Ya con los ánimos un poco más calmados lograron pasar una noche tranquila, Carla se sentía un poco excluida, antes eran solo ella y Antonio, pero ahora con Jimena el hombre se fijaba más en ella, descuidándola casi que por completo. Sentía que era solo una pieza más de su organización, pero no tenía la suficiente importancia, quería ser una persona indispensable. Sin embargo, no tenía a dónde más ir, sabía que era muy difícil conseguir empleos en los que le pagaran bien y no quería volver a ser prostituta, la humillación que tuvo que pasar con el estadounidense había marcado su vida, ahora quería dedicarse a algo nuevo, como hacer el bien, o al menos bajo ese ideal que tenía Antonio. Al día siguiente el hombre tomó un taxi muy temprano, regresó al hotel donde se encontraba la traficante de órganos de niños y llegó hasta su habitación. Lo primero que hizo cuando lo vio fue lanzarse hacia sus brazos, pasó toda la noche pensándolo, la mujer confesó que había dejado una gran marca en su alma. Antonio tuvo que fingir que sentía lo mismo, pero la verdad es que no dejaba de pensar en Ximena, sabía que, aunque se había tranquilizado un poco, estaba en casa insegura de sí misma y pensando que él estaría haciendo quién sabe qué cosas con esa mujer. Le siguió la corriente, la besó, la abrazó y la arrastró hasta el sofá, le dijo que le tenía preparada una sorpresa. Era una especie de picnic, el lugar estaba ubicado en una de las mejores zonas de la ciudad, mantenía vacío y él había preparado todo para que nadie más pudiera ingresar, allí podrían hacer el amor a la luz del sol, era todo súper despejado, con montañas, árboles, viento y mucho silencio, todo eso solo para los dos. A la mujer le pareció súper encantador todo lo que le estaba diciendo, pero no le gustaba mucho ese tipo de planes debido al gran nivel de exposición que tenía. Sin embargo, tras varios intentos logró convencerla de que podían pasar un gran rato allí. No acostumbraba separarse de sus guardas de seguridad, se sentía casi que desnuda sin ellos, se habían vuelto un añadido de su ser. Era una mujer muy paranoica, cuando sabía que no la estaban protegiendo sentía que podía morir fácilmente, de alguna manera tenía miedo de pagar por sus culpas en una especie de infierno.
Antonio le mostró que tenía un arma, le dijo que además de ser una excelente mesero y cocinero había estado algunos años en las fuerzas de la marina. No obstante, no le gustó tener que hacer la guerra a veces a su propio pueblo, por ella estaba dispuesto a hacer lo que fuera con tal de defenderla y quería demostrarlo. Le entregó su arma y le dijo que intentara atacarlo, así lo hizo la mujer y Antonio se defendió con total sagacidad, haciéndole una llave que la dejó prácticamente inmóvil. Le dijo que estaba preparado para defenderse, incluso de muchas personas al mismo tiempo atacando, había tenido un entrenamiento muy riguroso y siempre había sido muy cuidadoso con lo que quería lograr en ese entonces, por eso era un experto en el tema del combate. Por un momento la mujer pensó que se trataba de algún policía, pero debido al gran esquema de seguridad que tenía para las contrataciones de su personal pensó que era solo sugestión suya. Antonio le mostró algunas cicatrices de guerra que tuvo, mientras le hizo saber que ya no estaba dispuesto a sacrificarse por la humanidad, solo por ella si lo requería. Eso excitó mucho más a la mujer, ahora se sentía, además de amada y deseada, protegida. Aceptó irse con él, solo tomó un bolso, echó allí un saco por si el día se ponía gris, su teléfono celular, dinero, las llaves de habitación, su arma personal y una pequeña mantita por si se iban a quedar en un lugar donde necesitaran cubrirse por algunos momentos. Salió con él tomada de la mano y con ropa de paseo, sus guardas de inmediato se acercaron para acompañarlos, pero ella les dijo que por primera vez en mucho tiempo no necesitaba compañía, con él estaba totalmente a salvo, no requería de nadie más para sentirse segura. Ellos seguían insistiendo, temían que se tratara de una trampa o que la estuvieran exponiendo a algún tipo de peligro, pero como estaba tan enamorada quiso creer que por primera vez alguien la amaba por lo que era. Le pasó a Antonio las llaves de su camioneta para que él manejara y se fueron juntos. Su teléfono no dejaba de sonar, eran algunos de sus trabajadores haciéndola caer en cuenta de que podía estar corriendo peligro, si ella quería inmediatamente mandarían a alguien en moto para que lo siguiera o al menos los vigilara desde lejos, pero ella les dio un no rotundo, quería privacidad y ver qué tenía para ofrecerle ese extraño hombre que había aparecido para cambiar su vida de manera tierna. Podía decir que hace mucho tiempo no se sentía tan feliz, pensaba que era una especie de adolescente esperando a que su novio hiciera algo para que fuera feliz, para eso no necesitaba guardianes.
