Capitulo 1
Me encuentro en el dormitorio del apartamento, recostada cómodamente en suelo.
Desde aquí paseo mis ojos por toda la habitación, no es muy grande ni muy pequeña, tiene el tamaño perfecto.
En el viví el último ano, en el pude realizar el viaje mas hermoso y gratificante. Cierro los ojos e inspiro profundamente dejando que el aroma a frutas cítricas y violetas de la habitación me transporte a ese momento, aquel en que encontré aquellas cartas las cuales me llevarían a descubrir la historia de Cris y Yana, su hermosa familia, el largo camino que recorrieron, las dificultades y lo perseverantes que debemos ser cuando se ama.
Pero mas que nada quiero que llegue a mi esa imagen, aquella persona que me hizo encontrarme a mi misma, esa persona que a pesar de estar mas rota que yo me lleno el alma con sonrisas, aquel que me salvo de ser mas peligroso «mi y–que viia en zozobra.
Aquel ser que siendo un simple mortal logro salvarme de mi misma.
Capítulo 1
—Si mamá... —le respondí a mi madre— Llegue al complejo universitario hace 6 días. Hoy me llamo cuatro veces, dos menos que ayer lo cual es un gran avance tratándose de ella —ya me he instalado completamente.
—¡Hay cielo! —te extraño tanto.
Ella y yo éramos inseparables y más desde que papá murió. Es algo sobre protectora, aunque debo admitir que yo también la extraño, pero si me permito ponerme triste estos cinco años significarían desbordantes y para tinieblas tengo suficiente con mi pequeño infierno interior.
—Lo sé, solo recuerda que este cambio y necesario y natural, ¿s?—
—Claro que sí, sé que si debe ser solo cuídate mucho Vicky —no puedo evitar rodar los ojos y es como si me viera por él movió —y no me hagas caras, señorita —comienzo a reír sin parar, es algo inevitable en mí.
—Está bien, no se enoje señora Amelie —eso solo la enoja más —Debo colgar, mañana es mi primer día. —comencé hace 3 días y fue muy pesado
—Bien Vicky —generalmente no me gusta que me llamen en diminutivo, ¿Por qué hacerlo?. ¿No pueden simplemente llamarme por el nombre que aparece en mi acta de nacimiento?, de verdad nunca lo entenderé —cuídate y mucha suerte hija. ¡Adiós!
—Adiós mama y gracias —sin más colgué.
Me recosté en el no tan cómodo colchó disfrutando del silencio, no tengo compañero de dormitorio me costó mucho conseguirlo asi, ya que cerca de la universidad todos los apartamentos son compartidos y no tenía ganas de compartir techo con nadie. Solo tengo dos motivos para estar aquí, uno estudiar y el segundo olvidar.
La pena no se quita fácil, lo sé, pero el tiempo la hace un poco más llevadera, pero quiero quitar del todo su acuerdo.
Paseo mis ojos por la habitación, todo se encuentra como mi alma en total penumbras. Aun así recuerdo muy bien donde y como está colocada cada cosa él porta retratos que lleva una foto de mama y mía en la mesa de noche, l cuadro del muelle en la pared izquierda, los adornos de porcelana en los estantes del mueble que se encuentra en la esquina derecha, junto a ellos el portarretratos con la fotografía que nos tomamos mi primo y yo el día en su graduación, aquel día en el que conocí esos ojos color miel, los de él, lo de Alex.
CAMBIO DE LETRA
Estaba junto a mi primo tomándome fotografías y alguien se acercó.
—¡ENHORABUENA QUERIDO AMIGO! —grito abrazando a Max y elevándolo de forma tal que casi caen al suelo. Reina muy animados por el hecho de que al fin mi primo se graduaba.
Poso sus ojos en m esi por una fracción de segundos haciendo un ademán de saludo con la cabeza y musito un «Hola», respondí de igual manera volviendo la atención a mi recién graduado familiar.
—Te veo luego Max, estoy muy orgullosa de ti —exprese sinceramente sabia que le había costado mucho este último año al igual que a todos.
—Y yo pequeña pulga —me abrazo elevándome por los aires —estoy el doble de orgulloso de ti, admiro la voluntad que le has puesto —me baja y deposita un beso en mi coronilla.
Siempre hemos sido muy unidos y los ultimos acontecimientos fueron muy dolorosos debido a la muerte de mí padre y mi estado de ánimo luego de aquello.
Hubo un gran accidente de tránsito, mi padre falleció en el acto mientras que yo desperté dos semanas después en el hospital. Había pasado por cuatro cirugías y múltiples heridas en todo el cuerpo luego de un tiempo volví a casa.
Todo marchaba bien hasta que pasaron seis meses, un día desperté con un vacío y dolor tan grande que llegue a cuestionarme si valía la pena seguir viviendo.
Aquel desconocido nos observaba de manera curiosa —¿No vas presentarme a tu novia?—pregunto y nos echamos a reír.
