Darío caminaba temeroso de que alguien pudiera reconocerle.
Continuaba excitado. El solo hecho de ir así vestido sin ropa interior le ponía a mil.
Notó duro el pene.
Las calles estaban repletas de gays que habían venido en busca de diversión desenfrenada al barrio de Chueca, el barrio gay más famoso de Madrid.
Sintió cómo le vibraba el móvil en la ajustada bermuda. Se lo sacó con dificultad y miró la pantalla. Eran dos wasap pero ninguno era de Claudio. Eran de su amigo Daniel preguntándole si iba a salir de fiesta esa noche. Se sintió decepcionado de que no fueran de Claudio. Daniel era la única persona de su círculo íntimo que sabía su "gran secreto". Decidió no contestarle para no perder el tiempo.
- ¿Y si le mando yo un wasap a Claudio? pensó mientras caminaba.
Decidió esperar un poco más a ver si Claudio se animaba a escribirle. Darío era de los que preferían que fuera el otro el que diera el primer paso y por culpa de eso, no había llegado a más con varios chicos.
De camino al Pub Piscis, que era la cafetería en la que trabajaba Claudio, decidió hacer algo de tiempo y parar en una cafetería a tomar una cerveza. Miró el reloj y era aún temprano para ir a Piscis, estaría vacío, la gente solía ir más tarde a bailar.
Abrió la puerta de la cafetería "Sin Sentido".
Todas las miradas se dirigieron a él.
La excitación se le vino abajo de golpe.
Se fue directo hasta la barra y encontró un hueco al lado de una pareja de chicos jóvenes que se comía a besos. Al otro lado, había un señor de avanzada edad pero que iba vestido con un aspecto muy aniñado y que hablaba divertidamente con otra señora de edad similar a la suya y que tenía aspecto de bollera. El aspecto del señor era deplorable.
Darío apoyó los codos en la barra y entrelazó los dedos. Esperó a que el camarero le atendiera.
Se giró y miró a su alrededor.
Había muchos grupos de gente sentados en las mesas hablando entre ellos y bebiendo. Estaban precalentando para darlo todo después en la noche madrileña. Una canción de Fangoria sonaba en ese momento: No sé que me das.
- Hola guapo ¿Qué va a beber ese cuerpazo? le preguntó un camarero que no llevaba nada en la parte de arriba, tan solo una pajarita roja y un ajustado pantalón de cuero. Tenía un cuerpo perfecto trabajado durante horas en el gimnasio.
Darío observó que tenía los ojos azules del color del mar. Se perdió en ellos al mirarle.
- Hola, sí, perdona... una cerveza Heineken.
El camarero se dio la vuelta y dejó a la vista su culo desnudo. Era perfecto, respingón. No llevaba tela alguna en la parte trasera.
Darío estaba de nuevo cachondo.
- Aquí tienes, son cuatro euros, le dijo el camarero.
Darío le pagó y comenzó a darle sorbos a la cerveza sin quitar la mirada del culo del camarero.
Observó que la pareja de chicos le miraba descaradamente.
Comenzó a ponerse nervioso.
El más alto se aproximó y le dijo algo al oído pero Darío no lo escuchó debido al volumen tan alto de la música:
- Perdona, no te oigo.
El chico sonrió, se dio la vuelta y empezó a besar desenfrenadamente a su pareja.
A Darío le dio mucho morbo la situación y no podía dejar de mirarles.
La bermuda parecía que le iba a estallar.
Apartó la mirada para relajar su erección.
Tenía ganas de ir al baño porque cuando bebía cerveza le daba por orinar.
Esperó a que le bajara la erección.
Dejó la cerveza en la barra y fue hasta los baños.
La puerta estaba cerrada, estaba ocupado.
Esperó.
Alguien se aproximó para entrar al baño también.
Era el chico de nuevo.
Se puso tan pegado a Darío que notaba como su abultado paquete le rozaba su culo por detrás.
Comenzó a ponerse nervioso porque si venía el otro chico, podría tener problemas:
- O quizás haya venido buscando rollo para su pareja también... pensó Darío.
El chico le rozaba cada vez más fuerte. Estaba empalmado.
Darío también.
Lo atrajo hacía él y le frotó la entrepierna.
La puerta del baño se abrió.
Darío entró y el chico se metió también tras él, cerrando la puerta y echando el pestillo.
El chico le desabrochó la bermuda y de un tirón se la bajó hasta los pies quedando al descubierto el pene erecto de Darío.
Justo cuando el chico comenzó a arrodillarse, comenzaron a llamar fuerte a la puerta:
- ¡Nacho abre, te he dicho que abras! ¡¡Puta abre!!
A Darío le desapareció toda la excitación.
- Tranquilo, no pasa nada, le susurró el chico mordiéndole la oreja mientras descorría el pestillo de la puerta.
Para su sorpresa, el otro chico lo que quería era entrar también con ellos.
Darío salió rápidamente del baño en dirección a la barra.
El móvil comenzó a vibrarle.
Sacó el móvil.
Miró la pantalla.
Era Claudio:
"¿Sales esta noche de fiesta?"
Le recorrió un cosquilleo por todo el cuerpo.
Comenzó a escribir:
- Si estoy ya de cervezas ¿Nos vemos en Piscis a la una?
Le dio a enviar.
Claudio estaba en línea.
Ahora estaba escribiendo:
- "Ok, es mi última noche de camarero allí"