—Gracias por la cena, Laura, ha sido muy amable por tu parte invitarme a pesar de que soy alumna del señor Fernández—, se burla y hace un gesto con la mano para que me vaya.
—Tonterías, la edad es solo un número, como te susurré, conozco a mi hermano lo suficiente como para saber lo que siente por ti, tienes diecinueve años, así que eres mayor de edad, cariño—. Sonrío, pero luego frunzo el ceño al darme cuenta de que él sigue casado.
—Pero está casado—, sonríe y se encoge de hombros.
—Ella lo engañó con su entrenador personal; desde que él se enteró, ella no ha parado; ahora ni siquiera intenta ocultarlo. Le he estado diciendo que se divorcie, pero le preocupa que Thomas no tenga a sus dos padres en casa.
Eso me pilló por sorpresa.
—Thomas tiene suerte de tener al señor Fernández. Es el niño más guapo que he visto nunca—, le digo mientras ella sonríe y asiente con la cabeza. Oímos dos pares de pasos que se acercan y vemos a Thomas durmiendo con los brazos rodeando a su padre.
Laura se inclina y besa a Thomas en la frente antes de darle un abrazo lateral al señor Fernández. Se da la vuelta y me da un gran abrazo.
—Te daré mi número, saldremos algún día, ¿quizás a un club de striptease masculino?—, dice mientras mira al señor Fernández de reojo para ver su reacción. Lo cual, de hecho, hace que el señor Fernández apriete la mandíbula. Me guiña un ojo y luego nos guardamos los números en los celulares.
Ella nos ve marcharnos y siento una mano en mi muslo. Miro al señor Fernández, que está concentrado en la carretera mientras gira en la esquina hacia mi calle.
—Señor Fernández—, le digo cuando se detiene a unos segundos de mi casa.
—Llámame David, fuera del instituto—, le sonrío y luego asiento con la cabeza. Miro hacia atrás a Thomas, que tiene los labios entreabiertos y duerme profundamente mientras abraza a su osito de peluche.
—Se parece mucho—, sonríe y mira su mano sobre mi muslo. Me agarra las manos y las entrelaza con las suyas.
—Lo siento, sé que dijimos que...— Le agarro la cara y uno mis labios a los suyos. Por fin se relaja y me besa con la misma energía, pero luego domina el beso agarrándome el pelo. Gimo en su boca en silencio y siento sus labios ahora en mi cuello. Chupando, mordiendo. Me suelta el cuello y sonríe mientras mira hacia abajo, a mi cuello.
—Me has hecho un chupetón en el cuello, ¿verdad?—. Me inclino hacia su cuello y lo chupo, mordiéndolo al ver mi marca en la parte superior de su pecho.
Se inclina hacia mí de nuevo y me besa.
—¿Qué vas a hacer mañana?—. Mañana es fin de semana, lo que significa que pasaré tiempo con mi padre. Frunzo el ceño y luego suspiro.
—Estaré con mi padre, quizá me quede a dormir, no lo sé, pero te daré mi número—. Él asiente y me pasa su teléfono. ¿El código? —2017, es el año de Thomas—. Sonrío, tecleo el código y le devuelvo el teléfono una vez que he guardado mi número en él.
Le doy un beso de despedida y luego abro la puerta. Él espera a que entre en mi casa y se marcha.
*
—Frida, sabes que no tienes por qué irte. Sé cómo pueden ser su mujer y su hija... unas z0rras—, me río mientras preparo una bolsa para pasar la noche. Más vale que lo haga.
—Mamá, puedo arreglármelas sola, no te preocupes—. La abrazo y ella suspira mientras me ayuda. Oímos un claxon fuera, así que cojo mis últimas cosas antes de meterlas en la bolsa.
Bajamos las escaleras y mi padre sale del coche para darme un abrazo.
—Oh, mi querida hija, te he echado de menos—. Sonrío y luego me giro hacia mi madre para darle un abrazo.
—Te lo prometo, si le dice algo a mi hija que no apruebe, no dudaré en derribar tu puerta y darle una bofetada a esa z0rra, ¿me oyes?—. Él pone los ojos en blanco y asiente cuando ve a mi madre acercándose a él. Ella se detiene y luego asiente.