—No somos novios —afirmo Max—nuestros padres eran buenos amigos, hermanos de hecho así que… Crecimos como primos —me dedico una mirada sincera en lo que me acercaba a él para estrecharme —somos familia, además… ¿Tu crees que saldría con a pulga? —le di un puñetazo en el estomago —y para rematar agresiva
Comenzamos a reír mientras se frotaba el estómago
—En ese caso… ¡Hola!, soy Alexander, pero puedes decirme Alex — tendió su mano y la estreche
—Un placer conocerte Alex, soy Victoria —me dedico una gran y hermosa sonrisa de esas que son capaces de crear y destruir al mismo tiempo.
Luego de ese día cada vez que salía con Max, Alex estaba incluido en el plan, cuando llegaba de visita a su casa el también se encontraba allí, entendía que teñían una gran y larga amistad a pesar de no tener la misma edad, ya que Max era dos años mayores en aquel entonces. Aun así su comportamiento era extraño, y un día me entere por donde venía la cosa mi primo me convenció de aceptar una posible futura invitación de su peculiar amigo, me negué infinidad de veces hasta que un día me gano por cansancio.
Fuimos por una pizza, esa fue nuestra primera cita no fue nada extravagante, pero la sencillez de esta me hizo disfrutar la compañía.
La pase tan bien que acabe aceptando una segunda, y cuando llegamos a la sexta ese día sucedió, el primer contacto.
Estábamos caminando, disfrutando un rico helado de menta y hablando de trivialidades.
—¿De verdad nunca lo has hecho? —el no creía que no me había vuelto a subir a un carrusel luego de caerme de un caballito a los seis años.
—No fue bonito —me defendí —¿sabes lo que duele caer de tracero al duro suelo?—comenzó a carcajear de una manera que se me antojaba hermosa —al menos yo sé pedalear una bicicleta —me burle.
Él me había contado que cuando era pequeño había caído de su bicicleta, le dio miedo y nunca aprendió. Fui muy cruel al burlarme, pero es la ley de la jungla, ¿no?.
—¡No te burles! —exclamo con fingida indignación— es algo muy serio, y si hablamos de habilidades al menos yo sé comer helado sin dejar restos en todo mi rostro —se burló.
—¿Dónde tengo?—pregunte mientras buscaba el rastro de helado con la servilleta que tenía en mi mano, él negó con la cabeza y se aproximó a mí sin dejar de hacerlo.
—Deja te limpio —musito, pasando su dedo en la comisura de mi boca, una vez terminada su tarea permaneció así, muy cerca.
Nunca había contemplado su rostro y la familiaridad de este como en aquel momento sus labios tan suave y llenos, su pequeña nariz respingada, su hermoso cabello castaño, sus increíbles ojos color miel los cuales no se despegaban de mí, tan intensos como nunca. Se acercó a mí hasta que nuestros cuerpos quedaron casi pegados, lo único que nos separaba eran nuestros rostros, paseo su pulgar dulcemente sobre mi mejilla hasta llegar sobre mi labio inferior, dando una caricia suave hacia abajo.
—¿De qué hablábamos?— balbucee torpemente
—Física nuclear —respondió tragando saliva
—¿De verdad? —negó con la cabeza, acortando la distancia
—No, pero es muy interesante —murmuro a la vez que unía nuestros labios.
De un momento a otro dejo caer su cono sin darle tanta importancia aferrando una mano a mi cintura y con la otra acariciando mi mejilla, imite su acción dejando caer mi helado para posar mis manos alrededor de su cuello. El beso era dulcemente intenso, lento pero cargado de necesidad, fluia perfecto. Nos separamos por falta de aire sin despegar nuestras frentes.
—No te das una idea de las semanas que he deseado probarte —confeso dándome un corto beso —sabes a menta
—Y tu ahora sabes a menta con chocolate —reímos y me tomo de las manos mirándome a los ojos con nueva intensidad.
—Sé mi novia —soltó sin más dejándome atónita «¿Qué?» —por favor, di que si —estuve a punto de responder, cuando agrego —puede que Max me amenase, o sin mas me mate, pero, no puedo imaginar un solo dia siendo amigos luego de esto. No soporto la idea de que alguien más pudiera hacerlo —su mirada era sincera, repitio —Se mi novia.
Era muy pronto, hacía solo unos meses que nos conocíamos pero por alguna razón solo asentí.
—¿Si? —sonrío casi desmesuradamente.
—Si…—confirme, me beso y abrazo elevándome del suelo comenzando a dar vueltas.
Pasamos la tarde deambulando tomados de la mano, abrazados o solo correteando y jugando en el parque.
Cayó la noche y debía volver a casa estábamos tan emocionados que fuimos a casa de Max, el debía saberlo de primera.
Alex moría de miedo, pero mi primo lo tomo excelente.
—¡Estoy muy feliz por ustedes chicos! —exclamo con una sonrisa, luego endureció el rostro —pero, si dañas a mi prima o ella derrama una sola lágrima por tu causa, te castro —luego volvió a reír, la cara de Alex no tenía precio.
