Llego a la casa de Liam, sintiéndome un poco nerviosa. Nunca antes había estado aquí, y me sorprende lo familiar que se ve. Su casa es como cualquier otra en el vecindario, de hecho, es muy parecida a la mía: una fachada sencilla, con un pequeño jardín al frente y cortinas blancas que cubren las ventanas. Todo parece tan normal, y eso me resulta extraño considerando lo complicado que se ha vuelto todo entre nosotros. Respiro hondo antes de tocar el timbre, tratando de calmar los latidos acelerados de mi corazón. No sé exactamente qué esperar de esta conversación, pero sé que tengo que hacerlo. No puedo dejar que las cosas sigan en el aire. Al cabo de unos segundos, la puerta se abre y Liam aparece, sorprendido de verme. —Emily —dice, como si no pudiera creer que estoy aquí. —Hola —le r