Ella nos ve alejarnos en el coche y la veo entrar en casa. Quiero mucho a mi madre; ella y mi padre me tuvieron cuando eran muy jóvenes: mi madre tenía 17 años y mi padre, 19.
—¿Cómo te va? ¿Qué tal la universidad?—, me pregunta mi padre tras unos minutos en el coche.
—Bien, tengo mucho trabajo que ponerme al día, pero no hay clase hasta la semana que viene—. Él asiente y me doy cuenta de que hemos llegado a un restaurante indio.
Al entrar en el restaurante, veo a Lacey y a Lily. Hago todo lo posible por no salir corriendo en cuanto las veo, pero me comporto como una persona madura y camino con confianza.
Mi padre se sienta frente a Lily, mientras que yo me siento frente a Lacey, en el lado exterior, desde donde podría salir corriendo si quisiera.
—Frida, qué alegría verte. ¿Cuánto tiempo ha pasado? ¿Tres meses sin vernos?—. Sí, quizá porque tuvimos esa discusión y yo estaba a punto de darte una paliza por hablar mal de mi madre.
—Mmm, me pregunto por qué—. La miro, pero ella se traga un sorbo de agua.
—Eso es tiempo pasado, he aprendido de mi error—. Levanto las cejas y luego la ignoro mientras cojo la carta para distraerme. Ya sé lo que voy a pedir, pero les hago esperar un poco más.
Se acerca un camarero y nos pregunta qué queremos pedir. Todos dicen lo que quieren y me esperan. Levanto la vista hacia él:
—Hola, ¿puedo pedir pollo con agua helada y una rodaja de limón, por favor?—. Él asiente y lo anota mientras se aleja.
—Bueno, Frida, tu padre me ha dicho que este es tu último año en la universidad. ¿Cómo te va?—, me pregunta Lily. Ay, querida madrastra, las dos sabemos que no quieres jugar a la familia feliz.
—Va bien, el nuevo profesor tiene mejores técnicas. Desglosa los temas poco a poco para que no nos confundamos... Los exámenes son dentro de dos meses—, ella asiente y sonríe con sorna al mirar a mi padre.
—David, siempre ha tenido ese efecto con sus alumnos, lo aman—. La miro, pero luego miro la comida que están poniendo en la mesa.
—¿Conoces a Dav... al señor Fernández?—. Ella asiente y luego se sirve el curry.
—Soy amiga de su mujer—. Abro mucho los ojos, pero luego me contengo para no decir algo de lo que me arrepentiría.
—Está buenísimo—, había dicho Lacey en voz baja. Lily niega con la cabeza y le sonríe a Lacey.
—Se va a divorciar de él, así que quizá...—, intenta bajar la voz.
Oigo el pitido de mi teléfono, lo que me distrae.
Desconocido: Hola.
—Disculpen, voy un momento al baño—, les digo a todos los que están en la mesa comiendo y hablando de sus aburridas vidas.
Entro en el baño y me quedo junto al lavamanos. De repente, suena mi teléfono con el número desconocido. Descuelgo y me acerco el teléfono a la oreja.
—Hola, solo quería llamarte porque pensé que no sabías si era yo—, sonrío, ya que echaba de menos su voz.
—Sabía que eras tú, justo me iba a alejar de mi padre y de su nueva familia.
—¿Estás bien? Suenas triste, cariño—. Siento que se me llenan los ojos de lágrimas, porque acabo de darme cuenta de que mi padre tiene una nueva vida, mientras que mi madre está haciendo todo lo posible por volver a ser feliz. Me mata saber que ella sigue teniendo el corazón roto por eso.
—Son solo cosas con mi padre, rayos, no puedo odiarlo porque es mi padre, pero... es solo que hizo tan feliz a mi madre y ahora...—. Él me escucha y eso me hace sentir más feliz. Solo quiero estar en sus brazos y hablar toda la noche, escuchar sus historias y turnarnos.
—Me voy a ir temprano por la mañana para poder ir a la fiesta de Thomas y no decepcionarlo—, le digo.
—Te recogeré, solo envíame la dirección. Pero tengo que irme ya, cariño, Laura nos ha invitado a salir a cenar porque se va a Londres seis semanas—. Sonrío al mencionar a Laura, es la persona más simpática que he conocido nunca.
—Vale, saluda a Laura de mi parte—. Nos despedimos y me seco los ojos antes de salir por la puerta y volver a la mesa.