Luego lo presente con mama, quien aprobó la relación creyó que sería bueno para mí y sí que era.
Así comenzó, llamadas y textos dando las buenas noches y dias, los de él siempre llegaban primero, tardes de paseo, noches de películas, treinta y tres ramos de flores, cincuenta barras de chocolates, cientos de cartas, notas y poemas, miles de besos abrazos y caricias.
Comenzamos a trabajar juntos, y nos graduamos juntos, retrasamos nuestros estudios, nos tomamos un año para reunir dinero suficiente para compartir apartamento cuando bailamos a la universidad.
Cumplió 18 y lo celebramos solos, cumplí 17 y me hizo un intento de pastel.
Llego nuestro primer aniversario, pasamos el fin de semana en la playa, nos amamos por primera vez. No era la primera vez que estuve con alguien pero, se sintió como tal.
Pasaron 6 meses más, llevábamos año y medio juntos, dos navidades, dos fines y comienzo de año, millones de besos, billones de abrazos, trillones de te amo cuando nos entregábamos el uno al otro, una y otra vez. Casi nunca nos separábamos, solo cuando el viajaba por dos o tres días para ver a su familia quienes vivían fuera de la ciudad y su madre estaba enferma.
Todo era simplemente perfecto, disfrutábamos de nuestra dicha hasta aquella noche cuando alguien golpeo a mi puerta.
Estábamos juntos en casa como era de costumbre peleábamos entre risas por quien haría las palomitas para el una película cuando tocaron, me apresure y al abrir la puerta me encontré con una chica para en el umbral de mi puerta, estaba pálida con unas tenues bolsas oscuras bajo sus ojos las cuales estaban inflamadas de llorar. O así lo supuse.
—Hola —la desconocida en la puerta me inspecciono con la mirada de arriba abajo —¿puedo ayudarte en algo?— pregunté un tanto incómoda a causa de su escrutinio, lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas, pero su rostro se mantenía inexpresivo —¿Te encuentra bien?
Me preocupo su aspecto, parecía que se desmoronaría ahí mismo.
—¿Esta Alex aquí? —fruncí el seno ante su pregunta, luego pensé en su madre tal vez era un familiar y traía la noticia de que su mamá había empeorado, eso explicaría su estado.
—¿Se trata de su madre?, ¿Ella está bien? —sonrió amargamente.
—Eres muy bonita y… buena, no mereces esto —respondió — llámalo por favor necesitas saberlo.
Lo, llame. Salió de la cocina limpiándose las manos, pero al verla paro en seco.
—Liz…— murmuro —¿Qué haces aquí? —tartamudeo y los mire de hito a hito.
—vine para decirle… es hora Alexander —«¿qué», el fijo sus ojos en mí, cuando Liz agrego — lo has llevado muy lejos, se lo dices tú o yo lo haré.
Lo entendí, y lo entendí horrorosamente el doble cuando supe que Liz era su pareja de años, el posaba la mayor parte del tiempo conmigo y con ella las veces que viajaba.
A ella le dijo que estaba cursando los estudios universitarios aquí, y a mí que viaja a ver a su madre enferma.
Pero la verdad de como inicio toda esta red de mentiras y engaños era mil veces mas horrorosa.
Me alejé, el volvió muchas veces a buscarme a pesar de que mas de una vez dije que ya no lo amaba. Un día las cosas se salieron de control mi primo se encontraba en casa cuando Alex apareció, le grite entre lágrimas que desapareciera, con rabia rogué que vaya, me tomo fuerte de los brazos e intento acércame al él, Max cumplió con su palabra le dio una paliza enviandolo al hospital, a él lo arrestaron , paso tres días en una celda y Alex tres días en el hospital, pero su familia retiro los cargos.
Luego de muchos intentos fallidos de convencerme de que no fue mi culpa, me encerré en mi misma, caí en un pozo depresivo, me lastime a mi misma parando en el hospital. Mi familia principalmente mi madre sufrió mucho, no me perdone hacerla pasar por aquello otra vez.
Debía alejarme, me inscribe en una universidad en la provincia vecina, no era necesario, ya que tenía dos años de trabajo ahorrados en el banco, y dirigía con mi madre la agencia de turismo que mi padre nos dejó y podría pagar la universidad, pero esas lejos me haría bien.
Alex apareció en casa cuando me iba rogando que lo escuchase, lo hice, prometió muchas cosas me limite a negar con la cabeza.
—Vicky, por favor…
—Mi nombre es Victoria —respondí secamente— ya no siento más nada, ni siquiera puedo odiarte porque el odio es un sentimiento. No quiero volver a verte.
Me giro hacia el otro lado de la cama dejando caer una lágrima, con sus mentiras se llevó todo lo bueno que quedaba en mí, y a pesar del tiempo es lo último en lo que pienso antes de dormir.
Me he permitido amar a solo dos hombres en mi vida, y uno me culpa de la muerte del otro.
* * *
Aelanto cap. 2
«Si alguien me hubiera advertido sobre los acontecimientos que se desarrollarían luego de esa presentación, no lo creería».