claramente era un tipo muy inteligente y astuto, también fue su error no haberlo reconocido del ataque con la DEA.
Antonio se fue junto con Jimena para el barrio de donde sabían que eran la mayoría de víctimas de la mujer, allí habló con unas de las madres en la comunidad y les dijo que la mujer que les había hecho tanto daño ya estaba pagando con dolor. Ellas no lo podían creer, intuían que la tenía bajo su poder, querían que les permitiera ir y hablar con ella para poderle expresar todo el dolor que sentían por su culpa y de alguna manera también desquitarse. Antonio no le veía problema, en cierto grado, pero era un poco peligroso que las personas supieran donde vivía, además era en otra ciudad. Así que mejor les dijo que en cuanto llegara a su límite de dolor les podría enviar alguna prueba, o simplemente podían confiar en su palabra, de verdad que quería hacer justicia. A las que aún tenían a sus hijos vivos les dejó algo de dinero para que pudieran seguir dándoles una educación adecuada, no quería que pasaran por necesidades, además será evidente que esos niños necesitaban atención psicológica. De camino a casa se sentía muy feliz, el hecho de saber que las personas estaban agradecidas por lo que estaba haciendo como que reconfortaba más su labor, saber que estaban de acuerdo con sus actos le hacía reafirmarse a sí mismo que iba por el buen camino, el de los buenos. Antes de llegar a casa su teléfono sonó, era su amigo Isaac, estaba preocupado por su desaparición, desde hace mucho que no le escribía y lo último que supo fue que estaba en la cárcel, acordó verse con él en un café para poder hablar sobre sus nuevos planes, le sería muy útil su amigo investigador privado para llevar a cabo los casos que fueran un poco más difíciles. Allí se encontraron tal y como lo acordaron, su amigo estaba feliz de verlo de nuevo, quería saber cómo lo podía ayudar, no quería alejarse de sus propósitos, de alguna manera también estaba de acuerdo con ellos y sentía que de ese modo hacía algo por la humanidad.
Antonio le contó cuál había sido su último logro, a saber, el hecho de capturar a la mujer traficante de órganos de niños, eso lo hacía sentir como un superhéroe, las personas ahora estarían más tranquilas con una persona menos en las calles haciendo daño. Isaac estaba de acuerdo con lo que hacía, pero no sabía hasta qué punto el castigo físico sirviera para algo-. Tal vez eso generara más rencor en la mujer y cuando saliera de su estado de prisión buscaría vengarse de las personas que le habían hecho eso, así como el estadounidense, que sí bien no lo hizo con sus propias manos, buscó a las autoridades para que hicieran caer el peso de la ley sobre ellos. En efecto, eso había tenido sus consecuencias, de no ser por esa demanda Antonio no sería ahora un fugitivo. Sin embargo, Antonio no sabía de qué otra forma podría castigar a las personas, el cuerpo era lo más próximo que tenían al dolor, castigar el alma era un trabajo que, aunque no creyera en tema religioso, le correspondía a un ser de carácter divino. No obstante, Isaac pensaba que era posible infringir una especie de castigo psicológico, así las personas estarían encerradas en sus propios pensamientos, llenos de miedos y confundidas. A pesar de que esa propuesta sonaba muy provocativa Antonio no sabía cómo hacer eso, Isaac se ofreció a ayudarle, pero primero quería ver cómo era el proceso que Antonio estaba llevando con sus víctimas. Pidió quedarse unos días en su casa para analizar más de cerca el contexto, así lo hicieron, ese mismo día recogieron sus cosas en su casa y se dirigieron hasta la ciudad donde se encontraba Antonio con Carla y Jimena. Por suerte era muy grande y podían estar todos ahí, si quería quedarse de por vida lo podía hacer, aunque eso implicaba un nivel de riesgo algo. El esfuerzo que hacía Antonio para estar en todos los lugares de México parecía ser muy fuerte, pero no lo era, tenía pistas privadas en casi todas las ciudades principales, se movilizaba en avión como si se tratara de una especie de taxi. A Isaac lo atraía mucho ese modo de operar, se veía que tenía todo muy bien calculado, por suerte en ese tiempo no tenía misiones específicas., apenas estaba hablando con la familia que le había hecho un encargo, pero eso podía esperar porque se trataba de un familiar muerto. Se fue con Antonio para su casa allí, le presentó a Jimena, quién tomó el rol de su nuevo amor, también estaba Carla, quién de inmediato se fijó en el detective privado. A falta del amor de Antonio podía intentarlo con este nuevo hombre, parecía ser muy interesante, a pesar de que físicamente no era tan atractivo sus ojos guardaban un misterio interesante. Antonio pudo notar el evidente interés de Carla pero le fue indiferente, incluso le parecía una buena idea si se enamoraban, así podían hacer más planes en los que Carla no se sintiera excluida.