Al llegar a su nuevo lugar de residencia Antonio recordó que la mujer que estaba traficando con niños aún no pagaba por su maldad, ese crimen no podía quedar impune. Contactó a algunos de sus ex compañeros fieles de la DEA para preguntarles en qué había quedado el caso. Para su sorpresa, lo último que supieron de ella era que se encontraba precisamente en la misma ciudad en la que ahora vivía Antonio. Pidió más detalles sobre su ubicación, estaba en un hotel que aparentemente había comprado uno de sus familiares paternos, las autoridades entraron en alguna ocasión, pero no se encontraba allí o estaba muy bien escondida. Antonio dejó la casa en manos de Carla y Jimena para irse de cacería, tenía la sensación de que iba a encontrarla. Por suerte era muy paciente, se hizo en una de sus camionetas oscuras para mirar desde lejos, pudo ver que llegó un carro con unas motos atrás, como si fueran guardias, de allí se bajó una mujer, aunque en el cabello no se parecía al de la traficante de órganos. Lo más probable es que se hubiera cambiado el look para poder continuar por la calle como si nada. Antonio vio que había varios trabajadores allí, todos le servían, incluso le hacían reverencia, como si se tratara de alguna reina. Esperó a que uno de ellos saliera y lo metió en su carro por la fuerza, luego de eso lo amordazó y le dio un golpe para dejarlo inconsciente, le quitó la ropa y se la puso, su plan era hacerse pasar por uno de sus empleados para ver si lograba llevársela de ese lugar. No creía que ella lo hubiera reconocido en el primer operativo porque tenía su tapabocas, tal vez podía recordar sus ojos, pero teniendo en cuenta la situación en la que estaban era poco probable que se hubiera fijado. Entró al lugar muy seguro de sí mismo, saludó a algunos como si los conociera, ellos por simple amabilidad le respondieron. Eso hizo que se generara un ambiente de confianza en el que todos se sentían tranquilos, como en casa. Se metió a la cocina para hacerse el que le llevaría a la mujer algo de tomar, le preguntó a uno de las personas que estaban allí dónde se encontraba ella para llevarle algo que le había pedido, en ese momento se les hizo un poco extraño porque ya todos sabían dónde se encontraba. Al ver sus rostros dijo que era nuevo, que la mujer lo había contratado solo por unos días y no sabía por qué motivo. Le dijeron dónde se encontraba, aunque con un poco de recelo, después de eso se dirigió hasta allá, tocó la puerta y quedó a la espera de que ella le abriera.
Tal y como lo pensó, fue ella quien abrió la puerta, se quedó mirándolo porque no sabía qué hacía ahí parado, ella no había encargado nada, de hecho, estaba en su tiempo de descanso. Él le dijo que era solo una especie de cortesía agradeciéndole por su trabajo, evidentemente ella no lo recordó como el agente de la DEA, a pesar de que no se lo esperaba le dio las gracias por el detalle e iba a cerrar la puerta. En ese momento Antonio se fijó en un detalle de su rostro que ella pensó que era casi imperceptible, dijo que era muy bello que cuando hablaba se le hacían unos pequeños hoyuelos, eso lo había cautivado en el momento. Quería intentar entrar en su parte sensible para que lo invitara a charlar, posiblemente lograra sacarle algo. La mujer, aunque era muy fría y déspota, se sonrojó un poco, debido a su condición de jefa y a lo que se dedicaba los hombres no solían decirle piropos y cosas bonitas, así que se sintió halagada, le agradeció y le dio algo de propina para que se fuera. Antonio le dijo que no necesitaba el dinero, con lo que ganaba supuestamente sirviendo vivía muy bien y por lo que le había dicho no necesitaba ser recompensado, el simple hecho, le dijo, de tenerte al frente hace que yo me sienta más que agradecido. Antonio tenía una característica muy especial y es que era puesto, cualquier mujer que lo veía quedaba de algún modo impactada con alguna de sus características. Esta mujer no fue la excepción, al ver que seguía insistiendo en el hecho de cortejarla no opuso resistencia, lo invitó a pasar y le dijo que podían hablar un rato si así lo quería. Antonio aprovechó la oportunidad, se mostró muy cortés, incluso pidió permiso para sentarse en el mueble. La mujer le ofreció uno de los vinos que tenía allí, era de la mejor reserva que había podido encontrar en esa región, le sirvió una copa y se sentó justo a su lado, cruzó la pierna como para que viera lo bonita que tenía la piel y se sentó a la expectativa de lo que tenía para decirle.
