Con ganas de comerte

978 Palabras
DAVID —No tienes por qué darme clases particulares—, dice mientras se aparta el pelo hacia un lado. —Quiero hacerlo, mariposa—, sonrío y ella me mira confundida. Señalo su tatuaje de mariposas y ella baja la mirada y sonríe mientras lo toca. —Es mi insecto favorito; de hecho, uso ese emoji mucho más que los demás—, se sonroja, —cuando tenía quince años, Lana y yo íbamos al parque y nos sentábamos allí a mirar todas las mariposas de colores volando a nuestro alrededor—, se encoge de hombros y luego acerca su silla al escritorio, —estaba en el baño de chicas cuando oí a Tina y a Lana hablando de mí. Dijo que estaba presumiendo—, frunzo el ceño mientras una lágrima le resbala por la mejilla. Me acerco a ella y le paso el pulgar por la mejilla para secarle las lágrimas. —Ella no se merece tus lágrimas, cariño... Frida. No eres una presumida, solo está celosa, ¿vale?—. Ella asiente con la cabeza y endereza la espalda. —¿Y qué me vas a enseñar? * —¿Ya es esa hora? Siento haberte retenido hasta tan tarde—. Son las 6:30; llevamos tres horas y media en esta clase. —No pasa nada, señor. Al menos así no tengo que estudiar en casa y buscar ayuda en Google—. Me río y nos levantamos. —Supongo que no conduces porque estabas esperando el autobús—, ella asiente y guarda su libro de repaso en el bolso. —Te llevaré a casa, no voy a dejar que salgas andando de noche—, me sonríe y salimos del aula. Salimos del instituto y abro la puerta de mi coche. Ella se sienta en el asiento del copiloto y yo me siento al volante. —¿Te importa si recogemos a Thomas por el camino?—. La miro y sus ojos se iluminan al mencionar a Thomas. —Por supuesto que no, sabes que se parece mucho a ti—. Sonrío al pensarlo y salgo del aparcamiento. Salgo del coche y llamo a la puerta de mi hermana, ya que no voy a parar. Ella abre la puerta y llama a Thomas: —¿No vas a entrar? He hecho espaguetis, Thomas tiene hambre—, me explica, pero yo niego con la cabeza y miro hacia atrás a Frida, que está en el coche mirando su teléfono. —Tengo a mi alumna en el coche, acabamos de terminar la clase particular y la estoy llevando a casa, así que no puedo—, Laura está cruzando los brazos y mirando a Frida. —Es muy guapa; si yo hubiera sido así a su edad, habría ido a una agencia de modelos—, sonrío y asiento; no es mentira, es sin duda la chica “la mujer” más guapa que he visto nunca. —Tráela dentro, seguro que tiene hambre por haberte hecho esperar hasta esta hora—, suspiro, pensando que no querrá entrometerse, así que me acerco a su lado y le abro la puerta. —¿Tienes hambre? Mi hermana quiere invitarte a cenar por haberte hecho esperar hasta esta hora—. Ella lo piensa un momento antes de asentir. —Puedes dejar tu bolso aquí. Caminamos hacia la casa y Laura le dedica a Frida una gran sonrisa amistosa. —Hola, soy Laura, la hermana de David. Eres muy guapa—. Frida se mueve nerviosa y le sonríe a Laura. —Hola, yo soy Frida. Tú también eres muy guapa—. Laura la abraza y le susurra algo al oído que la hace sonrojar. —¡Papá!—. Veo a Thomas corriendo hacia mí, pero cuando ve a Frida, pasa corriendo a mi lado y se abraza a su pierna. —Hola, Frida—. Frida se agacha y lo abraza. Les sonrío y noto que Laura me mira desde la distancia. La miro y ella me sonríe con aire burlón, así que le pongo los ojos en blanco mientras nos sentamos en la mesa. Mientras estamos todos sentados en la mesa, Thomas se asegura de sentarse junto a Laura, ya que es el único asiento que tiene un reposabrazos para evitar que se caiga, mientras que Frida se sienta a mi lado. —Frida, voy a cumplir cinco años dentro de dos días, ¿vas a venir a mi fiesta de cumpleaños?—. Frida me mira y yo asiento con la cabeza en señal de aprobación. —Bueno, eso depende de tu padre y de tu madre—, dice mientras sonríe a Thomas, que no deja de mirarme con esos ojos. —Por supuesto, parece que Thomas te tiene cariño, así que no veo ningún problema. Te enviaré un correo electrónico para decirte cuándo te recogeré—, sonríe y asiente mientras todos nos lanzamos a la comida. Frida deja escapar un pequeño gemido de placer ante la comida y yo trago saliva mientras me acomodo. —Esto está buenísimo, Laura—, dice. —Gracias, Frida—, le sonríe Laura. Thomas le susurra algo a Laura y ella asiente mientras se levanta. —Thomas tiene que ir al baño, no tardaremos mucho—. Frida y yo asentimos y los oímos subir las escaleras. Frida da un sorbo a su agua helada y se limpia la boca mientras yo hago lo mismo. Se muerde el labio y me sonríe. —Deja de hacer eso…—, le advierto, y ella se encoge de hombros. Su siguiente movimiento me sorprende. Me agarra de la corbata y me tira hacia abajo mientras me mira de arriba abajo. —¿O qué?—. Estoy a punto de castigarla, pero oigo pasos que se acercan.
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