Se bebió el café de un sorbo y se fue al campo de batalla: a la sala de juntas.
Pegó la cabeza al cristal y vio a Sophie en pie dando una explicación.
El resto de los compañeros escuchaban atentos y asentían en silencio a sus palabras.
El cliente estaba sentado en un sillón en primera fila, atendiendo a la explicación de ella y tomando notas. Se le veía satisfecho con las palabras de Sophie, ya había caído en sus encantos. Otra víctima pensó.
Respiró hondo y llamó suavemente a la puerta.
Todos quedaron en un silencio absoluto.
Entreabrió la puerta y asomó la cabeza.
Se levantó de su silla apresuradamente Don Juan, su jefe.
- Disculpa Darío estamos reunidos, no puedes interrumpir así de esta manera...
- ¿Perdone Don Juan? Ha habido un error. Peter es mi cliente. Soy yo el que debe de estar ahí y no ella, dijo señalando con la mano a Sophie que le miraba sorprendida con media sonrisa, cómo si aquello no fuera con ella.
Don Juan le miró fijamente a los ojos:
- Darío le comunico que ha sido usted apartado del caso de Peter hasta nueva orden, lo siento, de verdad pero es lo mejor para ambas partes. A partir de ahora, será Sophie quien gestione todos los asuntos de Peter. Lo siento.
Y cerró la puerta en sus narices, dejando a Darío fuera en el pasillo sin más compañía que la de él mismo.
Se dio la vuelta y regresó a su despacho.
- Buen comienzo de semana llevo... No la podía haber empezado de peor manera, masculló.
Sacó el móvil del bolsillo del pantalón y lo depositó sobre la mesa acristalada.
Entonces recordó que se había olvidado por completo del wasap de su madre.
Desbloqueó la pantalla y se fue a los wasaps.
Giró la pantalla y se sorprendió al ver que su madre no le había escrito después nada más.
Era de nuevo un wasap de Claudio.
"Perdona por el wasap de antes no he estado muy fino, olvídalo por favor. Quería decir que me gustaría poder conocerte un poco mejor".
Darío efectivamente había olvidado ya el anterior wasap.
Deslizó el dedo y comprobó que se refería a que no le gustaban los baños que prefería hacerlo en una cama.
- ¡Dios que osado! ¿Pero este tío quien es?
Dio la vuelta a la mesa y se sentó en la silla.
Conectó de nuevo la cafetera y se desabrochó la corbata.
Tenía la espalda tensa, ya no sabía si por la traición de Sophie o por los putos wasaps que le estaba enviando el tal Claudio.
- ¿Debo responderle o mejor ignorarlo? se preguntaba.
Sentía cómo que le habían pillado, que le estaban espiando y eso él no lo podía consentir.
Cogió el móvil y abrió de nuevo el wasap del tal Claudio:
"Perdona pero creo que te has confundido, no sé quien eres"
Prefirió ser escueto para no dar juego. Sabía ya de qué iba el jueguecito de los wasaps y no iba a entrar al trapo.
Aparecieron las dos rayitas azules de que había leído el wasap.
Esperó impaciente.
"Escribiendo" ponía en la pantalla arriba bajo el número no identificado.
Y saltó a la pantalla la respuesta de Claudio:
"Normal tío que no te acuerdes con la mierda que llevabas encima... pero te pongo en antecedentes: nos conocimos en el pub piscis donde trabajo poniendo copas, ibas muy pedo y te pusiste conmigo a bailar en la pista ¿sigo recordándote qué pasó después...?
Darío apartó de un golpe el móvil y se puso las manos en la cabeza:
- ¡Dios pero qué he hecho! ¿Cómo he sido tan tonto en dar mi número de teléfono a un desconocido?
Volvió a coger el teléfono y apareció en la parte de arriba de la pantalla del móvil otra notificación de wasap de Claudio:
"Bueno no quiero ser pesado, ya sabes donde trabajo. Quedas invitado a una copa cuando quieras. Entro a las diez de la noche de lunes a sábado".
La mano le temblaba a Darío. Estaba indeciso en si contestar o no.
Finalmente decidió contestar para quitárselo de encima lo antes posible:
"OK"
Se esforzó por recordar qué pasó la noche anterior.
Estaba con la mirada perdida en la pared.
Y comenzaron a venirle recuerdos vagos de la noche:
Besaba con lujuria unos labios carnosos que no sabía ni de quien eran.
Después cayó al suelo en la pista de baile. La gente le miraba, reían a carcajadas.
Y le recogían del suelo unas manos que no sabía de quien eran ¿Eran dos manos o cuatro? Nada no podía recordarlo, sólo que lo cogieron a volandas y lo sentaron en una butaca de terciopelo rojo. Si de eso si se acordaba: del tacto suave del terciopelo al tocarlo con sus manos. No entendía porque esto lo recordaba con tanta nitidez.
- ¿Te encuentras mejor? Le preguntaba un chico musculado que había aparecido por arte de magia en la pista de baile y desapareció. Al instante regresó con un vaso de agua y entonces fue cuando recordó que no llevaba nada en la parte de arriba, iba con el torso completamente desnudo.
A partir de ahí no pudo ya recordar nada más, ni siquiera cómo llegó a casa.
El último recuerdo que tenía esa de esa misma mañana cuando le sonó el despertador.
Comenzó a inquietarse porque ¿Y si le habían llevado a casa y sabían donde vivía? No vio nada extraño en casa y tampoco echó en falta nada.
Salió de su ensimismamiento.
Lo mejor sería olvidar esa noche y a tal Claudio.
Necesitaba tomar el aire.
Daría un paseo y lo olvidaría todo.
Salió a la calle y no pudo evitar que le viniera de nuevo a la cabeza Claudio.
- ¿Será guapo?
No quería hacerlo pero no podía resistirse.
La curiosidad le podía más.
No entendía cómo no se le había ocurrido antes.