Asier Alekseyev La mañana se filtraba por los ventanales del ático con una frialdad que parecía burlarse de la opulencia que me rodeaba me terminé de anudar la corbata de seda frente al espejo del vestidor, observando mis manos estaban firmes, pero por dentro sentía el rugido de una tormenta que llevaba dos años gestándose. Detrás de mí, escuché el roce de las sábanas y el suspiro irritado de Eloísa al despertar. —¿Te vas ya? —preguntó ella con esa voz pastosa, cargada de una indolencia que siempre me había resultado ajena—. Mis padres esperan que confirmes la asistencia para la gala benéfica de los Rossi esta noche no me hagas quedar como una estúpida de nuevo, Asier.— Me giré lentamente para mirarla estaba allí, rodeada de encajes y lujos que yo pagaba, preocupada por una gala mient

