Para ser sincera, era un poco frustrante que él no me contara lo que le estaba pasando. Me echaba la culpa, porque creía que había sido por mi “te amo”. Extrañamente, Ramsés no me llamó a la hora del almuerzo y tampoco tuve respuestas de él en toda la tarde. Lo llamé en varias oportunidades y nada. Eso me tenía los pelos de punta. Estaba empezando a preocuparme. Cuando volví a casa, estaba echa un desastre. Apenas entré, miré las luces del salón encendidas. Esperanzada corrí hacia el lugar. —¡Él volvió al fin! —me dije feliz. Pero era Sky quien me esperaba en el salón. La miré con cara de decepción y ella sonrió. —¡Vaya! No pensé que mi presencia fuera una decepción para ti —me acerqué a ella y la abracé. —Perdón, pensé que eras Ramsés. —¿Pasó algo? —preguntó ella confundida y yo

