No tenerlo significa proteger mis planes y perder algo que no sé si ya empecé a imaginar. En las dos opciones me veo cambiando de piel. En las dos pierdo y gano cosas distintas. Qué palabra más antigua y sospechosa: “opciones”. Suena a catálogo y yo estoy pensando en latidos. La enfermera me llamó hace media hora para sacarme sangre. Me sonrió con una laboriosidad alegre: “puñito cerrado, corazón”, y pinchó con una destreza que me hizo admirarla y odiarla a la vez. Me dijo que tardarían poco. No me dijo cuánto es “poco” en lenguaje de clínica. —¿Quieres que veamos algo tonto en el teléfono? —propone Zayn—. Videos de gatos que se caen de sofás. O pingüinos karatecas. Cualquier cosa que me haga parecer un adulto responsable. —No quiero distraerme —respondo—. Quiero estar nerviosa hasta

