ZAYN Estaba en su cuarto, medio vestido, con el pantalón a medio subir y el cinturón colgando, cuando la vi salir del clóset con solo un top minúsculo y una tanga que parecía bordada sobre su piel. Mi cerebro registró muchas cosas en ese instante: el cabello aún húmedo cayendo por su espalda, las gotitas que bajaban por su vientre plano, el contraste salvaje entre la tela negra y su piel… Pero lo único que sentí fue una palabra martillándome la mente: joder. Ella sonrió al verme mirarla así. Esa sonrisa que usa cuando sabe que está jugando con fuego y aún así se lanza al centro del incendio. —¿Y esa cara, señor? —Esa cara es mi última neurona gritando por ayuda —le respondí, todavía sin parpadear. Amaya se rio, ligera, caminando hasta su tocador para ponerse aretes. Ese movimient