Le preguntaba a cada momento dónde era el lugar donde se iban a quedar, veía que se estaban alejando mucho de la ciudad y eso le daba un poco de inseguridad. Antonio trato de calmarla, le recordó que las zonas verdes estaban en las afueras, además si no confiaba en él era mejor que se regresaran, no quería que se sintiera asustada. Ella pensó que tal vez sí estaba siendo muy paranoica, tenía que disfrutar al menos un día de su vida, no todo era producir dinero sin saber en qué gastarlo. Antonio se detuvo en uno de los semáforos porque estaba en rojo, por allí pasó un niño corriendo alegre mientras su madre lo perseguía, la mujer se quedó mirándolo, casi como si pensará en llevárselo. De inmediato le manifestó al hombre que aquel niño era realmente muy hermoso y saludable. Antonio le cuestionó el hecho de que dijera esa palabra “saludable” ¿Qué tenía que ver eso con la descripción que se hacía de una persona? La mujer dijo que esos niños eran increíbles, quiso seguir hablando de las maravillas que había visto en él, pero recordó que su nuevo amor no sabía a qué se dedicaba, así que se calló. ¿Pero increíbles para qué? preguntó Antonio insistentemente, ella cambió el tema mostrándole que estaba haciendo un bonito día para que se fueran al campo. Aun cuando supuestamente estaban pensando en pasar un rico momento ella seguía pensando en su trabajo. Aquel niño le parecía perfecto para sacarle los órganos y venderlos en el mercado n***o, eso le dio mucha impotencia. Antonio sintió que su plan tenía que continuar, en la noche precisamente estaba pensando en lo difícil que iba hacer para él actuar como justiciero en ese caso cuando solo había conocido de ella su parte s****l y amorosa. Era de hecho un poco raro saber que se dedicaba a matar seres inocentes, con ese comentario le había recordado que estaba saliendo de picnic con una mujer que debía pagar por todo lo que había hecho.
