Tessa Koch El aroma a sándalo de Asier todavía impregnaba el aire de su despacho, mezclado con ese rastro metálico y terrenal de lo que acababa de ocurrir sobre su escritorio, cuando la puerta se abrió de golpe, barriendo cualquier vestigio de nuestra intimidad con una fragancia floral, dulce y asfixiante que solo podía pertenecer a una persona. Entra al baño para poder limpiarme, me ajuste la falda y al salir del baño me encontré con que Eloísa Rossi venía entrandocon la seguridad de quien se sabe dueña de cada molécula de oxígeno en el edificio. —Asier, querido, necesito a tu secretaria —anunció ella, con una naturalidad que me revolvió el estómago mientras se detenía frente a él, ignorándome como si yo fuera un mueble más de la oficina—. Con el evento de esta noche siendo organiza

