Cuando sonó la alarma para levantarnos, los dos estábamos perezosos, obviamente, yo más que él. Siempre había sido dormilona, en cambio, él se levantaba con el primer sonido de la alarma, así que, con lo sucedido el día anterior me preocupé. —¿Estás bien? —asintió con los ojos cerrados. —Sí, es solo que nos dormimos muy tarde. —¿Seguro de que estás bien? —abrió los ojos y los volteó un poco. —¡Que sí, pesada! —dijo imitando mi voz. Eso me dio mucha risa. —¡Vaya! Tenemos a otra Bree Knigth aquí. Desayunamos y nos fuimos a Green. Estaba un poco nerviosa por la reunión. Irme de ese lugar era defraudar a los que habían confiado en mí. Al menos, así lo sentía. Apenas nos bajamos del auto yo ya estaba sudando frío debido al nerviosismo. Ramsés tomó mis manos y las secó con su chaqueta.

