Cuando ese grupo de muñecos de paja volvieron a cobrar vida por la luna llena de esa caótica noche, decidieron hacer pagar a todos los vivos. Asesinándolos para que ellos también estuviesen en el otro mundo, justo lo que tenían pensado hacer ese grupo de espantapájaros que se llevó a rastras a la madre de los Tybur hacia el cementerio Perla. La violenta tormenta caía sobre el desnudo y pálido cuerpo de Isabella Tybur, y la mujer desde que la habían sacado por los pelos de su casa. No había dejado de luchar para que la soltasen, pero al final observó con terror cómo era llevada hacia la guarida de los muñecos del diablo, puesto que ese gran ejercito de paja estaba saliendo de ahí. Al llegar al campo Santo y cruzar por el portón n***o, la mujer sintió un enorme escalofrío recorrerle el cue

