—Me voy a odiar por esto, pero no puedo —suspiró con el ceño fruncido. Quise morir de la vergüenza. Intenté que me bajara, pero él me lo impidió, hasta que le grité enojada y me puso en el suelo. No sabía qué carajo nos pasaba, que siempre, para que le hiciéramos caso al otro, teníamos que gritar. Apenas me bajó corrí al baño y me encerré ahí. Eso, definitivamente, había sido una de las cosas más humillantes que había vivido en mi vida. —Bree, por favor, no te enojes. Déjame explicarte. —No estoy enojada, déjame sola un rato, por favor —dije caminando de un lado a otro. Por fortuna, el baño de la suite era gigante. —No, Bree, tengo que explicarte —dijo con voz desesperada. —Por favor, déjame sola —supliqué. Lo escuché alejarse y apenas lo hizo, yo salí disparada del baño. Tenía q

