Alumna preferida

1015 Palabras
DAVID —Si no puedes convencerlas, confúndelas—, escribo en la pizarra detrás de mí. Me doy la vuelta y veo a Frida con la cabeza apoyada en la mano mientras escribe la cita en su portátil. Parece molesta. Frunzo el ceño y es entonces cuando me doy cuenta de que Lana, su amiga, está sentada con Tina, que no se lleva bien con Frida. No hace falta mucho para darse cuenta de que se han peleado, pero nunca hubiera pensado que su mejor amiga la traicionaría y se haría amiga de su enemiga. —Frida, ¿puedes venir aquí un momento, por favor?—. Ella me mira y se levanta de su asiento para acercarse a mí. —Necesito que me ayudes con los libros, así que sígueme al almacén y espera fuera mientras hablo con la clase—. Ella asiente y me espera fuera del aula. Me vuelvo hacia la clase. —Mientras vamos a por los libros, quiero que todos revisen los apuntes de la clase de ayer y, cuando vuelva, señorita Salas, quiero que ponga al menos cinco ejemplos de habilidades que necesita un abogado—. Traga saliva y mira a su alrededor, deteniéndose en el portátil de Frida. Me acerco al portátil y a los apuntes de Frida, los recojo y los guardo bajo llave en mi cajón para que no se le ocurra nada. Salgo por la puerta y veo a Frida con el móvil, desplazándose por fotos de ella y Lana en las que parecen tener 15 años. Se da la vuelta y vuelve a guardar el móvil en el bolsillo. Su cara parece como si hubiera estado llorando; no quiero invadirla con preguntas, así que seguimos caminando por el pasillo hacia el armario de material. Enciendo la luz y cierro la puerta detrás de nosotros. Busco los libros y Frida también. Los encuentro en el primer estante, pero los dejo en el suelo para poder acercarme a Frida, que sigue intentando encontrar la segunda caja. La tiro del brazo, sin hacerle daño, y la atraigo hacia mí para darle un abrazo. Al principio se pone tensa, pero se relaja con mi contacto y me rodea con sus brazos. —Aunque no sé qué ha hecho Lana, me doy cuenta de que ha hecho algo para arruinar la amistad y siento que te haya pasado esto—, llora contra mi cuello y luego se calma después de dos minutos de que la esté abrazando. Divisa la segunda caja de libros de Derecho y la saca de la estantería. —¿Puedo quedarme contigo al menos diez minutos al final del día? No quiero encontrarme con ella—, mi expresión se suaviza mientras se seca los ojos con un pañuelo que saca de su bolsa. Asiento con la cabeza, recojo la caja del suelo y salimos juntos del armario. Entramos en clase y ella deja la caja en mi mesa; yo le devuelvo el portátil y los apuntes mientras ella vuelve a su asiento. —Bien, la universidad ha tenido la amabilidad de encargar estos libros para que los conserven y repasen de cara a los exámenes de dentro de dos meses. No los pierdan, porque no les daré otro, ¿entendido?—. Todos dicen “sí, señor” y yo asiento con la cabeza en señal de aprobación. Miro el reloj y veo que nos quedan treinta minutos para que termine la clase. Me doy la vuelta y veo cinco respuestas en la pizarra. Hablar en público Habilidades de investigación Habilidades analíticas Habilidades sociales Y habilidades técnicas —Muy bien, Lana, esperemos que la próxima vez prestes atención en lugar de garabatear en tu hoja. —Sí... señor. Miro a Frida y veo que pone los ojos en blanco; esbozo una sonrisa cuando me doy la vuelta para sacar los libros. Rayos, qué tierna es. J0der. —Vale, todos empiecen a recoger y vengan a coger los libros de repaso fila por fila—. Todos recogen sus cosas y se acercan a mí en fila. A medida que recogen sus libros, les permito marcharse en cuanto los tienen. Las dos últimas filas se acercan y veo que Frida espera a propósito hasta el final, pero veo que Lana y Tina se colocan detrás de ella. Hago todo lo posible por no enfadarme con ellas por molestar a Frida, pero finalmente me controlo y me dedico a los últimos alumnos. Ahora solo quedan Tina, Lana y Frida en clase. Tina me mira fijamente, intentando parecer seductora mientras se retuerce la punta de un mechón de pelo, mientras que Lana cruza los brazos a la espera de que termine la clase. Miro a Frida, que ni siquiera tiene que esforzarse. Cojo dos de los libros y se los paso a Lana y a Tina. —Señor, ¿da clases particulares? —me pregunta Tina con su voz aguda. Asiento con la cabeza y su rostro se ilumina. —¿Podría darme clases particulares, quizá los fines de semana? —dice mientras se ajusta la mochila. —Lo siento, Tina, pero ya tengo una alumna a la que estoy dando clases particulares—, ella parece sorprendida, como si fuera la primera vez que la rechazan. Cruza los brazos y resopla. —¿Quién? Porque he mirado la lista y pone que está disponible. —Es que no la he actualizado, y estoy dando clases particulares a la señorita Argüello. Me lo pidió cuando estábamos recogiendo los libros—, le digo a Frida, con la esperanza de que ella me respalde. Ella asiente y me sonríe. —Sí, eres demasiado amable al aceptar con tan poca antelación—. Asiento y me dirijo a las dos chicas que miran a Frida como si quisieran decir algo. —Ahora, si no les importa, tenemos una clase de estudio justo en este momento—. Se dan la vuelta con un suspiro y salen por la puerta. Me vuelvo hacia Frida y veo que se sienta. Supongo que voy a estudiar a esta belleza.
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