Un encuentro
La música retumbaba en el lugar, Loren caminaba con tanta confianza mientras destellaba belleza y seguridad. Hoy celebraba por lo alto un nuevo año de vida. Su lema era claro, “no todos los años se cumplen veinte y era momento de disfrutar sin mirar atrás”
Ella estaba celebrando con efusidad, mientras que bebía sin control alguno.
—¿Estás segura que es aquí en donde quieres festejar? —dice una de sus amigas con un gesto de desagrado.
—Sí, este es el lugar. Está noche disfruta amiga, porque esta noche será inolvidable.
Loren miraba a su alrededor, a pesar de que no era un lugar de los cuales ella estaba acostumbrada a frecuentar, era perfecto, al menos para pasar la noche allí. Ella quería que el día de hoy fuera único, fuera especial. Fuera diferente a los demás.
—Está bien, no te preocupes. Es el lugar adecuado, en donde nadie nos conoce y podemos ser nosotras sin que mi papá esté metiéndose en mis cosas —Loren responde, tomando en sus manos una botella de la mejor calidad.
La noche transcurría, bailaron hasta el cansancio, hasta que la atención de Loren se posó en un hombre alto que iba entrando al lugar. Loren dio un gran sorbo a su bebida y se fue hasta la pista de baile, mientras bailaba de manera provocativa mirando fijamente a los ojos a aquel hombre.
Taylor entró a ese lugar, era perfecto para distraerse y olvidar la discusión con su padre, él no estaba de acuerdo con los cambios que su padre quería hacer en la empresa, no obstante, era algo que ya no podía evitar.
Al entrar notó como una mujer de cabello oscuro llamaba la atención por encima de los demás. En ese preciso instante, él se dio cuenta que pasar la noche en ese lugar sería demasiado útil para sacar de su cabeza todos los problemas que tenía.
¿Qué podría salir mal si solo quería divertirse?
Taylor camino hasta la pista y se ubicó detrás de ella, al acabar la canción la invitó una copa.
—¿Tomas algo? —dice él, acercándose susurrándole en el oído, haciendo que el cuerpo de Loren se erizara por completo.
—Claro, me gustaría —ella responde con seguridad, esa que a Taylor le gusta.
—Debo sonar muy repetitivo, pero eres una mujer muy hermosa. —Ella suelta una risa sutil, él se acomoda de tal forma que la observa mucho más, mucho mejor.
—Supongo que eso se lo dices a todas —ella responde, él muerde el interior de sus labios, ella le atrae demasiado.
—¡Me declaro culpable! —él expresa con una de sus habituales sonrisas conquistadoras.
—¿Viene seguido a este sitio? —Taylor niega con su cabeza y luego coloca su mano en la barbilla para acercarse a ella.
—Te voy a ser sincero, vine a buscar alguien con quien pudiera pasar el rato, no he tenido el mejor de los días y creo que esta es una de las mejores maneras de sacar las penas. —Loren soltó una leve risa, mientras que Taylor levantaba una de sus cejas.
—Es broma, ¿verdad?
—Sí, creo que me equivoqué de persona. Por lo visto nunca has cometido una locura de una noche… —Él levanta su copa para luego escanearla con su mirada—. No tienes idea lo emocionante que es eso, pero por lo visto será mejor buscar emoción por otro lado.
Él solía usar esas técnicas de seducción, que en definitiva, para él eran infaltables y en definitiva resultaban siempre.
Loren sonrió de lado, siempre había sido la mujer perfecta para la sociedad y para su familia. Ella quería aunque fuera solo una vez salirse de los estándares en los que estaba envuelta por ser hija de uno de los empresarios más influyentes del país.
Ella estaba acostumbrada a tenerlo todo, aunque eso implicaba que su familia, en especial su padre decidiera muchas cosas de su vida, pero esta vez ella podía decidir.
Loren se puso de pie, bebió todo el contenido de su copa y luego asintió con su cabeza.
—¿Quién dice que no soy ese tipo de persona? —ella habla con suma coquetería.
Esas palabras servirán de impulso para que Taylor sonriera con malicia.
—Mucho gusto, —ella extiende su mano, pero antes de que continuara hablando él la interrumpe.
—Sin nombres. Así evitamos los compromisos innecesarios.
Loren se sentía nerviosa, sin embargo, era mucho mayor la adrenalina que corría por sus venas.
Salieron del lugar tomados de la mano, al entrar a uno de los hoteles cercanos. Sus labios chocaron con tanta intensidad, que hizo que sus cuerpos se encendieran y su temperatura subiera lo mayor posible.
Por algunos minutos olvidaron sus problemas, en ese preciso momento lo único que importaba era calmar la sed que había entre ellos dos. El momento fue mágico, candente y apasionado. La noche se quedó corta, sin embargo, esto era algo que no iban a olvidar nunca en su vida.
Los rayos del sol entraron por la ventana despertando por completo a Taylor. Él se puso de pie, no sin antes echarle un vistazo a la mujer que había amanecido con él está vez, una más que se sumaba a su larga lista de pretendientes de una sola vez.
Él se vistió y dejó una nota de agradecimiento tal y como lo hacía con cada mujer que pasaba el fin de semana, no sin antes dejar claro en ella, que jamás volvería a verla; él soltó una suave carcajada para luego salir de allí.
Loren abrió sus ojos, de ingenua pensó que aquel hombre amanecería junto a ella, que equivocada estaba. Leyó la nota y bufó, mientras recordaba la noche tan maravillosa que tuvo.
Ninguno de los dos era consciente de las consecuencias que ese encuentro traía, lo único claro en esto, es que esa noche los iba a marcar para siempre.