Antonio empezó a hablar de algo que se había dado cuenta hace poco, a saber, las cosas simples de la vida, que eran muy importantes, pero debido a todo lo que se tiene nunca se disfrutan como realmente deberían. Le preguntó hace cuánto no veía la sonrisa de su familia, desde cuándo no probaba la comida favorita hecha por su madre, todas esas cosas parecen insignificantes, pero son las que le da el matiz a la vida. La mujer se puso un poco pensativa, mientras le decía que tenía mucha razón, ella se enfocaba solamente en su trabajo y no pensaba en nada más. A propósito de ese comentario Antonio aprovechó para preguntarle a qué se dedicaba, pero eso la puso un poco a la defensiva, le dijo que se encargaba de comercializar cosas, pero no se refirió al significado de cosas. Antonio le preguntó si era feliz con su trabajo y lo que más le sorprendió fue que dijo que sí, que era algo que la llenaba totalmente, tenía muchas cosas interesantes e involucraba sentimientos, dinero, obras, dominio y demás matices que no se encontraban en ningún otro lado, además de eso le dejaba muchísimo dinero, le contó que tenía el suficiente como para comprar media ciudad, pero que prefería invertir en otros lugares para que en caso de que algún día tuviera que escapar no tuviera problemas. Antonio le contó sobre algunos países, le mintió al decirle que los conocía, simplemente se guió de las anécdotas que muchas veces sus padres le contaban, en cada uno de sus viajes lo llamaban algunos días para hablarle sobre cómo era la cultura, las personas, la gastronomía y todo lo que tuviera que ver con ese país. De eso aprendió mucho, tenía muy buena memoria, así que se hizo el interesante. Ella confío, le dijo que se quería ir a vivir a Italia, las autoridades la estaban buscando y tenía que encontrar un plan b en caso de que tuviera que salir corriendo. Una de las cosas que más le pesaba era dejar de lado a todos sus trabajadores, no podía llevarlos a todos, pero si los extrañaría demasiado. Siempre se encargaban de que ella viviera tal y como se lo merecía, además, ya todos le conocían sus caprichos y costumbres, allá tendría que encontrar personas nuevas que tal vez no fueran tan amables o buenas en lo que hacen.
El tiempo en que se iría aún no lo tenía definido, pero sabía que iba a ser pronto, tenía muchos enemigos y no quería terminar muerta con todo el dinero que tenía, quería disfrutarlo tal y como él se lo dijo, aprovechando las cosas simples de la vida. Solo le hacía falta, y lo dijo de manera indirecta, una pareja con quien compartir todo lo que tenía. Antonio se mostró un poco avergonzado, aunque todo era fingido, le dijo que le encantaría ser quién la acompañara en todas sus travesías, pero no estaban hechos el uno para el otro. Ella tenía mucho dinero y poder, mientras él era un simple mesero que se encargaba de servir a otros por un precio determinado. A la mujer eso no le importaba mucho, de hecho, le dijo que podía mantenerlo como siempre lo había querido, solo tenía que cumplir con algunos requisitos normales de pareja, hacerle caso y no celarla en ninguna circunstancia, a veces tenía que acostarse con algunas personas para lograr algunos objetivos y continuar con su organización. Antonio necesitaba salir con ella de ese lugar sin que nadie sospechara que se trataba de un enemigo, ella tenía afuera muchos guardas que la protegían y estaban al pendiente de cualquier acción extraña. Continúo diciéndole las cosas que tenía bellas y eso incluía su cabello, el cual era ondulado, suave y sedoso, se lo empezó a acariciar mientras le preguntaba cómo hacía para estar tan hermosa todos los días. La mujer cayó al poco tiempo, aunque Antonio jamás se imaginó que ella quisiera estar con él sexualmente en ese primer encuentro, pensó que era un poco más recatada, pero no, en cuanto se empezó a acercar un poco para ganarse su confianza parece ser que ella se excitó. Corrió sus piernas un poco más cerca y las abrió como con disimulo para ver si su mirada caía sobre su entrepierna, Antonio era hombre y era muy difícil resistirse ante esas tentaciones, aunque la verdad le parecía que esa mujer no se comparaba con Jimena, quién tenía una belleza, ante sus ojos, exorbitante.
La miró, aunque con mucho disimulo, pero ella se percató de eso, quería saber si la deseaba. Tomó un poco del vino que tenía y como si fuera un accidente lo regó sobre su pecho, no tenía sostén, así que no tardó su pezón en notarse por encima de la blusa. Hizo comentarios refiriéndose a que era muy estúpida por haber regado el vino, se limpiaba como si con la mano pudiera hacer algo, pero lo único que lograba era que sus senos se movieran. Antonio sentía que no debía caer, Jimena de alguna manera confiaba en él, aunque si era con el fin de hacer justicia no sabía hasta qué punto se valía caer en otros brazos. Si se acostaba con ella le serviría para cumplir con sus objetivos, después podría invitarla a salir o al cine y evitar que sus guardas de seguridad fueran con ellos, tenía que mostrarse lo suficientemente bueno con las armas y la defensa personal como para que ella sintiera que no necesitaba a nadie más, así que decidió seguir con su plan de cortejarla. Le dijo que le iría a traer una toalla del baño, pero cuando regresó ella ya no tenía puesta la blusa, le dijo que ya se había limpiado con unos paños. Antonio al verla ya no pudo resistirse, se acercó y empezó a besarla, la mujer se dejó y empezó a corresponderle, juntos en el sofá culminaron un acto de amor totalmente placentero para ambos. La mujer se sentía tan bien que empezó a rasguñar la espalda de Antonio, al parecer el placer hacía que se aferrara muy fuerte. En ese momento él no pensó en que no era conveniente por Jimena, simplemente se dejó llevar por el momento mientras mordía su abdomen y su entrepierna. Fue placentero para ambos, Antonio no podía negar que, aunque se trataba de solo un trabajo, había sido mejor de lo que pensaba. Lástima que esa mujer no se merecía nada, ese momento de placer sólo se lo entregó por total conveniencia. Cuando acabó todo tuvo que seguir comportándose como si ella en realidad le interesara, le dijo que le gustaría que hicieran el amor en otros lugares, tal vez un cine o un parque que estuviera solitario, podían experimentar muchas cosas nuevas y ella sería la mujer perfecta para eso. Lastimosamente ella se negó, le dijo que ahora las autoridades la estaban buscando, no podía exponerse de esa manera y mucho menos en lugares públicos.
