Sábado, 31 de Julio de 2004. Pasado. En alguna parte del país del Obsiditlant, afuera de la turística llamada «Cara.» El reloj en la pared de esa nefasta pareja de casados marcaba las seis en punto de la mañana. Todavía no había salido el sol, y la oscuridad seguía cubriendo las frías y húmedas calles del pueblo de Bloodville. El rocío de la madrugada se posaba suavemente sobre las hojas de los árboles, y el silencio de la noche se alejaba discretamente para darle paso al bullicio de un nuevo día para la familia Gore. La mujer de aquella decadente pareja de casados, quien se llamaba Dolores, se despertó enseguida que los rayos del sol comenzaron levemente a colarse por su ventana para deslumbrarle el rostro. Dolores torció el gesto ante ser alumbrada por los intensos, pero suaves rayos
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