Capítulo 11

956 Palabras
Apuró la cerveza y salió agobiado rápidamente del local. No quería volver a ver a la pareja de chicos porque la situación se estaba empezando a írsele de las manos y no quería tener problemas esa noche en la que esperaba tanto de ella. Había aprendido que era mejor mantenerse al margen de las parejas. Recordó que una vez participó en un trio y aprendió bien la lección: solo le gustó uno de ellos mientras que el otro no le atraía nada y le estorbaba, sin embargo, tuvo que fingir para sobrellevar la situación. Entonces fue cuando decidió que no lo haría más, que escogería a uno solo y que le gustara de verdad. No quería añadidos, quería algo para disfrutarlo él solo. Miró el reloj del móvil y comprobó que aún faltaban dos horas para la una. - ¿Y qué hago yo mientras? Se detuvo en medio de la calle. Era un ir y venir continuo de gente hacía los pubs del barrio. Miraba vigilante a las caras por si alguien le pudiera reconocer aunque él sabía que eso era prácticamente imposible porque no conocía gente gay, ya se había cuidado él de conseguirlo... Se fue abriendo paso entre la gente. Había mucho griterío, mucha pluma y mucho color. Ese era el Barrio de Chueca, una explosión de color y de libertad. - Hola guapo ten esta tarjetita y si te pasas tienes para una copa gratis. Hay mucho tío bueno, le dijo un chico que era relaciones públicas y que iba subido en unos zancos. Darío cogió la tarjeta y la leyó: Cuarto oscuro Tabú Desnúdate y cumple tus fantasías Volvió a leerla para ver si había entendido mal. Pero no, estaba en lo cierto: - ¡j***r qué morbazo! Tendré que desnudarme para poder entrar al cuarto oscuro...uf Notó su excitación y la erección de su pene. Con la mirada buscó el rótulo del local. Se giró sobre sí mismo para localizarlo. Estaba todo lleno de pubs con grandes rótulos de colores y luces de neón. Lo vio a lo lejos. Era pequeñito, apenas distinguía, había que fijarse muy bien para poder localizarlo. Comenzó a caminar entre la gente. Se ajustó la bermuda y se cruzó las manos para disimular su erección. Le pareció que el pene se le iba a salir por encima de la bermuda en cualquier momento. Llegó al local. Estaba todo oscuro. Una pequeña puerta era la única abertura de la pared. Sobre ella había un rótulo con luces rojas en el que se podía leer: "Tabú" El morbo se apoderó de Darío. Sintió una fuerza extraña que lo conducía hasta allí dentro y contra la que no podía luchar, por más que su conciencia le dijera "esto no está bien, vete a casa". Miró hacía atrás para comprobar si había alguien conocido. La gente ni le miraba cómo si entrar allí fuera lo más normal del mundo. La puerta estaba completamente cerrada. A la izquierda observó que había un pulsador blanco con un pequeño cartelito encima: "Llamar aquí" Darío se aproximó y tocó suavemente el pulsador. Sintió cómo el corazón se le iba a salir por la boca pero estaba decidido a hacerlo porque se había propuesto dejar de ser un reprimido. La erección le había desaparecido por completo. La puerta se abrió automáticamente deslizándose hacía la derecha. No había nadie tras ella. Se adentró en una pequeña sala completamente oscura. La puerta se cerró tras él. Estaba solo. Se giró y observó a su izquierda una puerta cerrada. A media altura había una pequeña abertura en forma ovalada con una rejilla metálica. Darío pudo apreciar cómo dos ojos le escudriñaban silenciosamente. Le vino a la mente la idea de salir huyendo de aquel lugar pero la curiosidad que ordenaba entrar allí. La puerta comenzó a abrirse lentamente. Un chico completamente desnudo le saludó: - Hola ¿es la primera vez que vienes verdad? Darío no pudo evitar bajar la mirada hacía su pene. Lo tenía flácido pero era precioso, nunca había visto ninguno igual. El chico se percató y sonrió. Se notaba que estaba ya acostumbrado a esas miradas lascivas. Estaban los dos solos frente a frente. - Sí es la primera vez que vengo, no sé cómo va esto la verdad. El chico le invitó a entrar y cerró la puerta. Se encontraban en otra sala un poco más grande que la anterior con escasa iluminación. Darío observó que a su izquierda había un pequeño mostrador y tras él un guardarropa en el que había colgada ropa en distintas perchas repartidas a lo largo de una barra de metal. - Te tienes que desnudar entero para poder entrar, son las normas, le ordenó el chico. La entrada son diez euros. Darío sintió pudor porque la erección le había desaparecido por completo y su pene se había quedado muy chiquitito. Pero el chico se lo puso fácil, desapareció tras el mostrador y se puso a hacer cómo que miraba el móvil. Darío pagó y comenzó a quitarse las escasas dos prendas que llevaba: primero la camiseta Calvin Klein y después las bermudas. Se quedó completamente desnudo. Tenía el pene erecto. Se cruzó las manos por delante y se aproximó al mostrador. El chico le tomó las dos prendas Para sorpresa de Darío olió las bermudas y a continuación las colocó cuidadosamente en una percha. Después cogió dos fichas iguales con el número 16, una la colgó en la percha junto a la ropa y la otra se la entregó a Darío para que se la colgara en la muñeca de la mano. Darío obedeció. - Ya puedes pasar, le susurró el chico al oído. Una puerta se abrió y un pasillo oscuro quedó a la vista.
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