—No estoy segura, Hernán... por favor, dame tiempo —le digo, alejándome un poco y frotando mis manos nerviosamente—. No es el momento. Hernán me mira en silencio, su rostro serio. Puedo ver cómo está tratando de contenerse, de no presionarme más de lo que ya lo ha hecho. —Emily —dice con voz calmada, pero firme—, no quiero presionarte, pero tampoco quiero seguir viviendo así, en las sombras. Te quiero, y lo único que quiero es que podamos estar juntos sin tener que escondernos. Pero si necesitas tiempo, te lo daré. Sus palabras me envuelven, llenas de una sinceridad que me hace sentir aún más culpable. Lo quiero también, pero la idea de enfrentar a mis padres, de lidiar con el juicio que caerá sobre nosotros, es abrumadora. No sé si estoy lista para eso. —Solo... solo necesito pensar —

