J0der, j0der, j0der
¿Qué c0ño ha pasado hoy en ese coche con el señor Fernández? Ha estado muy mal por su parte besarme así de repente y, para colmo, la relación está prohibida y él es mi profesor.
Admítelo, Frida, te gustó.
No. Estuvo mal. Fin de la historia.
Estoy tumbada en la cama, mirando al techo. Mi mente repasa todo lo que ha pasado hoy.
¿Debería llamar a Lana?
Cojo el teléfono de la mesita de noche y marco el número de Lana.
Rechazado
¿Qué c0ño he hecho? Ella nunca rechaza mis llamadas, siempre me envía un mensaje para decirme que está ocupada.
Para Lana: Lana, ¿estás bien? ¿Qué he hecho? Por favor, llámame.
Un golpe en la puerta de mi habitación me hace levantar la vista.
—Adelante—, le digo a la persona que está al otro lado. Mi madre abre la puerta y sonríe.
—Ha llamado tu padre, dice que va a recogerte el fin de semana para ponerse al día—. Pongo los ojos en blanco y me recuesto para volver a mirar al techo. Mi madre se acerca y suspira. —No tienes por qué ir si no quieres, tienes 19 años, puedes tomar tus propias decisiones—, me dice mientras me mira.
—Está bien, iré, pero si viene su querida hijastra, no iré—, le digo, y ella asiente.
—De acuerdo, mañana tienes clases. Descansa un poco, ¿vale?—. Sale de mi habitación y yo me doy rápidamente una ducha y me lavo los dientes antes de quedarme dormida.
*
Normalmente, Lana me envía un mensaje cuando va de camino a recogerme, pero hoy no lo ha hecho. ¿Qué habré hecho?
Mi madre se ha ido a trabajar, así que no puedo ir en coche a la universidad, así que supongo que tendré que ir a la parada del autobús.
Cojo rápidamente un banano y me lo como de camino a la parada del autobús; cuando termino, lo tiro a la papelera de la calle y espero el autobús. ¿Suelen llegar tan tarde?
De repente veo un coche que se detiene delante de mí y voy a echar a correr, pero oigo mi nombre.
—Frida, soy yo—. Me doy la vuelta y veo al señor Fernández. Se inclina y abre la puerta de su coche. —Sube, te llevaré—. Lo pienso un momento, pero al final subo.
—Gracias—. Cierro la puerta y me abrocho el cinturón de seguridad.
—Yo...
—Yo...
Los dos empezamos a hablar y nos callamos para dejar que el otro hablara.
—Habla tú primero—, me dice. Asiento con la cabeza y me aclaro la garganta antes de jugar con las manos.
—Creo que lo que hicimos estuvo mal y creo que ninguno de los dos pensamos en lo que estábamos haciendo en ese momento; tú tienes esposa e hijo y no quiero meterme en eso, y además eres mi profesor—, le digo mientras por fin me armo de valor para mirarlo a los ojos.
Frunce el ceño, pero rápidamente lo sustituye por una sonrisa.
—Estoy totalmente de acuerdo contigo. No me arrepiento de haberte besado, pero estoy de acuerdo con lo de profesor y alumna. Debería haberme controlado. ¿Así que hacemos como si esto nunca hubiera pasado?—. Asiento y me lleva en coche a la universidad. Me bajo a la vuelta de la esquina para que no parezca sospechoso.
Miro mi móvil por si hay algún mensaje de Lana, pero no hay nada. Me estoy cansando de intentarlo; o ella madura de una vez por lo que sea que la tenga enfadada, o perderé a una amiga, lo cual, por cierto, espero que nunca pase.
Al entrar por las puertas de la universidad, voy al baño antes de ir a la clase de inglés. Cuando estoy a punto de tirar de la cadena, oigo dos voces que entran.
—Como si siempre tuviera que ser ella el centro de atención; como viste ayer, yo estaba a punto de responder y ella le dijo la respuesta al señor Fernández, como la presumida que siempre es; lleva presumiendo desde que teníamos quince años.
Espera, conozco esa voz. Es Lana y está hablando de mí.
—Sinceramente, ¿por qué eres amiga suya? Ni siquiera es guapa—, responde Tina.
Tiro de la cadena y abro la puerta ante dos caras que miran hacia mí. Las caras de Lana y Tina se desaniman y la de Lana se sonroja. Paso junto a ellas y me lavo las manos mientras se miran entre sí con pesar.
—Sabes, si te sientes insegura, Tina, podrías haberlo dicho, y Lana, te lo puedes meter por donde no brilla el sol. Adiós, z0rras—. Salgo del baño de chicas y me dirijo a la clase de inglés, que se me pasa rápido, al igual que la de matemáticas. Me alegro mucho de que Tina y Lana no estén en esas clases.
Ahora es la hora de mi clase de Derecho. J0der.