El hijo del señor Fernández es tan tierno... Ver cómo interactúa con Thomas es todo un espectáculo. Thomas es claramente un charlatán, pero no me importa, ya que me encanta escuchar sus historias sobre lo mucho que le gustan los coches y que quiere ser piloto de carreras cuando sea mayor.
No puedo evitar darme cuenta de que el señor Fernández me mira varias veces.
—Bueno, Frida, ¿vives por aquí?—, me pregunta el señor Fernández. No puedo evitar fijarme en cómo mi nombre sale de su boca con tanta perfección, pero de alguna manera me excita.
—Vivo a veinte minutos de aquí, cojo el autobús para venir. Es la única cafetería que realmente es tranquila—, asiente y estaba a punto de decir algo, pero llega nuestro pedido.
He pedido una tortilla de jamón y queso con un buen vaso de Coca-Cola bien fría.
—¿Te gustan las tortillas de aquí también?—, me pregunta mientras empieza a comer.
—Sí, están muy ricas—, le digo.
—¿Tienes novio?—, me pregunta Thomas con su vocecita tan mona. Sé que no lo dice con mala intención. Los niños son curiosos a estas edades.
—No tengo novio, por desgracia—, dice él, ladeando la cabeza con cara de desconcierto.
—Pero eres muy guapa... No te preocupes, yo seré tu novio—, me dice mientras me mira a través de su vaso de leche con chocolate, dejándose un bigote antes de lamerlo.
El señor Fernández se ríe entre dientes y yo sigo comiéndome mi tortilla.
—Eres demasiado pequeño para tener novia—, suspira Thomas y le susurra al oído al señor Fernández. Él me mira y se muerde el labio. Deja de hacer eso.
—Papá, tengo que hacer pis—, le explica Thomas a su padre.
El señor Fernández me mira y yo sonrío antes de asentir.
—Por favor, quédate aquí, Frida, me gustaría llevarte a casa—, me dice.
—Oh, no, no pasa nada...
—Insisto.
Se dirigen a los baños y yo llamo al camarero.
—Hola, me gustaría pagar esta comida, y las otras dos también—, le digo sonriendo y me entrega la cuenta, que firmo.
Más tarde regresan y el señor Fernández va a sacar su cartera.
—Oh, ya he pagado—, se queda sorprendido por lo que acabo de decirle.
—Frida, no tenías por qué hacerlo.
Sonrío con aire pícaro:
—Insisto.
*
El señor Fernández me abre la puerta después de abrocharle el cinturón a Thomas y me subo a su Range Rover. Se sienta al volante y se vuelve hacia mí:
—¿Dónde vives?—, me pregunta. Le digo dónde vivo y, sorprendentemente, no lo introduce en el GPS.
—Vives cerca de la casa de mi hermana, paso por delante de tu casa todos los días para dejar a Thomas—. Asiento con la cabeza y me giro para mirar a Thomas, que duerme profundamente. Sonrío al ver su rostro descansado. Se parece a su padre.
—No suele tomarle el gusto a la gente nueva, pero tú le caes bien; ni siquiera me sorprende—. Miro al señor Fernández, que se detiene en un semáforo en rojo.
Quiero preguntarle algo, pero no puedo. Me muerdo el labio, frustrada conmigo misma. En cuanto se pone en verde, el señor Fernández se detiene en un lugar que claramente no es mi casa. Me toma la cara y me mira a los ojos.
—Deja de morderte el labio.
—Oblígame—, le susurro contra sus labios.
Él gruñe:
—J0der.
Me agarra por la nuca y me domina con un beso duro y desesperado.
Le devuelvo el beso con la misma energía y rezo para que Thomas no se despierte y nos vea. Le agarro el pelo y él vuelve a gemir. Gimo en su boca mientras me muerde el labio inferior.
—J0der—, se aparta y se pasa las manos por el pelo.
—Lo siento—, le digo, lo que le hace negar con la cabeza y sonreír.
—Yo no, sé que está mal lo que he hecho, pero no puedo evitar sentirme atraído por ti, Frida, y sé que solo ha pasado un día desde que nos conocimos, pero j0der. Me dejaste sin aliento en el momento en que cruzaste esa puerta.
Me sorprenden sus palabras. ¿Cómo puede sentirse atraído por alguien como yo? Me coge la mano.
—¿He dicho algo que te haya molestado?
—No, es solo que nunca en mi vida hubiera imaginado que estaría aquí besando a un chico tan guapo que además es mi profesor—. Él sonríe y me coloca el pelo detrás de las orejas.
—Sé que está mal, pero no puedo evitarlo—. Asiento con la cabeza, entendiendo lo que quiere decir. —Te llevaré a casa y luego podemos hablar de esto mañana después del clases, ¿vale?
—Vale.