Así me decidí a no dejarme vencer por el olvido y empecé a poner unas notas sobre las tareas pendientes y la fecha de cuándo debía de hacerlo; luego empecé a poner anotaciones sobre aquello que debía de comprar cada semana, y lo que tenía que comer al día, separado en cada una de las horas. Para que no se me olvidase nada, empecé a vaciar los cajones de la comida y poner todos los alimentos allí delante, de forma que estuviesen a la vista, así podía saber cuándo se acababa algo para apuntarlo y poderlo comprar. En poco tiempo mi casa se llenó de notas, cada cosa tenía un papel debajo, indicando lo que era y para qué servía. Aparte tenía en la nevera bien a la vista, la lista de las cosas diarias por hacer, además de un calendario con las anotaciones de las citas y tareas de la semana, y