Llegaron por fin a su destino, pero la mujer se percató de que, contrario a lo que había dicho Antonio, no había nada preparado, era solo una montaña en las afueras de la ciudad. Estaba totalmente vacío si ella se viera en apuros y gritara nadie la escucharía. Le preguntó de qué se trataba todo, en su mente veía un campo con una manta tendida, vinos, comida, algunos globos, flores, en fin, todo lo necesario para un delicioso picnic. Antonio le dijo la verdad, lo que para ella fue realmente sorpresivo, habló del día en que había sido descubierta con todos los cadáveres de los niños y los próximos a ser asesinados, le dijo que era una especie de justiciero que ahora estaba haciendo que las personas pagaran por todos los daños que habían causado. Ella de inmediato mandó su mano al bolso para sacar su arma, pero Antonio mientras sonreía le advirtió que ni siquiera lo intentara, ya habían hecho el intento en su habitación de qué pasaría si ella lo atacaba y vieron que no funcionaba, él era mucho más fuerte. Su único error había sido confiar en el primer hombre con el que se acostaba para pasar un gran día, lamentaba mucho si en algún momento se llegó a ilusionar con lo que estaba pasando, pero todo se trataba de un plan para que las cosas no quedaran impunes. Ella en ese momento se confirmó a sí misma que el amor no era lo suyo, hace mucho tiempo no confiaba en un hombre y justo el día que lo hacía pasaba eso. Le reconoció que no estaba bien lo que hacía con los niños, pero era la única forma que tenía para subsistir, para Antonio esa excusa era muy estúpida, había otras formas de ganarse la vida y no necesariamente tenía que ser por medio del sufrimiento de los otros. La mujer replicaba que ella simplemente estaba loca por el dinero, desde pequeña fue muy ambiciosa, ya que todos sus compañeros del colegio tenían riquezas y ella no, así que un día alguien le ofreció reclutar niños para una organización, eso le parecía muy fácil, solo tenía que conseguir algunos dulces y convencerlos de ir a jugar al parque. Luego de eso, se los llevaba al hombre que se los encargaba, desde ese momento no volvía a saber qué pasaba con ellos. Con el tiempo se fue involucrando más en el negocio, al principio le pareció muy crudo todo lo que veía, pero la filosofía del hombre era que todas las personas tenían el destino marcado y ese era el que les había tocado a ellos, víctimas del azar.
Se dedicaba a eso desde hace aproximadamente 10 años, tenía toda la experiencia necesaria como para saber la manera en que funcionaba y todas las personas que estaban involucradas, incluso del gobierno. Le dijo que podía ayudarlo con su plan de justiciero sí aceptaba vengarse de las otras personas y no de ella, en vez de una sola víctima tendría ahora alrededor de 6. Era una oferta muy tentadora, la oportunidad perfecta para vengarse de toda una organización, pero no, el destino se la había puesto a ella enfrente para que pagara, tanto que hablaba de las influencias del destino ahí tenía su demostración. Sin embargo, no lograba entender cómo una mujer que podía incluso ser madre tenía el corazón y las vísceras para hacer un acto de esos. Ella le dijo que simplemente cuando hay unos motivos mucho más grandes que las emociones se vuelve tarea de todos los días, le recordó hace unos momentos cuando vieron pasar el niño en el semáforo, lo vio perfectamente adecuado para que fuera sacrificado, no tenía lentes, lo que significa que sus ojos estaban en perfecto estado y corría con tanto entusiasmo, lo que significaba que no venía con ningún problema. Reconoció que las primeras veces que lo hizo tenía muchas pesadillas, no podía dormir en las noches y tenía que utilizar algunas pastillas, pero luego todo el dinero que le llegaba recompensaba ese tiempo de sufrimiento. Viajaba a muchos lugares del mundo, conocía personas, dormía en los hoteles más lujosos, compraba los mejores autos, incluso mantenía con estrellas de televisión, a quiénes solo le importaba rodearse de personas que tuvieran su mismo estatus económico. Le suplicaba que la dejara ir, pero eso no estaba en los planes de Antonio, sacó del vehículo un bolso donde tenía un pañuelo con un químico que podía desmayarla. La abrazó, le dio un beso, le prometió que sería el último, e hizo que se durmiera. Sacó de su bolso la pistola para que en cualquier momento de descuido no la utilizara, luego de eso la puso en el lugar del copiloto y se dirigieron hacia su casa. Le puso unos lentes rojos para que las personas que la vieran no pensaran que estaba drogada, sino que dormía por el cansancio. Le dio un paseo por toda la ciudad, le parecía muy divertido ir con una persona que parecía como muerta, ese incluso podría ser un ritual que a adoptar con sus próximas víctimas, el último paseo de sus vidas, o uno de tantos si se arrepentían a tiempo, todo era cuestión de voluntad.