Al día siguiente amanecí en una cama, no me acuerdo de cómo llegué allí. Miré por la ventana y vi que esta daba a un patio central de un edificio de dos plantas. ¡No me lo podía creer!, tanto tiempo espiando desde el otro lado de las puertas de este lugar y ya estaba dentro. Tenía que diseñar un plan de trabajo, y sobre todo tenía que pensar cómo comunicarme con mi jefe para decirle que seguía sus instrucciones, con la esperanza de recuperar su beneplácito. Me fui a levantar del camastro en el que me encontraba y vi cómo tenía mis ropas descolocadas, pero ¿qué había pasado esa noche?, no creo recordar un inicio de Sabbat tan animado, pues a pesar de mi cansancio había intentado compartir las ceremonias tal y como hacían los demás. Años, no, décadas llevaba sin celebrar un Sabbat, y en

