Fue como si alguien me hubiera golpeado en el estómago con un puño invisible. Un dolor agudo, seco, que me cortó la respiración. Mis músculos se tensaron, un espasmo me recorrió de pies a cabeza y me arqueé sin control. —Amaya… —la voz de Zayn se quebró. Las náuseas me atacaron sin aviso. Un impulso brutal, irrefrenable. Apenas tuve tiempo de apartarme, de salir de su abrazo, de tropezar hacia el baño sin pensar siquiera en que seguía desnuda. El frío de las baldosas bajo mis pies apenas me importó. Abrí la tapa del retrete justo a tiempo para inclinarme y vomitar con todo el cuerpo, como si me estuviera vaciando de golpe. El sonido me hizo estremecer de vergüenza y dolor. Las manos me temblaban contra la porcelana. El cabello me caía enredado sobre el rostro y los ojos me ardían. Sentí

