Después de que él se comiera tooooodo el pastel, con todo el amor del mundo, porque a mí seguían sin gustarme los dulces, me miró sonriente. —Me encantó, gracias por la sorpresa —dijo abrazándome. Yo negué y sonreí. —De nada, mi vida. —Ven aquí —dijo estirándome sus brazos —, hay algo que quiero pedirte —asentí y me subí a sus piernas abrazándolo por el cuello. —Te escucho —sonrió nervioso. —Quiero pedirte algo, obvio no tienes que aceptar si no quieres… —suspiró —Quisiera que nuestra bebé tuviera de segundo nombre Rachel —yo lo miré a los ojos y negué. Vi una pisca de decepción en ellos, pero yo aún no terminaba de hablar. —De segundo no, de primero. Me encantaría que se llame Rachel Knigth —él me miró emocionado y me abrazó fuerte. —¡Gracias, mi vida! ¡En serio, gracias! ¡Eres