Antonio le hizo creer que para él eran muy importantes los comentarios de su familia, le dijo que hace mucho tiempo no salía con alguien, ni tenía novia ni nada, estaba totalmente solo porque ninguna mujer lo llenaba. Desde el momento en que la había visto su vida cambió por completo, la mujer sentía que se estaba metiendo en algo muy serio, le daba miedo terminar lastimada, por eso era que se veía siempre tan ruda, no quería que los demás se aprovecharán de su condición femenina para conseguir dinero o lucrarse. Le dijo que tenía cosas que hacer, podían verse después, pero ese no era el momento, por más que Antonio trató e insistió para que fueran a algún lado no lo logró, por suerte ella no sospechó sus intenciones macabras. Antonio se retiró, aprovechó para pedirle permiso para retirarse antes del trabajo porque tenía que ir a hacer unas vueltas con su madre. Ella se lo permitió, incluso le dijo que si no quería ya no tenía que trabajar como mesero, en vez de eso podía ser su asistente personal, a lo que Antonio aceptó con total seguridad. Tuvo que mostrar mucha alegría para que ella creyera que se trataba de una oportunidad que nunca antes la vida le había brindado y se sintiera en confianza de una persona humilde. Tuvo que dejar la camioneta en el lugar, no le convenía que ella lo viera salir en ese vehículo, pensaría que se dedicaba a algo más, una persona que trabaja simplemente como mesero o en la cocina no siempre tenía el dinero para comprar un carro de lujo. Tomó un taxi, se fue para la casa donde estaban Jimena y Carla, allí les dijo que ya había recorrido mucho camino con la mujer, estaba seguro que en un par de días, sino era al siguiente, podría sacarla del lugar y meterla al sótano. Empezaron juntos a armar el lugar donde iban a torturarla, organizaron la silla, las correas para amarrarla y una pantalla para verla desde otros lados de la habitación, querían saber qué estaba haciendo en todo momento y cómo reaccionaba frente a algunos estímulos, iba a ser una especie de experimento. Cuando se agachó para poner las correas en las patas de la silla Jimena vio los arañazos que tenía en la parte de atrás, se retiró del lugar sin decir nada y se encerró en su habitación. Antonio la persiguió porque supo que algo le disgustó, cuando se dio cuenta el motivo le pidió disculpas, pero le recordó que era parte del plan. Para ella era muy difícil aceptar eso, una cosa es que se dedicaran a torturar personas, pero otra muy diferente que él tuviera que acostarse con sus víctimas antes de hacerlo, eso para ella era como una especie de fetiche que tenía que ser erradicado.
Antonio tenía la capacidad de convencer a las personas de lo que quería, le dijo que, en un momento determinado, si se trataba de un hombre que tenían que secuestrar, debía ser ella la que lo sedujera, era todo era parte de un mismo plan organizacional. Antonio era muy radical cuando quería conseguir algo y no le importaba pasar por encima de sus propias creencias, esperaba que Jimena no siguiera en esa tónica, de lo contrario no podían seguir trabajando juntos. Ante esa última amenaza Jimena bajó un poco la guardia, jamás imaginó que se enamorara de un hombre que fuera capaz de estar con mujeres simplemente por conveniencia. ¿Hasta qué punto era capaz de fingir amor? ¿Estaba ella convencida de algo que no era del todo real? ¿Lo que le decía era porque la necesitaba de alguna manera para su organización? A partir de ese momento Jimena empezó a dudar de su amor, Antonio estaba dispuesto hacer todo lo posible para que siguiera creciendo en él. Ella tenía que entender que hacer el amor con otra persona no significaba en muchas ocasiones nada, decir te amo sí era algo muy fuerte y a ella estaba dispuesto a decírselo todos los días de su vida. Estar con alguien más simplemente significaba que había algo de por medio que llamaba la atención, a veces puede ser simplemente el deseo o en muchas ocasiones algo de conveniencia, como en este caso. Jimena comprendió, a pesar de que en su cabeza todavía daban vueltas muchos asuntos, como el de Carla por ejemplo, a quién se le notaba en los ojos que estaba totalmente enamorada de Antonio .