AMAYA Tres semanas en Suiza. Tres semanas que se me pasaron como si hubieran sido tres días, pero con la intensidad de tres vidas. Hay algo en esta casa, en la nieve detrás de las ventanas, en las risas que escuchamos desde el piso de abajo, que me recuerda todo el tiempo que estamos robando horas, que este presente es un préstamo que tenemos que exprimir hasta el último segundo. Y nosotros lo exprimimos. Cada noche. Cada hueco de silencio. Cada mirada que dura demasiado y termina en la cama. Esa noche no fue distinta. O sí, porque nada se repite igual cuando él me toca. Zayn me tenía contra la cama, con el peso justo de su cuerpo aplastando mis dudas, cubriéndome como un escudo. Sus labios me buscaban con hambre y delicadeza a la vez, esa mezcla que me enciende porque nunca sé si quier

