ZAYN Mierda La palabra me explota en la garganta como una piedra que no pude tragar. Estoy medio dormido —o eso creía—, con Amaya encima mío, su calor pegado al mío, su respiración ya más lenta, casi un ronroneo. Tres semanas. Tres semanas en Suiza que se sienten como un huracán domesticado: nieve afuera, sexo adentro, risas, cuchillos que no se usan, caricias que son armas y abrigo a la vez. Tres semanas que no han dado tregua a nada: a dormir, a comer bien, a pensar con calma. Y ahora, en medio de la calma aparente, algo hace clic. No es un pensamiento amable. Es un puto flash que te parte el pecho: en todo este tiempo, ni una sola vez me he protegido. Lo repito en la cabeza como si fuera a convencerme de que estoy soñando: ni una sola vez. No con condón. No con nada que me haya dete

