—Eso no suena a queja. —Tú cállate y vístete. Y así lo hice. Pero con una sonrisa de idiota en la cara. Porque no había forma de disimularlo. Con Amaya… me sentía vivo. AMAYA El sonido metálico de los guantes golpeando los sacos de arena, las voces agudas apostando por sus favoritos y el olor a sudor, humo y victoria flotaban en el aire. Estábamos en las peleas. Todos en el grupo gritaban, reían, se burlaban unos de otros. Todo parecía normal desde afuera. Excepto por él. Zayn estaba al otro lado del ring, con los brazos cruzados, con esa camiseta negra pegada al pecho que lo hacía parecer más peligroso de lo que ya era. Me miraba como si el resto del mundo no existiera. Como si le diera igual quién ganara la siguiente pelea. Como si sólo quisiera ganar una cosa. A mí. Y maldita

